
A comienzos de junio se lanzó la Red Académica contra el Antisemitismo y la Discriminación en la Ciudad de Buenos Aires, con la presencia de referentes de más de veinte instituciones, entre las que se incluyen universidades nacionales, organismos públicos, organizaciones de la sociedad civil y embajadas.
El objetivo es claro: se “busca fortalecer la cooperación, la investigación, la formación y las acciones de sensibilización para prevenir el antisemitismo, los discursos de odio y toda forma de discriminación”.
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Ticmas dialogó con Agustín Ulanovsky quien es el actual director del Centro Jean Monnet “René Cassin” para comprender el alcance de la acción de esta nueva Red Académica, que cuenta con el patrocinio de la Unión Europea. Una red que apunta a trabajar la interdisciplinariedad para combatir el antisesmitismo contemporáneo, la violencia digital, la radicalización de discursos de odio y desinformación. Además de un fuerte foco en la capacitación docente y de estudiantes para pensar en los nuevos ciudadanos que construyan sociedades más justas.
—El Centro Jean Monnet “René Cassin” fue inaugurado en el marco del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto y se desarrolla dentro del programa Erasmus+ de la Unión Europea. ¿Qué significa para una institución de origen judío argentino estar inscripta en un programa europeo de estas características?
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—Ante todo, es importante destacar que el Centro es una iniciativa del Instituto Universitario Isaac Abarbanel, una universidad argentina formalmente reconocida, abierta a toda la sociedad y comprometida con la excelencia académica, la promoción de los derechos humanos y el diálogo intercultural. Obviamente, como dice el rector Ariel Stofenmacher, nuestra vinculación con la tradición y la comunidad judía nos otorga una responsabilidad particular en un proyecto de esta envergadura.
En ese contexto, el reconocimiento de la Unión Europea a través del programa Erasmus+ representa un orgullo y una enorme responsabilidad. Orgullo porque implica que una institución académica argentina es reconocida por su capacidad para contribuir al debate sobre valores como la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos. Y responsabilidad porque esos valores enfrentan hoy desafíos muy significativos a nivel global.
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—La Red Académica contra el Antisemitismo y la Discriminación reunió a representantes de más de veinte instituciones entre universidades, embajadas y organismos gubernamentales. ¿Cuál fue el criterio para convocar a esas instituciones? ¿Hubo resistencias o ausencias significativas?
—Convocamos a instituciones que comparten el compromiso con la educación, los derechos humanos, la investigación académica y la lucha contra todas las formas de discriminación. La respuesta fue sumamente positiva que superó nuestras expectativas iniciales. Percibimos una gran expectativa y una genuina voluntad de participar y construir espacios de cooperación. La red seguirá creciendo: ya estamos planificando un segundo encuentro y estimamos que contará con la participación de muchas más instituciones de Argentina y todo el mundo.
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—La red se propone impulsar investigaciones interdisciplinarias, capacitar a docentes y estudiantes, y elaborar recomendaciones para el diseño de políticas públicas. ¿Cuál de esos tres ejes considerás más urgente y por qué?
—Los tres ejes son indispensables y forman parte de un mismo ciclo: la investigación produce conocimiento, la capacitación permite transmitirlo y las políticas públicas lo transforman en acciones concretas. Justamente uno de los objetivos de la red es evitar que funcionen de manera aislada. Si tuviera que señalar una prioridad para la red, elegiría la formación de docentes y estudiantes porque las universidades tienen una enorme capacidad para formar a quienes mañana serán docentes, jueces, funcionarios, periodistas, legisladores o líderes sociales. El punto de partida sigue siendo la educación: es allí donde se construyen los valores y herramientas que permiten enfrentar los prejuicios.
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—El encuentro se realizó en la sede de la Delegación de la Unión Europea en Argentina. ¿Qué implica ese patrocinio en términos concretos ya sea financiamiento, agenda y cómo impacta en la autonomía académica?
—Existe una vinculación natural entre nuestro Centro Jean Monnet y la Unión Europea ya que estos centros tienen entre sus objetivos fortalecer los vínculos entre las instituciones europeas y las instituciones locales, promoviendo el intercambio de experiencias, conocimientos y buenas prácticas. Por eso, realizar el encuentro en la Delegación tuvo un valor simbólico e institucional muy importante. Al mismo tiempo, la autonomía académica constituye una condición esencial para el funcionamiento del Centro. El valor de estas alianzas radica justamente en la posibilidad de generar espacios de reflexión plural, rigurosa e independiente sobre desafíos que son compartidos a nivel global.
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—Argentina asumió en 2026 la presidencia de la IHRA con el lema “Expandiendo las fronteras de la memoria”, siendo la primera vez que un país de América del Sur ejerce ese rol. ¿Cómo se articula la Red Académica que acaban de lanzar con esa presidencia pro tempore?
—La presidencia argentina de la IHRA es un hecho histórico, no solo porque es la primera vez que nuestro país asume esa responsabilidad, sino también porque es la primera vez que un país del Sur Global preside esta organización intergubernamental dedicada a la educación, la memoria y la investigación sobre el Holocausto. Precisamente, al ser conscientes de la magnitud de ese desafío, desde el Centro impulsamos la creación de la Red Académica contra el Antisemitismo y la Discriminación. Entendemos que la presidencia de la IHRA representa una oportunidad extraordinaria para ampliar el involucramiento de las universidades en esta agenda y fortalecer los vínculos entre el mundo académico, los organismos públicos y la sociedad civil.
