
Pasaron seis décadas desde que The Doors irrumpieron en la escena musical de Los Ángeles, llevando a sus seguidores —y a ellos mismos— por un viaje de experimentación, excesos y misterio...
Para celebrar el aniversario, se anunciaron varios proyectos conmemorativos: un box set de estudio, un álbum en vivo, exhibiciones en museos y el libro Night Divides The Day, que recopila entrevistas con los miembros sobrevivientes, material inédito de Jim Morrison y Ray Manzarek, y reflexiones de músicos como Slash, Van Morrison y Krist Novoselic.
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Pero más allá de los homenajes, sigue presente la gran pregunta: ¿qué hizo de The Doors un fenómeno inmortal?
El origen de la magia
Todo comenzó en 1965 en Venice Beach, cuando Jim Morrison y Ray Manzarek, ambos estudiantes de cine en UCLA, decidieron formar una banda.
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Morrison, quien hasta entonces no había cantado en público, sorprendió a Manzarek con su talento lírico. “Era un novato, pero sus palabras tenían ritmo. Pensé: ‘¡Maldita sea! ¡Poesía y rock and roll! Estoy dentro’”, recuerda el baterista John Densmore entrevistado por la revista Classic Rock.
Pronto se unieron Robby Krieger en la guitarra y Densmore en la batería. El grupo se consolidó en pequeños clubes de Sunset Strip como el London Fog y el Whisky A Go Go, donde Morrison pasó de ser un intérprete tímido a un verdadero chamán del escenario.
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“Había noches en que nadie sabía qué demonios iba a hacer Jim. Eso era parte del riesgo y de la emoción de verlo en vivo”, admitió Densmore.
El gran salto: de los clubes a la cima
En 1966, The Doors firmaron con Elektra Records y grabaron su primer álbum homónimo. Light My Fire, uno de los temas más emblemáticos del disco, fue inicialmente una pieza de tres minutos, pero en el estudio evolucionó a una versión extendida con solos de guitarra y teclado.
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La canción fue recortada para la radio y se convirtió en un éxito inmediato, alcanzando el número uno en EE.UU. en julio de 1967.
Ese mismo año, la banda actuó en The Ed Sullivan Show, donde Morrison desafió la censura televisiva al negarse a cambiar la palabra “higher” en la letra de Light My Fire, a pesar de las advertencias de los productores. “Eso nos marcó como rebeldes”, recordó Krieger.
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Psicodelia y autodestrucción
Para finales de los 60, el LSD era parte del ADN del rock psicodélico, y The Doors no fueron la excepción.
“El ácido nos abrió la mente, pero en Jim provocó algo más intenso. Decía que lo llevaba a vidas pasadas”, relata Krieger.
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Morrison, cada vez más errático, comenzó a depender del alcohol, lo que afectó las sesiones de grabación y las presentaciones en vivo.
En 1969, el concierto en Miami marcó un punto de quiebre. Morrison, visiblemente ebrio, provocó a la audiencia con discursos incendiarios. Aunque nunca se comprobó que se desnudara en el escenario, fue arrestado por conducta indecente y el escándalo limitó las oportunidades de la banda para tocar en vivo.
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A pesar de las controversias, The Doors siguieron produciendo música. En 1970 lanzaron Morrison Hotel, un regreso a sus raíces de blues, y en 1971 publicaron L.A. Woman, su último disco con Morrison, donde destacan temas como Riders on the Storm.
Durante las grabaciones, el cantante parecía desgastado. “Sabíamos que algo estaba cambiando, pero no que sería el final”, confesó Densmore.
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Poco después, Morrison decidió mudarse a París con su pareja, Pamela Courson. Buscaba alejarse de la fama y dedicarse a la poesía. El 3 de julio de 1971, fue encontrado muerto en la bañera de su apartamento. Tenía 27 años.
Un legado que sigue vivo

Tras su muerte, la banda intentó seguir adelante con dos álbumes sin Morrison (Other Voices y Full Circle), pero el vacío era insustituible. En 1978, publicaron An American Prayer, un experimento que musicalizaba grabaciones poéticas del cantante.
Con el tiempo, la figura de The Doors se convirtió en un símbolo de rebeldía y exploración artística. En los 90, la película de Oliver Stone revitalizó el interés por la banda, y en 2021, Krieger publicó su libro Set The Night On Fire, donde desmitifica algunos episodios de la historia del grupo.
Hoy, Krieger y Densmore siguen rindiendo homenaje a su legado. Ambos visitan la tumba de Morrison en París cuando pueden.
“A veces me pregunto cómo habría sido nuestra música si Jim hubiera vivido más tiempo. Pero ese era el espíritu de The Doors: la sorpresa constante, incluso para nosotros”, reflexionó Krieger.
Seis décadas después, The Doors siguen abriendo puertas a nuevas generaciones.
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