
La crisis educativa no escapa a la percepción de los argentinos. 7 de cada 10 creen que la educación está peor que 30 años atrás y, más aún, la mayoría considera que seguirá empeorando con el paso del tiempo. La comunidad educativa, docentes y directivos, tiene una mirada similar pese a que forman parte del sistema.
Los datos surgen de una nueva encuesta realizada por el Observatorio Hacer Educación dependiente de la Universidad de Buenos Aires, que hizo un relevamiento nacional con el objetivo de obtener información sobre las percepciones, opiniones y actitudes de la sociedad en relación a la educación en el país.
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Los resultados, que son representativos, se dividieron entre población general y comunidad educativa (maestros de inicial, primaria y secundaria, profesores universitarios y directivos). La sorpresa radica en que tanto unos como otros coinciden en una opinión negativa de la educación argentina. La población en general la calificó en 4,89, mientras que la comunidad educativa le otorgó 5,44 puntos.
No obstante, como suele suceder, los argentinos creen que la educación que les dan a sus hijas está exenta de la crisis. Allí los puntajes se elevan ostensiblemente: la población general la califica con un 7,56 y la comunidad educativa con un 7,58.
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Alberto Barbieri, ex rector de la UBA y director del observatorio, le dijo a Infobae: “En los últimos tiempo se avanzó en que cada vez más estudiantes accedan a niveles educativos, pero la escuela se quedó en el tiempo. El formato de primaria y secundaria, sumado a la falta de formación, no responde a las necesidades del mundo que nos toca vivir. No logramos salir de ese atraso”.
Pese a que en las últimas tres décadas los indicadores de inclusión educativa se elevaron -muy pocas personas asistían y culminaban la secundaria por entonces-, el 68% de los argentinos piensa que la educación está peor, sumado a otro 11% que la observa “igual de mal”. En el caso de los docentes, el 64% tiene esa mirada. De cara al futuro, la expectativa mayoritaria es que seguirá empeorando.
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La secundaria es el nivel que tiene peor imagen: 7 de cada 10 entrevistados tuvieron una consideración negativa al respecto. Al contrario, los jardines de infantes y las universidades -especialmente las públicas- son las instituciones de mayor consenso positivo tanto entre la población general como entre la comunidad educativa.


Tanto los ministerios como los directores de escuela poseen una aprobación mayor a la que reciben los gremios docentes, que resultaron ser los peor evaluados tanto por los docentes como por la comunidad en general. Sin embargo, a la hora de señalar los mayores problemas no aparecen los paros docentes. La necesidad más repetida es la de fortalecer la formación docente, la de crear escuelas y mejorar la infraestructura y los contenidos de estudio.
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Respecto a los contenidos que deberían enseñarse, la respuesta más recurrente fue que debería sumarse tecnología y computación, pero también sorprendió la aparición de la respuesta “valores”. Si bien los investigadores no indagaron en qué implica el concepto, sí infieren en que puede relacionarse a la disciplina y el esfuerzo. La enseñanza de idiomas también se repitió entre los encuestados.
La trayectoria educativa ideal según los argentinos
A los entrevistados se les pidió poner una nota a la educación pública: el resultado fue una media de 5,46 para la población en general y 6,08% para la comunidad educativa. A la hora de evaluar la educación privada, el promedio fue un tanto mayor: una media de 6,62 para el público en general y 6,58 para el personal docente.
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La preferencia por la escuela privada escala en el nivel secundario. Solo 3 de cada 10 creen que egresar de una secundaria pública brinda una mejor educación que una privada. La cuestión se invierte en la educación superior: el 55% opina que el título de una universidad pública es mejor valorado que el de una privada.
A partir de esos resultados, el observatorio trazó lo que sería una trayectoria educativa ideal de acuerdo al imaginario colectivo de los argentinos. Sería ir a una escuela primaria pública o privada (casi no hay diferencias), asistir a una secundaria privada y luego estudiar en una universidad pública.
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Al respecto, Barbieri planteó: “No estamos ante una crisis de la escuela secundaria o un tropezón de la primaria. Estamos ante una situación que demanda reconocer las problemáticas concretas que la atraviesan y aceptar que las próximas décadas se deberá gestionar la crisis educativa como encuadre general, pero atendiendo a las dificultades específicas que se plantean en cada nivel. Porque para saber hacia dónde ir hay que entender desde qué base estamos partiendo”.
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