La sede de Paseo Colón de la FIUBA
La sede de Paseo Colón de la FIUBA

La Facultad de Ingeniería de la UBA (FIUBA) delinea una serie de reformas que integrarán el denominado "Plan 2020". El proyecto se encuentra en plena discusión, pero ya hay algunas certezas. Se revisarán todas las carreras de grado y posgrado, la forma en que se enseña y las habilidades a adquirir. El objetivo, dicen, es mejorar los indicadores de graduación y redefinir el perfil del ingeniero que pretenden formar, más acorde a los tiempos que corren.

El puntapié inicial se dio en octubre de 2018, cuando el Consejo Directivo de la Facultad aprobó la implementación del programa. Se estableció que 2019 sea el año de la definición de los lineamientos. Para ello, ya se desarrollaron distintas jornadas con la comunidad educativa, el empresariado y el sector público, que seguirán entre el lunes 3 y jueves 6 de junio, en el marco de la semana de la ingeniería. De allí salieron -y saldrán- insumos para trabajar las reformas. En 2020 el documento final se aprobaría en el Consejo Superior de la universidad y recién en 2021 se pondría en marcha.

"Cuando te topás con un sistema tan estancado, cuesta mucho trabajo volver a mover la maquinaria. En la facultad, hacía 35 años que no se hacía una revisión integral de los diseños curriculares, de qué perfil de ingeniero queremos formar. Obviamente en ese lapso se actualizó la mayoría de los contenidos, pero nunca de manera integral", le dijo a Infobae Alejandro Martínez, decano de la FIUBA, asumido el año pasado.

En la facultad se da una relación llamativa: hay un cargo docentes cada 6 estudiantes. Puntualmente, son 2.000 profesores y 11.734 alumnos. Pero, más curioso aún, pese a la disparidad, se necesitan maestros en determinadas carreras y materias. La distribución es deficitaria. En un principio buscarán limitar la duración en los cargos interinos mediante un llamado automático a concurso si se supera el plazo previsto. En segundo término, se apostará por reubicar el personal de acuerdo a las necesidades.

Alejandro Martínez, decano de la FIUBA
Alejandro Martínez, decano de la FIUBA

Uno de los ejes del Plan 2020 es la multidisciplinariedad. Tejer vínculos entre las carreras de ingeniería e incluso hacia afuera, con otras facultades. De hecho, el trabajo final o tesis se encamina a ir en esa vía. Otra de las opciones que se barajan son posgrados de dependencia compartida, además de sumar oferta en línea con las nuevas demandas: energía, big data, bioingeniería, satélites, transporte, ciudades inteligentes. A su vez, hay consenso en la necesidad de crear la materia Pensamiento computacional para todas las carreras de grado y en fortalecer la enseñanza de inglés.

Respecto al nuevo ingeniero que se busca, insisten en el desarrollo de habilidades blandas, contrario al perfil más bien técnico que siempre caracterizó a la UBA. Algunas de las competencias que se mencionan son la creatividad, el pensamiento crítico, la persuasión, la negociación, la comunicación y la flexibilidad. En el medio, hay un apartado extra para el emprendedorismo, para impulsar iniciativas personales.

El gran punto, sin embargo, es qué hacer con las carreras. ¿La duración está bien o son demasiado largas? El tiempo formal son 6 años, pero eso no se condice con la realidad. En promedio, los estudiantes tardan 8,60 años en recibirse. Incluso en algunas especialidades como Electrónica, el promedio es de más de 10 años. El año pasado se graduaron 508 alumnos.

Una de las jornadas realizadas en Ingeniería para delinear el Plan 2020
Una de las jornadas realizadas en Ingeniería para delinear el Plan 2020

"La discusión está planteada y no hay una postura que sobresalga. Tenemos que reconocer que la duración formal es ficticia porque muy pocos lo logran. Lo que sucede es que nuestros grados tienen nivel de posgrado. Tienen mucho contenido, incluso se los ve como enciclopedistas, pero sacar materias y que pasen a ser de posgrado sería privatizar en parte la carrera porque las maestrías son aranceladas", planteó Martínez.

La solución que, por ahora, cobra más fuerza es sumar títulos intermedios a las carreras y se analiza la posibilidad de hacer confluir grado y posgrado. Es decir que los estudiantes de alguna de las doce carreras de grado puedan cursar materias en una especialización sin pagar y que luego esos créditos computen en caso de querer continuar la maestría. El esquema, entonces, quedaría: 4 años hasta un título intermedio, a priori, sin incumbencias; uno o dos años para convertirse en ingeniero y un año más para magíster.

Para llegar a eso, primero hay que sortear el CBC que, pese a que sostiene un crecimiento de inscriptos, sigue implicando un filtro enorme. "La idea no es tanto seguir aumentando la matrícula, sino mejorar las trayectorias de los estudiantes que ya tenemos", plantean. En esa línea, propondrán que se dicten más contenidos específicos de la carrera desde el vamos, incluso una carrera de introducción a la ingeniería.

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