El nuevo documental de Netflix Cuerpos de TV: La realidad de The Biggest Loser (Fit for TV: The Reality of the Biggest Loser), estrenado el 15 de agosto, ha vuelto a poner en debate el legado de uno de los realities más polémicos de la televisión estadounidense.
La producción revisita la historia del programa, que durante más de una década convirtió la pérdida extrema de peso en espectáculo televisivo y rescata algunos de sus momentos más controversiales, entre ellos el caso de Rachel Frederickson, la ganadora de 2014 cuya transformación generó admiración y alarma por igual.
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The Biggest Loser debutó en NBC en 2004 y se mantuvo al aire durante 18 temporadas, hasta 2016, con un breve regreso en 2020 en la cadena USA Network.
El programa reunía a personas con obesidad que competían por perder la mayor cantidad de peso posible, bajo una estricta rutina de ejercicio y dieta, con la promesa de un premio en efectivo de 250.000 dólares para el ganador.
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En sus años de mayor popularidad, fue considerado un fenómeno televisivo global, con versiones en distintos países y millones de espectadores en Estados Unidos. Sin embargo, detrás de las escenas empezaban a surgir denuncias sobre los métodos empleados.
Según recopila el documental, algunos exconcursantes aseguraron que se les imponían dietas de apenas 800 calorías diarias mientras se ejercitaban hasta ocho horas al día, prácticas que muchos especialistas calificaron de insostenibles y peligrosas.
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Rachel Frederickson, la campeona que sorprendió al mundo
El caso más recordado es el de Rachel Frederickson, quien en 2014 impactó al público tras perder 155 libras (70 kilos) durante su paso por el programa. La joven, que al inicio de la competencia pesaba 260 libras (118 kilos), llegó a la final con apenas 105 libras (47,6 kilos), es decir, una reducción del 56% de su peso corporal.
Frederickson relató en un ensayo publicado en Today que su aumento de peso se dio tras mudarse a Alemania por amor, donde sufrió aislamiento y soledad mientras trabajaba como actriz de voz.
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“Pasaba la mayor parte de mis días sola en mi estudio vocal. Amaba mi trabajo, pero odiaba la soledad. Decidí empezar a luchar por mí misma de nuevo”, escribió.
Para lograr su transformación, contó a People en ese entonces, siguió una dieta de 1.600 calorías diarias y realizaba de tres a cuatro clases de ejercicio al día, como spinning y zumba.
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El resultado le permitió alzarse con el premio mayor, pero también desató un debate: ¿había adelgazado demasiado?
La polémica estalló en redes sociales cuando se difundieron sus imágenes en la final. Muchos espectadores consideraron que estaba “peligrosamente delgada”.
Incluso los entrenadores Bob Harper y Jillian Michaels confesaron estar “horrorizados” al verla reaparecer.

Michaels, en una entrevista posterior, admitió que ella se veía “poco saludable” y que al momento de verla, decidió “renunciar de forma definitiva” al show.
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La propia Frederickson, que entonces tenía 24 años, defendió su logro en aquel entonces: “Cuando estuve en el escenario de la final en vivo, nunca me había sentido más fuerte. Había cumplido todo lo que me propuse y estaba muy orgullosa de mí misma”.
Sin embargo, reconoció que los comentarios posteriores la afectaron: “La gente intentó derribarme y, en privado, lo consiguió”.
Hoy, a los 35 años, Rachel Frederickson vive en perfil bajo y lejos del mundo del espectáculo. También abandonó la actuación de voz y en 2015 emprendió un pequeño negocio de camisetas, reveló el Daily Mail.
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Más tarde, retomó sus estudios y en 2020 se graduó en Logística y Gestión de la Cadena de Suministro en la Universidad de Minnesota.
Actualmente trabaja como gerente de análisis e insights de consumidores en Land O’Lakes, según su perfil en LinkedIn. No está activa en redes sociales.
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Cuerpos de TV: La realidad de The Biggest Loser, disponible actualmente en Netflix, recoge testimonios de exconcursantes, productores y entrenadores que cuestionan el enfoque del reality.
Joelle Gwynn, participante de la temporada 7, criticó que el programa explotara estereotipos y se incentivara un tono de burla hacia sus cuerpos.
El entrenador Bob Harper confesó que los productores alentaban los momentos más extremos: “Querían que vomitaran, querían la locura de todo eso… eso era buena televisión”.
La docuserie además explora la investigación médica sobre las supuestas consecuencias físicas y secuelas en los participantes del show.
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