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—En declaraciones previas planteaste la necesidad de trazar una “línea roja” entre la crítica legítima a un gobierno y el antisemitismo propiamente dicho. ¿Cómo definís operativamente esa distinción en el trabajo académico y en la formación de docentes?
—Es un tema particularmente relevante porque una parte importante del debate sobre el antisemitismo contemporáneo gira en torno a esa distinción. En una sociedad democrática, la crítica a las políticas de cualquier gobierno, incluido el de Israel, es legítima y forma parte del ejercicio de la libertad de expresión. De hecho, dentro de la propia sociedad israelí existe una amplia diversidad de opiniones y fuertes debates sobre las decisiones de sus gobiernos. El desafío aparece cuando la crítica deja de centrarse en políticas concretas y comienza a reproducir prejuicios antijudíos tradicionales, a aplicar criterios que no suelen utilizarse para evaluar a otros países en circunstancias comparables o cuando la crítica recurre a prejuicios o estereotipos históricamente asociados a los judíos para caracterizar determinadas acciones. Más evidente aún es cuando la crítica se transforma en una negación del derecho del Estado de Israel a existir o del derecho del pueblo judío a preservar su identidad y su continuidad histórica entre las naciones del mundo. Allí encontramos una línea roja que deja de referirse a un gobierno determinado para cuestionar derechos colectivos que se reconocen a otros pueblos y naciones.
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Desde el ámbito académico buscamos aportar herramientas para abordar estas cuestiones con rigor, evitando tanto la tendencia a identificar automáticamente toda crítica a Israel con antisemitismo como la normalización de discursos que encubren prejuicios antijudíos. Al mismo tiempo, entendemos que la lucha contra el antisemitismo forma parte de un compromiso más amplio con la defensa de la dignidad humana. Por otro lado, estudiar y prevenir el antisemitismo implica también desarrollar sensibilidad frente a toda forma de discriminación, exclusión o violencia basada en la identidad, el origen, la religión, la nacionalidad o la pertenencia cultural. La protección de la libertad, la seguridad y los derechos de todos constituye un principio fundamental de la convivencia democrática y de la tarea educativa que promovemos desde esta Red académica y desde el Centro Jean Monnet.
—Entre los focos de la red figura la investigación sobre violencia digital, radicalización y desinformación. ¿Cuál es el estado actual del antisemitismo en plataformas digitales en Argentina según los datos con los que trabajan?
—El antisemitismo en los entornos digitales ha crecido de manera significativa en los últimos años y ha alcanzado picos particularmente altos desde el inicio de la actual guerra desencadenada tras los ataques del 7 de octubre de 2023. Las redes sociales se han convertido en uno de los principales espacios de circulación de discursos de odio, teorías conspirativas, desinformación y formas más sofisticadas de antisemitismo. Por ello, la lucha contra el antisemitismo se libra principalmente hoy en el espacio digital y las universidades tienen mucho para aportar en ese terreno.
—Entre mayo de 2024 y noviembre de 2025, más de 400 jueces, fiscales, defensores públicos y empleados judiciales participaron de capacitaciones sobre antisemitismo. ¿Qué reveló ese proceso sobre los niveles de conocimiento o desconocimiento del tema dentro del sistema judicial argentino?
—Lo que encontramos es una fuerte demanda de formación especializada sobre un fenómeno que ha evolucionado mucho en las últimas décadas y que hoy adopta manifestaciones más complejas que las formas tradicionales de discriminación. La participación de tantos integrantes del sistema judicial demuestra que existe un interés creciente por comprender mejor el antisemitismo y contar con herramientas adecuadas para abordarlo desde una perspectiva jurídica. A su vez, los intercambios durante las capacitaciones mostraron un gran nivel de compromiso y una genuina preocupación por comprender estos desafíos.
En este sentido, quiero destacar el esfuerzo de distintas instituciones que han impulsado la formación y sensibilización en la materia. En particular, la Asociación de Abogados Judíos de la República Argentina y el Museo del Holocausto de Buenos Aires han realizado una tarea muy valiosa acercando estas temáticas a magistrados, funcionarios y operadores jurídicos. La DAIA ha tenido también una gran labor en la articulación y difusión de estos contenidos.
—La red tiene vocación federal e internacional. ¿Cuáles son los primeros resultados concretos esperables en el corto plazo, y cómo se va a medir el impacto de una iniciativa que trabaja sobre valores y percepciones?
—Si bien la transformación de valores, actitudes y percepciones es un objetivo de largo plazo, la red ya se ha propuesto metas concretas para el corto plazo. Uno de los próximos hitos será la realización de un Simposio internacional hacia fines de octubre, que buscará ampliar la participación de universidades, centros de investigación y especialistas de otros países, consolidando así la dimensión internacional de la iniciativa. Además, estamos trabajando en la publicación de tres obras colectivas que constituirán aportes académicos concretos al estudio del fenómeno. La primera estará dedicada al abordaje jurídico del antisemitismo y será coordinada por Hernán Najenson; la segunda se enfocará en los estudios sobre el Holocausto y estará liderada por la rabina Silvina Chemen; y la tercera, que tendré el honor de coordinar, analizará experiencias comparadas y buenas prácticas internacionales en materia de prevención del antisemitismo y la discriminación. Nuestro objetivo final es que la red se convierta en un espacio de referencia para la generación de conocimiento y la formación de capacidades en Argentina y, progresivamente, en toda la región.
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