
Con el inicio del año lectivo surge la necesidad de reflexionar y compartir lo que nos dejó el 2020, un año de cambios y dilemas, de aprendizajes y ensayos, un año donde la tecnología irrumpió definitivamente en la educación. La plataforma Ticmas invitó a especialistas y referentes muy reconocidos a participar en una serie de debates en torno a las problemáticas más urgentes: la función de las autoridades escolares, el rol del docente, el nuevo paradigma educativo, la seguridad digital, las habilidades del siglo XXI.
Laura Lewin participó en la primera jornada y habló sobre las tareas y desafíos de los directivos. Referente en gestión educativa y con una extensa trayectoria académica, Lewin es autora de una profusa obra que, entre otros títulos, incluye La nueva educación, Que enseñes no significa que aprendan, Aulas motivadas, Fuertes y felices, El aula afectiva, y un largo etcétera.
La entrevista llevó por título “El directivo como piloto de tormenta” y fue realizada por Patricio Zunini. A lo largo de cuarenta y cinco minutos, Lewin abordó los interrogantes que la pandemia trajo a la educación. ¿Cómo plantear el ciclo 2021? “Creo que la palabra clave es empatía”, dijo Lewin. “Hay que entender que situaciones extraordinarias requieren de esfuerzos extraordinarios. Ahora tenemos que trabajar muchísimo en el clima institucional de la escuela ‘con ladrillos’ y de la escuela ‘sin ladrillos’, para que todos se sientan parte de algo mayor y que podamos comprometernos”.

—¿Cuáles son los principales desafíos que debe enfrentar un director en el nuevo ciclo?
—El primero, sin dudas, es la motivación de los docentes. Los docentes llegan muy lastimados y, si se quiere, muy maltratados, porque de la nada tuvieron que hacer todo y no tuvieron el reconocimiento que esperaban. Hay que mimarlos. Como número dos: la capacitación continua. Hay que trabajar en la importancia del desarrollo profesional y seguir aprendiendo, entendiendo que, si bien la tecnología no es la solución a todos nuestros problemas, es una gran oportunidad para entender cómo aprenden los chicos y brindarles un ambiente más afable. Y, por supuesto, el clima, no es un tema menor: cuando desarrollás vínculos de confianza fuertes y saludables es más sencillo que el docente pueda responderte.
—¿Cómo se motiva al equipo docente?
—Una persona que no siente conexión con vos, por más que le digas lo que le digas y que hagas lo que hagas, no va a responder. Entonces hay que desarrollar un vínculo, una conexión emocional que sea el puente para llegar al otro. Y luego, entender qué la motiva a esa otra persona. No pensemos que a la gente sólo la motiva el dinero. Tienen que sentirse parte del proyecto y tener voz —lo que no significa que tengan la última palabra—. Es muy importante saber qué les gusta. A los docentes hay que sacarlos de su zona de confort, pero nunca de su zona de fortaleza. Hay que ver dónde pueden convertirse en superestrellas.
—¿De qué manera se puede sostener un diálogo con los padres?
—Parecería que cuando te llaman del colegio es solo para decirte algo malo: le fue mal en una prueba, se cayó, le pegó a alguien. Hay que aprender a conectarse con las familias a partir de cosas positivas. “Te llamo para contarte lo bien que contestó hoy tu hijo”. O: “Cómo lo extrañaron los chicos ayer cuando faltó”. Me gusta pensar en una caja de ahorro emocional: cada vez que te llamo por algo positivo estoy haciendo un depósito y cuando te llamo por algo que no es tan positivo, hago una extracción. Hay que tratar que haya un saldo en esa caja de ahorro emocional, porque cuando necesite hablar con la familia, yo sé que la familia va a estar. De la misma manera, es importante generar una comunicación de ida y vuelta. Que no sea todo unidireccional: te mando una nota, te mando el informe, firmalo. Y también creo que hay que hacer encuestas. Muchas veces la escuela no las manda porque tiene miedo a lo que puedan contestar. Pero si no sé cómo están las cosas, no sé qué resolver.
