Jude Law, reconocido por su trabajo como actor y productor, se embarca en una nueva serie titulada Black Rabbit ambientada en la Nueva York de finales de los años noventa y principios de los 2000.
Según explicó el propio actor en una entrevista con la SAG-AFTRA Foundation, su implicación surgió tras una colaboración previa con los guionistas Zach Baylin y Kate Susman.
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“Fue una relación creativa y colaborativa desde el principio. Ellos son personas cálidas e interesantes, y pensé que sería estupendo hacer algo más juntos”, recordó al narrar el origen del proyecto a la entrrevistadora, Sara Vilkomerson.
Producción, reparto y dirección: el motor colectivo de la serie
El actor destacó que su socio productor, Ben Jackson, detectó el potencial de la historia y lo animó a sumarse como productor y como uno de los hermanos protagonistas.
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“Me encanta producir porque supone empoderar y nutrir la visión de otros. Es convertir una idea en algo real”, afirmó Law, subrayando el carácter colectivo del proceso creativo.
La incorporación de Jason Bateman como compañero de reparto y director fue una decisión inspirada en el tono de la serie Ozark. “Pensamos que Jason sería perfecto y, por suerte, a él también le gustó la idea. Tiene esa capacidad mágica como actor de que, aunque haga cosas terribles, el público lo perdona y lo quiere”, comentó el actor de 52 años.
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Proceso creativo y construcción de personajes
Law encontró un paralelismo entre el personaje de Jake, al que interpreta, y su papel como productor. “Había una especie de similitud en las responsabilidades de Jake y mi rol detrás de cámara. El ADN del personaje y mi función como productor se encontraban ahí”, explicó.
Jake representa la fachada de éxito que oculta un torbellino interno, fenómeno que, según Law, también definía la atmósfera de los clubes nocturnos de la época: “Muchos de esos lugares, aunque parecían glamorosos, tenían un lado oscuro: arrestos, suicidios, bancarrotas. Eso está encarnado en Jake”.
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La relación fraternal entre Law y Bateman nació de una intensa colaboración durante la fase de desarrollo de los guiones. Aunque se conocieron en persona apenas dos semanas antes del rodaje, mantuvieron una comunicación constante por Zoom, escribiendo y compartiendo ideas.
Mientras Bateman prefiere la espontaneidad en el set, Law opta por una preparación exhaustiva, investigando detalles como la calle donde nació su personaje para brindarle autenticidad.
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Autenticidad neoyorquina y música como esencia de la serie
La ambientación en Nueva York fue clave para todo el equipo. El actor británico subrayó la importancia de filmar en localizaciones reales para captar la energía genuina de la ciudad: “Nueva York es casi otro personaje en la serie".

También puntualizó que “queríamos mostrar la energía auténtica de la ciudad. Filmar en sus calles supone desafíos debido a los altos costos y permisos necesarios, pero la recompensa es mucho mayor. La profundidad de campo y el detalle que se obtiene son extraordinarios”.
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El club ficticio The Rabbit, situado en Water Street, resultó tan convincente que confesó sentir deseos de quedarse después de rodar en un bar que, en realidad, no existía.
La música forma parte central del relato. Law participó en la creación de la banda ficticia The Black Rabbits, cuyo repertorio fue compuesto por Albert Hammond Jr., de The Strokes.
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“Grabamos los temas y fue una experiencia muy expuesta. Incluso si crees que puedes cantar, cuando te escuchas en el estudio es implacable. Albert me guió en todo el proceso”, relató, describiendo el esfuerzo realizado para recrear la estética sonora de la época.
El equipo artístico incluye a figuras destacadas, como Laura Linney, quien dirige varios episodios, así como Ben Simmonoff y Justin Kazel. El reparto suma a Troy Kotsur, ganador del Oscar, en el papel de un temido prestamista con un lenguaje de señas propio.
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El trasfondo de la serie se centra en la familia y la complejidad de los lazos fraternales. Law reveló que existe un trauma compartido entre los hermanos, que se desvela solo al final, y que este vínculo exige una lealtad inquebrantable.
“La pregunta es hasta dónde puede llegar Jake para perdonar a su hermano, cuánto puede soportar antes de poner límites. Es una relación marcada por la intimidad, el conflicto y el amor, un terreno fértil para el estudio de personajes”, reflexionó.
A pesar de las contradicciones y dificultades, Law considera que la entrega y la pureza del vínculo fraternal en la serie representan una forma de belleza genuina.
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