En el marco de las Jornadas de Alfabetización realizadas durante la 50° Feria Internacional del Libro, Alejandro Artopoulos dialogó con Denise Abulafia, Chief Learning Officer de Ticmas, acerca del lugar que ocupa la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En la charla titulada “Cómo potenciar la comprensión lectora con inteligencia artificial”, el especialista propuso alejarse de miradas basadas en el rechazo o entusiasmo acrítico para pensar de qué manera estas herramientas pueden integrarse de forma significativa en el aula.
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Para contextualizar el presente, Artopoulos trazó un paralelismo histórico: en 1968, docentes de matemática se movilizaron contra el uso de calculadoras electrónicas en las escuelas. Con el tiempo, sin embargo, el sistema educativo debió adaptarse a esa tecnología.
“Hoy estamos en el ‘momento calculadora’, pero atravesando toda la currícula”, explicó, señalando que el impacto de la inteligencia artificial no se limita a una disciplina específica, sino que reconfigura el conjunto de las prácticas educativas.
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Un cambio que interpela a la enseñanza
Lejos de centrarse únicamente en la herramienta, el análisis apuntó a las transformaciones que este escenario exige. “Un problema que tenemos es que los estudiantes usan la inteligencia artificial y los docentes no tanto”, advirtió, marcando una brecha que condiciona el vínculo con el conocimiento.
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En este contexto, uno de los principales desafíos radica en revisar las consignas escolares. Según Artopoulos, muchas de las propuestas actuales no están diseñadas para un entorno donde la IA forma parte de la vida cotidiana, lo que obliga a repensar tanto los objetivos como las estrategias de enseñanza.
A su vez, planteó que la inteligencia artificial todavía no ha sido incorporada como un objetivo de aprendizaje en sí mismo, lo que limita su potencial pedagógico. En lugar de intentar evitar su uso, sostuvo, es necesario enseñar a utilizarla de manera crítica y productiva.
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Entre el rechazo y el entusiasmo acrítico
El especialista también cuestionó las posiciones extremas frente a la tecnología. Por un lado, advirtió sobre la tentación de prohibir su uso en el ámbito educativo; por otro, alertó sobre los riesgos de una adopción indiscriminada.
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En este sentido, mencionó experiencias recientes que no lograron los resultados esperados, como el desarrollo de tutores basados en inteligencia artificial, lo que evidencia que estas herramientas no pueden reemplazar el trabajo docente.
“El rol del docente cambió”, afirmó. Hoy, su función central no radica únicamente en transmitir contenidos, sino en conocer en profundidad a sus estudiantes para encontrar las formas más eficaces de interpelarlos.
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Alfabetizar en un mundo tecnologizado
Para Artopoulos, el debate sobre la inteligencia artificial no puede separarse de una discusión más amplia sobre la alfabetización. “Alfabetizar es leer el mundo”, sostuvo, y subrayó que este mundo está cada vez más atravesado por tecnologías digitales y sistemas de inteligencia artificial.
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Desde esta perspectiva, la enseñanza de la lectura también debe transformarse. El especialista cuestionó los enfoques que apelan exclusivamente a la obligación y propuso recuperar el interés y el deseo como motores del aprendizaje. “Hemos intentado introducir a los estudiantes en la lectura desde la imposición y no desde el interés”, señaló.
Asimismo, llamó a revisar el vínculo de los docentes con los contenidos y los formatos tradicionales. “Muchos docentes enseñan desde un canon sin ponerse en los zapatos del estudiante actual”, explicó.
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En este escenario, el desafío no es solo incorporar nuevas herramientas, sino desarrollar capacidades más complejas. La inteligencia artificial, bien utilizada, puede potenciar los procesos de aprendizaje, pero también exige habilidades más sofisticadas por parte de estudiantes y docentes.
De esta manera, su planteo no se limita a la incorporación de tecnología en el aula, sino que invita a una transformación más profunda, destacando la necesidad de promover una lectura analítica capaz de interpretar, cuestionar y contextualizar la información en entornos cada vez más automatizados.
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