
El reciente aumento de reportes sobre “retumbos” en la capital ha puesto en evidencia que San Salvador se asienta sobre “tierra blanca joven”, una condición geológica que incrementa el riesgo sísmico en la región, según explicaron especialistas de la Universidad de El Salvador (UES).
Los expertos advirtieron que la capital se ubica en una de las zonas más activas del país, donde los terremotos son frecuentes y en ocasiones devastadores.
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En declaraciones recogidas durante el programa de entrevistas Frente a Frente, Miguel Hernández, coordinador de la carrera de Ingeniería Geológica de la UES, y Luis Castillo, coordinador del Departamento de Geofísica de la misma universidad, abordaron la preocupación generada entre la población capitalina por los ruidos subterráneos que se han reportado en diferentes sectores, especialmente en las cercanías del cerro San Jacinto.
“Doy fe que es real”: los retumbos inquietan a la capital
Las denuncias sobre estos “retumbos” no son nuevas en la zona metropolitana de San Salvador. Para Hernández, los testimonios ciudadanos tienen sustento.
“Yo doy fe que eso es real. Yo viví por un tiempo cercano al cerro San Jacinto y posterior a los terremotos del 13 de enero y el 13 de febrero de 2001, quedó retumbando el cerro. Por la noche y por el día sentíamos los retumbos, algunos muy graves, como que arrastran un sillón grande o como apagar un motor debajo de la tierra”, relató el geólogo.
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Castillo subrayó que la explicación de estos fenómenos requiere una investigación científica profunda. “Estos fenómenos son multicausales y no se puede establecer un modelo sin una investigación metódica. La estructura geológica de la capital es muy dinámica e inestable por naturaleza”, afirmó el coordinador de Geofísica. por lo que las autoridades sostienen la necesidad de

El papel de la tierra blanca joven en el riesgo sísmico
El área metropolitana de San Salvador y buena parte de la zona central están cubiertas por tierra blanca joven, un material sedimentario originado por la erupción del Ilopango en el siglo VI. Hernández explicó que este tipo de suelo funciona como un elemento amplificador de las ondas sísmicas, lo que agrava el impacto de cualquier movimiento telúrico. “La tierra blanca joven amplifica las ondas sísmicas y esa es una cuestión que hay que tomar en cuenta en nuestro entorno”, expuso el especialista.
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Castillo complementó que la complejidad tectónica de la región, sumada a la presencia de diferentes materiales volcánicos, hace que cada sector responda de manera distinta ante un sismo. “Hay episodios eruptivos de distintos volcanes, y cada uno de esos materiales tiene una respuesta sísmica diferente. Lo que llega a la superficie es una suma de todas esas interacciones”, detalló.
Sismicidad frecuente y diversidad de causas
San Salvador se encuentra en el denominado “Valle de las Hamacas”, una región donde se producen en promedio unos 20 terremotos de intensidad media al año, con eventos históricos que han alcanzado intensidades catastróficas. Según los expertos de la UES, la capital está atravesada por una zona de falla superficial con hipocentros cercanos a los 10 kilómetros de profundidad, lo que la expone a temblores de origen tectónico y volcánico.
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Sobre el origen de los ruidos reportados, ambos especialistas coincidieron en que pueden obedecer tanto a causas naturales como humanas. “La fuente de estos retumbos puede ser diversa: movimientos internos de la corteza, fricción entre bloques, micro sismicidad superficial o incluso actividades humanas como explosiones en canteras”, indicó Hernández.
Castillo añadió que la extracción de materiales y la erosión en zonas como San Jacinto también generan inestabilidad en la estructura volcánica.

Monitoreo y estudios en desarrollo
Los especialistas de la UES señalaron la importancia de utilizar tecnología de monitoreo sísmico para comprender mejor la dinámica del subsuelo capitalino. Castillo mencionó que se están empleando metodologías para analizar la vibración del suelo, lo que permitirá identificar las zonas con mayor vulnerabilidad estructural.
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“Estamos implementando un programa para llevar estos estudios al área metropolitana de San Salvador y a las principales ciudades que han presentado daños por sismos históricos”, declaró.
Ambos expertos recalcaron la necesidad de mantener la observación científica permanente, ante la certeza de vivir en una región de alta actividad sísmica.
“Vivimos en una zona sumamente compleja sísmicamente… alguien nos preguntaba si esto podría ser premonitorio de un terremoto, pero nadie puede saber cuándo ocurrirá”, enfatizó Castillo.
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