
El poco ejercicio de la lectura por parte de niños y jóvenes y la falta de comprensión a partir de lo que leen se ha instalado como preocupación con alta prioridad en nuestras agendas. Diversas campañas buscaron a fines del año pasado despertar conciencia en todos los sectores de la sociedad sobre la gravedad de este tema. Y es que leer es una actividad que, en los últimos años, está bastante circunscripta de manera exclusiva al aprendizaje escolar debido a que la comprensión lectora impacta de manera directa en el rendimiento académico. Sin embargo, no comprender lo que se lee limita la posibilidad de comprender el mundo que nos rodea y restringe la posibilidad de inserción social.
El ámbito educativo es quien desempeña principalmente la labor de alfabetización y trabaja constantemente para intensificar el aprendizaje de la lectura y la escritura, entendiendo que este es un derecho fundamental de los niños, que garantiza sus aprendizajes a lo largo de toda su trayectoria académica. Sin embargo, un 46% de los niños de tercer grado no comprenden textos adecuados a su edad. Y el problema sigue creciendo porque estudios muy recientes afirman que solo 4 de cada 10 estudiantes universitarios comprende lo que lee.
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La influencia de la comprensión lectora en el aprendizaje va más allá de simplemente entender un texto. La capacidad de comprender lo que se lee es fundamental para adquirir nuevos conocimientos, habilidades y para desarrollar pensamiento. La lectura contribuye a expandir el vocabulario, clarificar las ideas y mejorar el modo en que las expresamos. Asimismo, durante el ejercicio de la lectura, activamos nuestras inferencias, ejercitamos la formulación de preguntas, deducimos, sacamos conclusiones, es decir, ponemos en juego muchas estrategias de pensamiento que necesitamos para comprender los textos y el mundo que nos rodea. Comprender es, en última instancia, una habilidad que trasciende las páginas de un libro.
En este sentido, fomentar la lectura debería volver a ser una tarea compartida entre la casa y la escuela. Sentarnos con los niños a contar historias, mirar sus ilustraciones, imaginar otros mundos posibles es más que un pasatiempo. Es un ayudar a los niños a crecer, a desarrollar su imaginación, a fortalecer sus competencias comunicativas y expandir su pensamiento. Esa lectura descontracturada, por placer, favorece el autoconocimiento y el fortalecimiento de las emociones. Pero, además, el vínculo afectivo entre el niño y el adulto que comparten la lectura ayuda al desarrollo de lenguaje.
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Volver a la lectura porque sí
El hábito de la lectura se adquiere, como otros tantos, del ejemplo. Y es que los adultos hemos entregado también muchos de nuestros tiempos de lectura por placer a otras actividades. Pero para fomentar la lectura, hay que instalar el ejercicio en la casa. Un rato los domingos, una historia antes de dormir, o como sobremesa, nos puede ayudar a encontrar tiempos que nos han sido robados con el ajetreo de la vida cotidiana.
Nada más cautivante para nuestro cerebro que tener una buena pregunta que nos inquiete. Podemos desafiar a los más pequeños con interrogantes al iniciar el día o la semana. ¿Cuál es el invento más absurdo del mundo? ¿Por qué se forma el arco iris? y dejarlos buscar, rastrear la respuesta. Para ello, deberán leer, investigar, analizar y tener una respuesta para debatir cuando sea el momento acordado. Despertar la curiosidad invita a los chicos a hacerse muchas preguntas, y este ejercicio es clave para leer y construir sentido.
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Por supuesto, dejar al alcance de los chicos material de lectura diverso (en papel o en pantallas) es clave para permitirles descubrir sus propios intereses.

Leer en la escuela por placer
Lectura + escuela es igual a obligación. Si hacemos una encuesta, los estudiantes de todos los niveles entienden que deben leer para estudiar, para aprobar, para cumplir. Pero muy pocos dirán que lo hacen porque les da placer. Sin embargo, aprender es divertido cuando se trata de satisfacer la curiosidad genuina de nuestro cerebro. Por eso, los modelos de aprendizaje que ponen en el centro al estudiante, que lo invitan a ser protagonistas de su propio proceso, son modelos que promueven el desarrollo de competencias varias: digitales, comunicativas y socioemocionales.
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El modelo de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y la educación STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas) son ejemplos de enfoques educativos que integran la lectura como una herramienta fundamental para el aprendizaje. Estos modelos no solo enseñan a los estudiantes a leer, sino que también los desafían a aplicar lo que han aprendido en contextos del mundo real, fomentando así una comprensión más profunda y duradera. En este tiempo tan dinámico y desafiante, es crucial trabajar para la formación de individuos capaces de comprender y participar en la sociedad de manera significativa. Los modelos de enseñanza que promueven estrategias para investigar, explorar y seleccionar datos e información son fundamentales en este proceso.
En conclusión, la lectura y la comprensión del mundo están intrínsecamente ligadas. Fomentar la lectura a través de modelos de enseñanza innovadores es esencial para ayudar a los estudiantes a desarrollar las habilidades necesarias para entender y enfrentar los desafíos del mundo moderno. Es a través de la lectura que se abre la puerta al conocimiento, al pensamiento crítico y a la participación activa en la sociedad.
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Silvana Cataldo es Especialista en innovación educativa y Líder de Proyectos en Ticmas
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