Consolidada como una de las actrices más reconocidas de su generación, Emily Blunt dejó en claro que su pasión por los personajes exigentes es el motor que impulsa su carrera. En una entrevista exclusiva para la portada de ELLE Magazine, Blunt confesó: “Solo quiero que alguien me lleve al límite”.
Esta declaración resumió una filosofía de trabajo que la llevó a buscar papeles que desafíen sus límites, tanto emocionales como físicos, y a construir una trayectoria marcada por la diversidad y la profundidad interpretativa.

Inicios con primeros desafíos actorales
El primer gran desafío de Blunt surgió a los 19 años, durante el rodaje de “My Summer of Love” bajo la dirección de Paweł Pawlikowski. Sin formación actoral académica y con un guion completamente improvisado, la experiencia resultó tan intimidante como formativa. “Paweł me enseñó mucho sobre la ambigüedad y la espontaneidad, algo que al principio me aterraba”, relató Blunt.
El director la impulsó a explorar emociones intensas incluso en la audición, obligándola a salir de su zona de confort. Con respecto a ello, explicó: “No me dio otra opción más que lanzarme al fuego”.
A pesar del miedo inicial, aquella vivencia le dio la certeza de que el riesgo es un atractivo fundamental de la actuación: “Aprendí que puedes hacer cosas realmente aterradoras, puedes crear, cambiar los diálogos y moldear una escena”.

Salto a la fama y la ruptura de estereotipos
La verdadera transformación en su carrera ocurrió con la película “El diablo viste a la moda” (2006). Ella reconoció que esa interpretación modificó el rumbo de su vida artística y la ayudó a superar el estereotipo de actriz británica encasillada en dramas de época. “Dejó la puerta abierta para que la gente me viera como algo más que una chica de dramas de época británicos”, afirmó.
Debido a esto, el cineasta David Frankel confió en su potencial cuando aún era poco conocida, un gesto que para Blunt resultó vital. Su papel como Emily Charlton, le permitió acceder a roles más complejos y variados. Ante esto, mencionó: “Pavimentó el camino para papeles de carácter, que era todo lo que yo quería. No quería ser una ingenua y tenía curiosidad por explorar todo un repertorio de trucos”.

Diversidad de papeles y elección consciente de retos
Desde su ascenso, protagonizó películas tan disímiles como la cinta de acción “Edge of Tomorrow” junto a Tom Cruise, el drama “Sicario” y éxitos recientes como Oppenheimer, donde obtuvo su primera nominación al Oscar.
Esta variedad no es producto del azar, sino de una decisión calculada. “Elegir una variedad de personajes y géneros fue muy, muy, muy intencional. Es lo único que puedo controlar”, declaró. Para la intérprete, la única certeza es decidir qué retos aceptar, ya que todo lo demás —el éxito en taquilla o la dinámica del rodaje— siempre es incierto.
En The Smashing Machine, su proyecto más reciente, Blunt encarna a Dawn, la pareja del luchador de MMA Mark Kerr (interpretado por Dwayne Johnson). La transformación fue total, implicando cambios físicos y emocionales. Con respecto a ello, relató: “Fue muy nuevo y transformador para mí, y todo empezó con las uñas y luego el bronceado”.

Método de preparación con entrega emocional
Para cada personaje, adopta un proceso de preparación riguroso y solitario: alquila un espacio donde pasa horas leyendo el guion, escuchando música y practicando en voz alta hasta descubrir la voz y la esencia del papel.
“Esperas a ser poseída de alguna manera, lo que puede llevarme tiempo”, señaló. Aunque reconoció la exigencia de estos procesos de transformación, también sostuvo que le resultan irresistibles: “Eso es lo que me llama. Solo quiero que alguien me lleve al límite”.
El final de cada rodaje suele ser muy emotivo para Blunt. Debido a esto, compartió: “Todavía lloro al terminar la mayoría de los trabajos. Cuando te despiden, no esperes que haga un gran discurso, me desbordo. No puedo hablar y luego necesito mirar una pared durante una semana”.
Reflexiones sobre la industria y rol de la mujer en Hollywood
La actriz no esquiva las dificultades inherentes a ser mujer en Hollywood. “El escrutinio constante es, sin duda, la peor parte”, admitió, explicando que, aunque procura mantenerse ajena a las críticas, estas son difíciles de evitar.
Blunt aconseja no buscarse en internet para no ser víctima de comentarios negativos. Frente a eso, rescata el compañerismo del entorno artístico: “La mejor parte es esta comunidad: personas tan abstractas, salvajes y alegres, los creativos”.

Blunt aprendió a valorar la autonomía y a la capacidad de rechazar proyectos. “Ojalá hubiera sabido que ‘no’ puede ser una frase completa”, reflexionó. Considera fundamental no complacerse siempre ni aceptar cada propuesta por miedo a perder oportunidades profesionales.
Respecto al legado de “El diablo viste de Prada”, la artista cree que su actualidad perdura porque “es una experiencia deliciosa y lo entiende”, y por el enfoque profundo de sus personajes. La película, según ella, logró dotar de contenido a un universo que podría parecer superficial y mostró una visión poderosa de la ambición femenina a través del personaje de Miranda Priestly.
Filosofía personal y metas a futuro
La actriz incorporó un mantra simple pero eficaz: “¿Es el fin del mundo o no es para tanto?”. Esta pregunta le permite relativizar dificultades tanto en el plano profesional como familiar.
Sobre sus metas, expresó su propósito de trabajar durante muchos años más, manteniendo la apertura a la incertidumbre. “Ese equilibrio entre una vida personal estable y una carrera impredecible me anima a seguir creciendo”, compartió.
La actriz considera que la combinación de estabilidad y aventura es la clave que le permite mantener la pasión y la curiosidad en cada nueva etapa de su vida profesional. Emily Blunt sigue siendo un referente por su compromiso, versatilidad y capacidad para elegir caminos auténticos en cada desafío que asume.
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