Fundación Barco lleva más de cincuenta años operando en Colombia y en América Latina toda en el campo del desarrollo social. Desde su fundación, ha construido metodologías propias, con compromiso hacia la transparencia, la eficacia y el trabajo colaborativo. Su misión articula comunidades, gobiernos, empresas y familias para promover equidad, desarrollo social y mejora educativa.
Mónica Varona ocupa hoy el cargo de Directora Social de Fundación Barco, con el foco puesto en reducir la deserción escolar. En diálogo con Ticmas abordó los desafíos que enfrenta la educación y cómo Fundación Barco diseña soluciones a medida para los territorios. “No podemos llevar la misma receta a todos los colegios; la diversidad geográfica, cultural y socioeconómica exige diagnosticar primero”, comentó Varona.
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Uno de los programas más visibles es Escala, que opera en varios departamentos del país. En este programa, Fundación Barco trabaja con instituciones educativas para identificar las causas específicas de la deserción en cada escuela: puede ser desde condiciones de infraestructura hasta embarazo adolescente, pasando por trabajo infantil, desplazamientos o violencia social. Con esos insumos se diseñan intervenciones focalizadas. Varona aseguró que algunos de esos ejercicios revelan realidades que los mismos directores desconocían. “Algunos rectores no sabían que sus estudiantes vivían tantas barreras para permanecer en el colegio”, dijo.
La fundación también desarrolla Conexión Desarrollo y Pasos Seguros, iniciativas que se apoyan en metodologías participativas con estudiantes, familias y docentes. En ellas se promueven espacios de diálogo y estrategias de apoyo psicosocial. Varona explicó que estas instancias permiten acercar la escuela a la realidad de los jóvenes y entender por qué algunos abandonan. “Escuchar lo que piensan los jóvenes y sus familias es tan importante como la infraestructura o el transporte”, manifestó.
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El acompañamiento a docentes y directivos educativos es parte esencial del modelo. La fundación trabaja brindando herramientas —no solo pedagógicas, sino también emocionales— para que puedan adaptarse, innovar y sostener los cambios. “El docente puede estar agotado si las condiciones son precarias. Nuestro objetivo es que tenga apoyo, que no esté aislado, que la comunidad educativa y la fundación sean redes de soporte.”
En términos de impacto, Fundación Barco reporta cifras que permiten ver avances concretos. En el último año beneficiaron a más de 130.000 estudiantes, docentes y participantes a través de sus programas, y han intervenido en más de 2.000 instituciones educativas. Pero, dijo la directora, no se trata solo de cobertura, sino de resultados en permanencia escolar en varios contextos rurales y urbanos.
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El financiamiento combina recursos propios, donantes internacionales y alianzas locales. Esa mezcla le ha dado estabilidad en territorios donde la presencia estatal es débil, lo que permite que los proyectos no se interrumpan ante cambios políticos o económicos. “Donde el Estado no alcanza, tratamos de responder con lo que podemos movilizar en comunidad, en voluntariado, en redes”, dijo Varona.
Además de los programas educativos, Fundación Barco impulsa espacios de incidencia y de generación de conocimiento, como el Foro de Educación Barco, que reúne expertos, autoridades y actores del sistema educativo para analizar las causas de la deserción y de la inequidad. También promueven investigación en familia, salud mental y otras dimensiones que inciden en la permanencia escolar.
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Antes del cierre del encuentro, Varona hizo un llamado para mayor inversión en educación: se requiere de sensibilidad, constancia y adaptación. “Los estudiantes están en contextos que cambian rápido; si la escuela no responde, si no escucha, si no ajusta, es fácil que pierdan sentido. Nuestro trabajo es hacer que la escuela sea el lugar al que quieran volver, no solo por obligación.”
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