
Los alumnos de los primeros grados de primaria serán los más afectados por el cierre de las escuelas. Una investigación internacional calculó los efectos de haber suspendido las clases presenciales al menos medio año. La estimación indica que los chicos de segundo grado que no concurrieron a las aulas durante un semestre habrán perdido el equivalente a 1,8 años de aprendizaje cuando estén en tercer año de la secundaria.
Los autores del estudio son contundentes respecto a las consecuencias de la pandemia en la educación. Hablan de “pérdidas devastadoras”, en especial entre los chicos de los primeros grados -cuando aprenden, entre otras cosas, a leer y escribir- provenientes de países de bajos y medianos ingresos.
Las conclusiones surgen de un nuevo informe del Observatorio de Argentinos por la Educación. El documento presenta los resultados de las investigaciones realizadas por el programa internacional Research on Improving Systems of Education (RISE), basadas en modelos matemáticos que ponderan los efectos de los cierres escolares a largo plazo.
“Cada vez hay más evidencia de que los niños han sufrido pérdidas sustanciales de aprendizaje durante el cierre de las escuelas. Nuestro trabajo muestra que las pérdidas continuas de aprendizaje incluso después de que los estudiantes regresan a la escuela podrían ser devastadoras para el futuro de los niños”, sentenció Michelle Kaffenberger, investigadora de RISE y de la Blavatnik School of Goverment de la Universidad de Oxford.

La investigación se basa en los resultados de las pruebas PISA para el Desarrollo que se tomaron en 2018. Allí participaron Camboya, Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay, Senegal y Zambia. Sin embargo, según supo Infobae, la Argentina está contemplada ya que la autora “usa una producción pedagógica calibrada para replicar trayectorias de aprendizaje en países de bajos y medios recursos”.
Justamente ayer en la Argentina se conoció que el Gobierno decidió suspender por segundo año consecutivo la aplicación de las pruebas Aprender. En 2020, a raíz de la interrupción de la presencialidad en las aulas, el Ministerio de Educación no tomó la evaluación. En 2021 tampoco lo hará y el sistema se quedará sin una herramienta clave para conocer qué tan grande fue y en qué áreas ocurrió la pérdida de aprendizajes durante la pandemia para definir políticas educativas en consonancia.
En lugar de la evaluación estandarizada, aplicarían una prueba piloto a tan solo 120 escuelas primarias en octubre, además de encuestas a directivos, docentes y alumnos.
La principal conclusión del estudio del RISE es que la falta de un año de clases implica perder mucho más que un año de aprendizajes a largo plazo para los alumnos que recién inician la primaria. La autora traza una comparación del grado 2 con el grado 8 (primer o segundo año de la secundaria, según la jurisdicción), en la que se ve claramente la diferencia en el impacto educativo entre los más chicos y los más grandes.
El cálculo toma como medida seis meses de cierre de escuelas. Argentina, entre cierres parciales y totales, estuvo sin clases presenciales ya un año y medio, al igual que buena parte de Latinoamérica.
Kaffenberger, la autora del estudio, no considera dentro de su estimación a las clases virtuales o remotas que tuvieron los chicos durante la pandemia. Asume que no se producen cambios o que los aprendizajes, si los hubo, fueron débiles, pero también abre la puerta a estrategias que permitirían, con el correr de los años, mitigar las pérdidas de contenidos.

“Con medidas de remediación y con reformas a largo plazo que prioricen aprendizajes y habilidades universales fundamentales, los sistemas educativos pueden salir de esta crisis con más fuerza. Los líderes educativos, las escuelas y los maestros deben garantizar que todos los niños tengan la oportunidad de ponerse al día y de continuar aprendiendo cuando regresen a la escuela”, señaló la especialista.
El planteo se refleja en los cálculos que realizó. Con estrategias de remediación a corto plazo, la pérdida para los chicos de segundo grado pasaría de ser de 1,8 años de aprendizaje a 1,3. Mientras que si la remediación fuera acompañado de una reorientación profunda a lo largo del tiempo, el daño se reduciría a un año de saberes.
Cómo empezar a resolverlo
Los especialistas coindicen en que, en general, las currículas de contenidos son demasiado abarcativas e incluso ambiciosas, que rara vez se llega a cubrir en profundidad lo que consigna el plan de estudios. Con la pandemia, esa posibilidad se hizo aún más cuesta arriba. Por ende, una de las estrategias que sobresale es primero evaluar a los alumnos, saber cuánto aprendieron a distancia, y luego reorientar las currículas.
“La reapertura de escuelas es en realidad un proceso de reinicio del ciclo de aprendizaje en el que hay que asumir que hubo pérdida y retraso en el aprendizaje, verdaderos ‘des-aprendizajes’. Será necesario evaluar la situación de cada alumno y desarrollar estrategias pedagógicas de planificación y enseñanza adaptadas a sus necesidades, y entender que esto llevará varios años. No hacerlo o suponer que con breves instancias de apoyo se resuelve será prolongar la situación de déficit, acumular nuevas pérdidas y terminar en abandono escolar”, explicó Claudia Romero, doctora en Educación, profesora e investigadora de la Universidad Torcuato Di Tella.
Por su parte, Guillermo Jaim Etcheverry, presidente de la Academia Nacional de Educación, consideró: “El cierre de las escuelas ha afectado seriamente los aprendizajes de los alumnos. Este interesante análisis describe varios escenarios relacionados con las diversas estrategias diseñadas para enfrentar esa pérdida, especialmente notable en los alumnos de los primeros años de su vida escolar. Se trata de un aporte de especial utilidad para quienes deben decidir cómo ayudar a los alumnos que han sufrido este retraso en su formación”.
La investigación sugiere una estrategia combinada para trabajar con los alumnos que vuelven a las aulas: una remediación en el retorno inmediato, que intente recuperar algunos de los contenidos pendientes, y una reorientación a largo plazo, que priorice dentro de los planes de estudios los saberes y habilidades indispensables.
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