—Me pongo en abogado del diablo: un director tiene que lidiar con los docentes, con los estudiantes, con el covid, con los supervisores, con los programas educativos. ¿Y además tiene que llamar a los padres para decirles: “No sabés qué bien le fue hoy a tu hijo”?
—Me hacés acordar a una frase que digo siempre: el que corre dos conejos no agarra ninguno. Hay que saber cuál es el conejo importante. En la medida en que yo, como directora, haga de todo, no voy a tener tiempo para hacer aquellas cosas que solo yo como directora puedo hacer. Tenemos que aprender a trabajar con nuestro equipo, a darles responsabilidades y que puedan autogestionarse. Tal vez tenga que llamar la propia maestra. Y cuidado con los maestros, porque muchas veces los directivos les piden a los maestros que les enseñen a pensar a los alumnos, pero no los dejan pensar a ellos.

—¿Estamos preparados para una realidad dual entre presencialidad y virtualidad?
—Por un lado, la falta de previsibilidad es muy triste. Empiezan las clases y uno no sabe cómo van a ir los chicos a la escuela. Eso complica a los padres, complica al director, complica a los docentes. Pero la calidad de la instrucción depende de los docentes y no del medio en el que estén enseñando. Vi a muchos docentes que enseñaban en la clase de Zoom y les tuve que explicar que en la clase de Zoom no se enseña. ¿Por qué? Porque si me querés enseñar algo y yo no presto atención o me aburre o ya lo sé, vas a ir perdiendo alumnos. Es mejor enseñar en la clase asincrónica y en la parte sincrónica ponemos en acción todo el contenido.
—Una suerte de aula invertida.
—Exactamente. Ese el mismo concepto de aula invertida, pero para lo sincrónico y lo asincrónico. El aula invertida no es ver unos videos en casa y hacer los deberes en el colegio. El aula invertida es potenciar, maximizar y capitalizar el tiempo cara a cara. En el Zoom queremos hacer lo mismo. No le pidas a los chicos que hagan presentaciones en Zoom: vas a demorar mucho tiempo. Pero pueden grabar pequeños videítos y se muestran en la parte sincrónica. No hagas grandes debates en el Zoom, utilicemos salas divididas. Si entendemos que la clase virtual es diferente a la presencial, que tiene otra lógica, otros tiempos y otra manera de conectarse con los alumnos, vamos a fortalecer nuestras clases y van a ser efectivas tanto desde lo presencial como desde lo virtual. Lo que hay que lograr es que la personalidad atraviese la pantalla.
—¿Qué deben tener en cuenta directivos y docentes para sostener a la comunidad educativa si vuelve la virtualidad?
—Se tiene que generar un entorno virtual con mucha presencia de docentes. Pero tampoco hay que pensar que los docentes son robots y que lo único que hacen es mandar contenidos. Al principio de la cuarentena, en algunos colegios, la entidad propietaria tenía tanto miedo de perder matrícula que les decía a los maestros “¡Manden consignas!”. La realidad es que la construcción del aprendizaje no se consigue sólo a través de actividades o consignas para hacer. Es muy importante el trabajo en conjunto de docentes y directivos para que las clases sean significativas e interesantes, y, por sobre todas las cosas, que se vea que los chicos están aprendiendo.
—¿Cómo se puede ver?
—A través de la evaluación formativa. Es el tipo de evaluación que hago si quiero evaluar cómo ayudarte a aprender; la evaluación sumativa es para ver es si aprendiste o no. En este año en donde no hubo calificaciones, algunos se confundieron y pensaron que no había que evaluar. Pero hay que evaluar siempre porque es la manera de ver cómo ayudarte a avanzar y a la vez ver qué tengo que mejorar como docente en mi práctica didáctico-pedagógica. Es importante también trabajar por proyectos para involucrar cognitiva y emocionalmente a los chicos. Y también hay que sostener la comunicación. Me hubiera encantado ver más videos de directivos enviados a las familias. El desafío es estar cerca aún en la distancia.
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