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San Óscar Romero: El legado de un nacimiento que sigue caminando en El Salvador

Desde las tierras altas de Ciudad Barrios hasta los altares del Vaticano, el natalicio de San Óscar Arnulfo Romero representa uno de los hitos teológicos y sociales más significativos de América Latina

Marcó un compromiso profundo con la justicia social. (Foto de archivo)
Marcó un compromiso profundo con la justicia social. (Foto de archivo)
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El 15 de agosto de 1917, en el pueblo montañoso de Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, nació Óscar Arnulfo Romero. En aquel El Salvador de principios del siglo XX, marcado por la exclusión rural y la brecha social, la llegada al mundo del pequeño Óscar en una familia modesta parecía una historia destinada al anonimato.

Sin embargo, su nacimiento coincidió con la festividad litúrgica de la Asunción de la Virgen María, una intersección entre el calendario pastoral y la vida cotidiana que, con los años, la fe popular releería como un signo de esperanza.

Aquel niño que aprendió el oficio de la carpintería y creció entre las dinámicas sencillas de su comunidad inició un camino sacerdotal que lo llevaría desde el seminario local hasta las aulas de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma.

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Tras su regreso al país en 1943 y un constante ascenso dentro de la jerarquía eclesial, fue nombrado arzobispo de San Salvador en 1977. En medio del convulso panorama que antecedió a la guerra civil salvadoreña, Romero transformó su voz en un faro en defensa de los derechos humanos y los sectores más vulnerables, asumiendo una opción por los pobres que lo convirtió en “la voz de los sin voz”.

Sin embargo, el compromiso del arzobispo con la verdad y la justicia tuvo su desenlace trágico el 24 de marzo de 1980, cuando fue asesinado mientras celebraba la santa misa en la capilla del Hospital Divina Providencia. No obstante, el impacto de su palabra trascendió el martirio.

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Giovanni Montini  y Monseñor Óscar Romero
Giovanni Montini y Monseñor Óscar Romero

Tras décadas de memoria viva en el tejido social y eclesial, el papa Francisco reconoció oficialmente su martirio en 2015 y presidió su canonización en la Plaza de San Pedro el 14 de octubre de 2018.

La proclamación de San Óscar Romero resignificó de manera definitiva el valor de su origen. Su natalicio dejó de ser únicamente un dato de archivo para consolidarse como una efeméride donde confluyen la teología, la identidad nacional y la veneración popular. En su natal Ciudad Barrios, cada 15 de agosto se entrelazan las fiestas patronales con el recuerdo del hijo ilustre que llevó la voz de El Salvador al escenario global.

El Camino de San Romero: 160 kilómetros de fe y memoria

En la actualidad, la memoria del santo no solo se conserva en los libros de historia o en las homilías, sino que se camina. Como un tributo vivo a su legado, cada agosto se realiza el “Camino de San Romero”, una peregrinación de aproximadamente 160 kilómetros organizada por la Fundación Monseñor Romero que conecta la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, donde reposan sus restos, con las tierras altas de Ciudad Barrios.

La novena edición de esta caminata, desarrollada bajo el lema “San Óscar Romero vive y camina con su pueblo”, reunió a cientos de fieles, comunidades parroquiales, jóvenes, familias y religiosos. La travesía inicia de madrugada con una misa de envío en la cripta capitalina, presidida por el arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar Alas.

Fieles participaron en una vigilia con farolitos durante la peregrinación en honor a San Óscar Arnulfo Romero, camino a Ciudad Barrios (Cortesía: Vatican News).
Fieles participaron en una vigilia con farolitos durante la peregrinación en honor a San Óscar Arnulfo Romero, camino a Ciudad Barrios (Cortesía: Vatican News).

A partir de ese punto, los peregrinos avanzan alternando tramos a pie y traslados por carretera hacia el oriente salvadoreño, atravesando municipios como Moncagua y Chapeltique.

A lo largo del trayecto, los caminantes portan cruces, imágenes del santo, pañuelos y mochilas, sumándose de forma continua en distintos puntos de la ruta. En la víspera de la llegada a Ciudad Barrios, la tradición se torna luz con el encendido de farolitos de cartón al caer la tarde, marcando momentos de oración y convivencia comunitaria.

El pueblo salvadoreño mantiene una tradición que reafirma que el nacimiento de San Óscar Romero, ocurrido hace más de un siglo, continúa siendo un símbolo de fe, justicia y encuentro.

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