
El primer vehículo con combustible nuclear en Marte, el rover Curiosity, uno de los proyectos más emblemáticos de la NASA, exhibe un desgaste visible en sus ruedas de aluminio, resultado directo de miles de días avanzando sobre un entorno rocoso y exigente.
Después de casi 14 años desde su llegada al cráter Gale, este vehículo de exploración robótica sufre un desgaste importante en sus ruedas y la publicación de una reciente fotografía selfie tomada por la Agencia Espacial de EEUU permitió observar de cerca los daños acumulados, tanto cortes como grietas, que reflejan la exigencia de operar en Marte.
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Desde su aterrizaje el 6 de agosto de 2012, Curiosity completó más de 32 kilómetros sobre el suelo del Planeta Rojo.
Su misión primordial se centró en buscar posibles indicios de vida antigua, y los primeros resultados de su trabajo permitieron a los científicos determinar que el cráter Gale albergó un sistema de lagos y arroyos, potencialmente habitables durante millones de años.
A pesar de los desafíos que representan el terreno y el clima marciano, el rover pesa más de una tonelada y ha debido enfrentar zonas con rocas afiladas y pendientes pronunciadas, en especial durante su ascenso por el monte Sharp, una montaña que se eleva 5,5 kilómetros desde el centro del cráter.
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La NASA y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) monitorean periódicamente el estado de las ruedas mediante las cámaras del propio robot. Las imágenes más recientes confirman la presencia de “agujeros y grietas”, aunque la agencia aclaró en un comunicado de 2024 que “se están manteniendo en buen estado a pesar de haber sufrido algunos de los peores golpes en Marte”.
Daños inevitables y estrategias de mitigación

El desgaste de las ruedas de Curiosity no fue una sorpresa para los ingenieros de la NASA. Ya en 2017 y 2018, los primeros signos de deterioro motivaron cambios en la operación del vehículo, incluyendo rutas alternativas para evitar rocas peligrosas y la implementación de un software de “control de tracción” que ajusta la velocidad del rover según el tipo de terreno.
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La experiencia recogida a lo largo de la misión sirvió para mejorar el diseño de los siguientes exploradores marcianos, como el rover Perseverance que llegó al cráter Jezero en febrero de 2021, equipado con ruedas de mayor diámetro y el doble de bandas de rodadura, suavemente curvadas en lugar de la forma en V de las ruedas de Curiosity.
“Las ruedas están acercándose a un hito de desgaste, pero es parte del ciclo de vida esperado y es algo que no cambia nuestros planes científicos ni disminuye nuestras posibilidades de estudiar la mineralogía más alta del Monte Sharp”, explicó Jim Erickson, jefe de proyecto de Curiosity.
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Esta declaración remarca la confianza de la agencia en la continuidad de la misión, a pesar de que los daños resultan evidentes. Según Andrew Good, portavoz del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en California, “los cortes en las ruedas del rover siempre se ven más desagradables de lo que son”. Good añadió que “se espera que la odometría predicha actual restante sea suficiente para apoyar a Curiosity durante el resto de la misión”.
La odisea tecnológica de Curiosity abarca más de una década de avances y adaptaciones. Los ingenieros ajustaron el plan de mantenimiento y ahora efectúan inspecciones fotográficas de las ruedas cada 1000 metros recorridos, en vez de cada 500, como fue habitual en los primeros años. Esta frecuencia adaptada responde a una mayor confianza en el comportamiento estructural del vehículo y a las lecciones aprendidas tras más de 32 kilómetros de travesía.
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El daño acumulado en las ruedas, aunque relevante, no compromete la operatividad general del explorador. Los científicos de la NASA consideran que Curiosity tiene capacidad para completar sus objetivos adicionales antes del fin de su vida útil. Los recambios de ruta y las mejoras en el software fueron respuestas directas a la observación del desgaste, y esas medidas parecen haber resultado eficaces en la práctica.
Curiosity, pionero en el desafío interplanetario

El legado de Curiosity se extiende más allá de su propia misión. El trabajo realizado por este rover, junto a otros orbitadores, módulos de aterrizaje y sondas, allana el camino para futuras expediciones humanas y robóticas en Marte. Tanto Curiosity como Perseverance representan los primeros pasos concretos en el objetivo de convertir a la humanidad en una especie interplanetaria.
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Las dificultades enfrentadas por Curiosity al ascender las laderas del monte Sharp y su capacidad para soportar el rigor del entorno marciano sirvieron de referencia para el diseño de nuevos vehículos. Los equipos de ingeniería analizaron la forma y composición de las ruedas, la distribución del peso y la respuesta del software ante obstáculos, mejorando así la resiliencia de los siguientes robots exploradores.
El rover, con el tamaño de un pequeño automóvil, no solo respondió a la pregunta de si el cráter Gale pudo albergar vida microbiana, sino que también reveló la existencia de un entorno húmedo y potencialmente habitable en el pasado remoto de Marte. Las capas de roca que investiga el vehículo ofrecen pistas sobre la transformación del planeta, de un mundo cálido y húmedo a un desierto frío y árido.
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El proceso de desgaste de las ruedas comenzó relativamente temprano en la misión y obligó a los operadores a optar por rutas menos agresivas cuando las condiciones lo permitieron. Al mismo tiempo, la misión de Curiosity demostró que la adaptación constante y la reconfiguración del software pueden prolongar la vida útil de los dispositivos diseñados para ambientes extremos.
Los ingenieros de la NASA confirmaron que la experiencia con Curiosity resultó fundamental para el desarrollo de Perseverance. Las ruedas de este último presentan un diámetro mayor y una estructura distinta, lo que les otorga una mayor capacidad para enfrentar los desafíos del terreno de Marte. La información recopilada durante casi 14 años resulta esencial para planificar futuras misiones y diseñar equipamiento cada vez más robusto.
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Mientras tanto, Curiosity sigue avanzando en su misión de explorar el pasado y el presente del planeta rojo. Aunque el daño en las ruedas resulta visible en las imágenes más recientes, la agencia y los responsables del proyecto insisten en que el rover “seguirá rodando por mucho tiempo”.
El hito alcanzado por este robot representa tanto un desafío superado como una oportunidad de aprendizaje para la ingeniería espacial.
La historia de Curiosity combina resistencia, adaptabilidad y avance científico constante. El desgaste de sus ruedas, lejos de poner fin a su legado, refuerza el valor de la exploración a largo plazo y la capacidad de los equipos internacionales para enfrentar los retos de operar en otro planeta.
Así, cada metro que recorre el rover suma conocimiento sobre Marte y acerca a la humanidad al sueño de caminar algún día sobre su superficie.
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