
Un nuevo estudio de la Clínica Universidad de Navarra, publicado en la revista Clinical Neurophysiology, volvió a poner sobre la mesa un dato que la ciencia del sueño viene consolidando desde hace más de dos décadas, los adolescentes no rinden tan bien a primeras horas de la mañana.
La investigación, que incluyó 419 participantes de entre 1 y 18 años sometidos a polisomnografías (el estudio de sueño más riguroso que existe, con electrodos y registro nocturno completo), confirma que el tiempo total de sueño disminuye con la edad y que los adolescentes presentan más dificultad para conciliar el sueño y más microdespertares nocturnos.
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Ese hallazgo no es un dato aislado a la hora de pensar las jornadas escolares y se inscribe en un debate que cruzó fronteras y que, en varios países, dejó de ser una discusión académica para convertirse en política pública con fuerza de ley.
Un reloj biológico que no negocia
La razón por la que este debate tuvo repercusión internacional tiene un nombre técnico y es conocido como el retraso de fase circadiana adolescente. Durante la pubertad, el reloj biológico se atrasa naturalmente unas dos horas respecto a la infancia, lo que hace que los adolescentes no logren conciliar el sueño antes de las 23 horas, incluso queriendo hacerlo.
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Si a eso se le suma un horario de entrada a clase temprano, el resultado es una privación crónica de sueño que se acumula día tras día. La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) fue una de las primeras instituciones médicas en tomar postura formal y no dudó en recomendar que las escuelas secundarias no comiencen antes de las 8:30 de la mañana.
Según datos que la propia AAP difundió, en Estados Unidos- donde más del 40% de las escuelas secundarias públicas comienza antes de las 8- alrededor del 87% de los estudiantes de secundaria duerme, en promedio, menos de siete horas por noche.
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California: el primer estado que lo convirtió en ley
El caso más citado a nivel internacional es el de California, que en 2019 aprobó la SB 328, impulsada por el senador Anthony Portantino, convirtiéndose en el primer estado de EE.UU. en obligar por ley un horario mínimo de inicio de clases: las escuelas medias no pueden comenzar antes de las 8:00 y las secundarias no antes de las 8:30. La ley entró en vigencia en el ciclo lectivo 2022-2023 y afectó a unos 2,6 millones de estudiantes.
Actualmente Massachusetts discute una propuesta similar a nivel estatal. Algunas localidades ya se adelantaron, como en Westwood donde el horario de entrada a la secundaria se retrasó 50 minutos, de las 7:25 a las 8:15.
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Defensores del cambio destacan que empezar las clases muy temprano perjudica la salud física y mental de los adolescentes, además del rendimiento académico. Aunque estos cambios también impactan en las familias alterando la rutina que choca con los horarios laborales del mundo adulto.
Colombia: “Estudio sin madrugón”
En América Latina, Colombia tiene actualmente un proyecto de ley que busca retrasar el horario de inicio de la jornada escolar en todo el país, además de ajustar el horario académico a sesiones de 45 minutos.
Los autores del proyecto argumentan que los “madrugones extremos” (muchos estudiantes deben levantarse a las 4:30 o 5:00 de la mañana en zonas urbanas con largos tiempos de traslado) afectan la salud, el rendimiento académico y el bienestar emocional.
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El proyecto ya cuenta con respaldo de varios congresistas y de la Federación Nacional de Padres de Familia, aunque todavía debe superar más instancias de debate antes de su aprobación definitiva.
Gran parte de Europa occidental nunca adoptó la costumbre, muy extendida en Estados Unidos y América Latina, de arrancar la secundaria a las 7:30 u 8:00, lo que explica por qué el debate tiene allí menos urgencia legislativa.
En España, muchas escuelas secundarias ya comienzan entre las 9:00 y las 9:30. En Francia e Italia, el inicio suele ubicarse alrededor de las 8:30 o 9:00 por lo que la mirada sobre el impacto del sueño adolescente tiene otras aristas que van más allá de la hora en la que se ingresa a clases.
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La evidencia experimental: no es solo teoría
Una investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver (NICHD, parte de los NIH de Estados Unidos) siguió a estudiantes de secundaria de dos escuelas del área de Minneapolis y St. Paul que retrasaron su horario de entrada de 7:30 y 7:45 a 8:20 y 8:50 respectivamente.
El resultado marcó que los estudiantes durmieron en promedio 43 minutos más por noche que sus pares de escuelas vecinas que no cambiaron el horario. A pesar de esta evidencia, los propios NIH señalan que menos del 15% de las escuelas secundarias estadounidenses cumple con la recomendación de comenzar a las 8:30 o después, mientras que el 42% todavía comienza a las 8:00 o antes.
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En Argentina el debate resurge aunque todavía no existe un consenso concreto sobre el cambio de horario de ingreso, aunque sí sobre la importancia de la jornada extendida en todos los niveles.
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