El cerebro de los zurdos: el mito de la creatividad y el aprendizaje

Durante siglos se planteó que era necesario reeducar a quienes escribían con la zurda, luego pasó a ser sinónimo de creatividad, pero lo cierto es que sí existen diferencias a la hora de aprender

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los mitos de ser zurdo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El pequeño príncipe Alberto de York, que luego se convertiría en el rey Jorge VI del Reino Unido, fue obligado por sus institutrices a escribir con la mano derecha, aunque su tendencia natural era zurda ya que se consideraba que era “negativo”.

Más allá de la famosa película “El discurso del rey” (2010) que pone el foco en este trauma de niño y la posterior tartamudez del rey; el dato de esta educación forzosa no es menor. Durante buena parte del siglo XX, miles de docentes en Europa, Estados Unidos y también en América Latina replicaron esa lógica de impedir que alguien desarrolle sus capacidades usando su mano izquierda bajo la idea de que era “un desorden a corregir”.

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El historiador Howard Kushner demostró que ese intento de “cura” tuvo un costo neurológico real ya que al alterar la organización cerebral natural de un niño se generaba, en muchos casos, alteraciones del habla que no existían antes de la intervención.

Un siglo después, el péndulo se movió hacia el extremo opuesto con la popularización de que el ser zurdo viene acompañado de un don especial para la creatividad, el arte o el pensamiento divergente. Pero la neurociencia lo plantea como un “mito”.

Retrato dividido de niño y adolescente, con cerebro de fondo, redes neuronales luminosas, oso, árbol, bicicleta, escuela y estructuras moleculares.
El lado dominante del cerebro puede generar diferencias a la hora de aprender. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo que sí cambia en el cerebro zurdo

La meta-investigación más exhaustiva realizada hasta la fecha y publicada en 2025 en Psychonomic Bulletin & Review por un equipo liderado por Daniel Casasanto de Cornell University, revisó casi un siglo de estudios y llegó a la conclusión de que no hay evidencia consistente de que los zurdos piensen de manera más creativa.

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Incluso en pruebas estandarizadas de pensamiento divergente, como el Alternate Uses Test, los diestros puntuaron levemente mejor. Pero eso no significa que no existan diferencias reales de organización cerebral naturales entre quienes tienen un lado dominante.

La diferencia más estudiada es la lateralización del lenguaje. En cerca del 95% de las personas diestras, el hemisferio izquierdo domina las funciones lingüísticas. Entre las personas zurdas, esa proporción baja a un rango de entre 70% y 85%, según estudios de resonancia magnética funcional citados en investigaciones recientes sobre organización hemisférica. Es decir que hasta un 25% e incluso 30% de los zurdos presenta lateralización atípica del lenguaje, bilateral o alojada directamente en el hemisferio derecho.

¿Esa reorganización trae ventajas o costos? La evidencia es mixta y depende de la función que se mida. Un trabajo publicado en Neurobiology of Language (MIT Press) encontró que la lateralización atípica del lenguaje en zurdos se asocia con un rendimiento algo menor en la rapidez con que la información viaja entre ambos lados del cerebro. En cambio, un estudio de 2018 publicado en Frontiers in Psychology por Martin Constant y Emmanuel Mellet, del Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Burdeos, encontró una ventaja zurda específica y es el mejor desempeño en tareas de discriminación entre izquierda y derecha, una habilidad visuoespacial cotidiana vinculada también a la memoria de largo plazo verbal y espacial. Algunos investigadores coinciden en que la la zurdera funciona como una especie de experimento natural que permite a la neurociencia estudiar hasta qué punto el cerebro puede organizarse de formas distintas y seguir funcionando con normalidad.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Escribir con la zurda y el impacto en el aprendizaje (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué implica esto para el aula

Para la neuroeducación, el valor de estas evidencias tiene dos impactos clave. El primero es histórico y determina que forzar el cambio de mano dominante no es una excentricidad del pasado sino una intervención con riesgo documentado.

Las campañas escolares para “reducir” la zurdera que tuvieron lugar en Estados Unidos, durante la primera mitad del siglo XX, coincidieron con reportes de alteraciones del habla en los niños reeducados. La recomendación actual, sostenida por la literatura neuropsicológica, es que la mano dominante para escribir no debe modificarse por presión externa, docente o familiar.

La segunda lección tiene que ver con los neuromitos. Etiquetar a un estudiante zurdo como “el creativo del curso” puede generar sesgos de profecía autocumplida tan problemáticos como la vieja patologización de la zurdera.

La neuroeducación basada en evidencia sugiere reemplazar ambos extremos por una idea más precisa y es que la lateralidad manual es un indicador de la diversidad en la organización cerebral, no un predictor confiable de talento ni de dificultad.

Algunas consideraciones que no son menores en cuanto a las aulas tienen que ver con cuestiones ergonómicas concretas como el ángulo de la muñeca al escribir, el diseño de tijeras y pupitres, la ubicación en el banco para no chocar codos con un compañero diestro; entre otras.

La zurdera es, ante todo, un marcador de variabilidad neurológica ya que cerca de uno de cada diez estudiantes en cualquier aula la presenta, y dentro de ese grupo existe además una subvariedad (los zurdos con lateralización atípica del lenguaje) cuya arquitectura cerebral distribuye funciones de manera todavía más particular.

Ninguno de estos datos autoriza a esperar más creatividad, ni tampoco a temer menos aprendizaje. Entre ambos extremos queda el terreno en el que investiga la neuroeducación y es el de atender a cada estudiante según su desempeño más allá del hemisferio que domina su escritura y acciones.

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