
Violencia feminicida y falta de protección siguen afectando a mujeres en Centroamérica, donde, a pesar de avances legislativos, las cifras se mantienen altas y los obstáculos persisten.
Honduras presenta la mayor tasa de feminicidios en América Latina con 3.1 casos por cada 100,000 mujeres, seguida de Guatemala con 1.9, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
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Los códigos penales de Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá reconocen el feminicidio como delito, pero la región aún enfrenta impunidad y revictimización.
En muchos casos, las víctimas habían denunciado previamente situaciones de riesgo o contaban con medidas de protección que no se ejecutaron eficazmente.
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En la mayoría de los países, las víctimas tienen entre 15 y 44 años, aunque también se reportan casos en niñas y mujeres mayores. Usualmente, el agresor es la pareja o expareja, lo que evidencia la fuerte presencia de la violencia doméstica y el control coercitivo.

Normativas y políticas públicas en la región
Los marcos jurídicos han evolucionado: todos los países mencionados han prohibido el matrimonio infantil sin excepciones, pues se reconoce su vínculo con la violencia sexual y feminicida.
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Además, Guatemala y Nicaragua sumaron leyes para combatir ciberdelitos, violencia digital y acoso en línea, ajustándose a nuevas formas de agresión.
Las leyes integrales de atención y prevención de la violencia contra las mujeres existen en El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Estas establecen procedimientos para atención, prevención, sanción y reparación, pero su real efectividad depende de infraestructura y recursos disponibles.
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El acceso a servicios de atención, refugio y reparación para víctimas todavía es limitado. Aunque hay leyes, la cobertura y capacidad real de los sistemas de protección presentan carencias importantes, detalla el documento.
La recolección de datos desagregados —edad, nacionalidad, pertenencia étnica y contexto— sigue siendo insuficiente para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
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Esfuerzos de prevención y reparación
Panamá, Costa Rica y El Salvador han desarrollado protocolos interinstitucionales para prevenir, atender y proteger a niñas y adolescentes frente a la violencia sexual y feminicida.
Algunos países avanzan con leyes de reparación para hijos e hijas de víctimas de feminicidio, como en Costa Rica, o implementan protocolos de apoyo en México y Panamá.
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La CEPAL indica que los altos niveles de violencia feminicida en Centroamérica se deben a una combinación de desigualdad estructural, fallas en la aplicación de leyes, servicios insuficientes, impunidad y brechas en la protección de derechos. El marco normativo es robusto, pero la implementación y la prevención efectiva continúan como principales retos.
Buenas prácticas y recomendaciones para el futuro
Entre las estrategias sugeridas sobresalen el refuerzo de sistemas de alerta temprana y la mejora en la evaluación de riesgo, con indicadores de violencia sexual y digital. La CEPAL enfatiza la importancia de fortalecer la cooperación entre sistemas de justicia, salud, educación y protección social, así como priorizar el financiamiento público y la cooperación internacional para asegurar servicios integrales.
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Campañas educativas dirigidas a hombres, jóvenes y niños buscan transformar patrones sociales y culturales patriarcales que perpetúan la violencia. Estas iniciativas requieren inversión constante y compromiso político para garantizar su permanencia.
Perspectivas país por país
En Honduras, la tipificación del feminicidio y la prohibición del matrimonio infantil representan avances legislativos, pero la impunidad y la falta de acceso a la justicia persisten. En Guatemala, la mayoría de víctimas está entre los 15 y 44 años; la aplicación de la ley es aún un desafío. El Salvador ha creado protocolos interinstitucionales, aunque la protección efectiva y el acceso a la justicia exigen mejoras.
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Nicaragua y Costa Rica mantienen tasas relativamente estables o con ligera disminución, mientras que Panamá destaca por sus protocolos y avances en reparación a víctimas indirectas. La región sigue necesitando fortalecer la prevención y obtener datos más precisos para abordar todas las dimensiones del problema.
Centroamérica ha logrado avances en marcos legales para la protección de mujeres, adolescentes y niñas, pero el reto permanece en la implementación de políticas efectivas y en el acceso a servicios integrales, seguros y accesibles.
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