La Botica del Ángel, el inigualable caos ordenado del arte kitsch

La Botica del Ángel desde adentro (Agustín Marcarian)
La Botica del Ángel desde adentro (Agustín Marcarian)

La fachada angosta no ofrece una noción de los 1.500 metros cuadrados que comprende. Su apariencia eclesiástica que le otorgó su pasado de iglesia tampoco representa con fidelidad la magia de su interior. Su inclusión dentro del barrio Monserrat rompe con la monotonía de los edificios lindantes. Parece agregado por error. Un reducto antiguo que se resistió a adaptarse a la modernidad. El cartel, sin embargo, es enfático. La Botica del Ángel.

El pasillo se estrecha y el laberinto artístico se abre paso. La duda acecha de inmediato: ¿por dónde empezar? ¿Qué mirar primero entre la sucesión interminable de obras, piezas de arte, detalles, curiosidades y estilos antagónicos -aparentemente- sin ninguna lógica que los secuencie?

Uno de sus tantos pasillos plagados de curiosidades (Agustín Marcarian)
Uno de sus tantos pasillos plagados de curiosidades (Agustín Marcarian)

El museo se mudó a Luis Sáenz Peña en 1969 en busca de más espacio para cobijar la infinidad y la variedad de reliquias artísticas. El primer local se había inaugurado tres años antes en Lima al 600, una casona de 5 metros de ancho y 30 de fondo. Lola Membrives, la ilustre actriz había dicho: "Bergara, esto es un teatro". Bergara era Eduardo Bergara Leumann, el ecléctico y brillante artista plástico, actor, vestuarista, conductor de televisión, creador de la Botica.

El espacio dedicado a Di Tella (Agustín Marcarian)
El espacio dedicado a Di Tella (Agustín Marcarian)

A los pocos días, Lola Membrives recitó "La Lola se va a los puertos", lo que marcó el punto de partida de la Botica como primer café concert del país. El traslado de la antigua ubicación a la nueva tuvo una ceremonia inaugural histórica detrás. Una caravana formada por un auto sin techo, a modo de carroza fúnebre, en el que se movilizaron un ángel con mascarón de proa y 100 artistas alrededor con velas encendidas.

La Botica se reinauguró en 1997 (Agustín Marcarian)
La Botica se reinauguró en 1997 (Agustín Marcarian)

En 1973, Bergara tuvo un presentimiento. Ya pocos años antes, la dictadura de Onganía había clausurado su primer local -tan exclusivo que su entrada salía 1.000 pesos de hoy y en donde desfilaban las figuras más rutilantes del arte local- producto de la instalación de una obra de Berni malinterpretada que buscaba simbolizar "abortos sociales" como el hambre, la marginación y el analfabetismo. Olía que se venía otra época de restricción. Entonces, prestó todas las piezas que cobijaba la Botica y emigró a Europa.

En 1967 había sido clausurada por la dictadura de Onganía (Agustín Marcarian)
En 1967 había sido clausurada por la dictadura de Onganía (Agustín Marcarian)

Volvió a principios de los '80, pero no fue hasta 1997 que decidió reinaugurar su museo escenográfico. "Le devolvieron todas las obras que había prestado y las que no, las fue a reclamar", dice a Infobae, entre risas, José Luis Larrauri, ex asistente personal de Bergara, hoy a cargo de la Botica.

Bergara Leumann pudo recuperar sus pertenencias tras su viaje a Europa (Agustín Marcarian)
Bergara Leumann pudo recuperar sus pertenencias tras su viaje a Europa (Agustín Marcarian)

La Botica, por su variedad farmacéutica. La fijación con los ángeles que le había insertado la actriz española María Casares resolvió su título. Dentro del museo hay reglas, aunque no lo parezca. Cada detalle está pensado. Nada es casual por más que parezca una sucesión inconexa de objetos kitsch.

El color azul predomina en el museo (Agustín Marcarian)
El color azul predomina en el museo (Agustín Marcarian)

El azul, el color preferido de Bergara, predomina en la Botica, aunque la diversidad impera. Del art decó a lo barroco, de lo antiguo a lo moderno, de una imponente sala teatral que destila mística tanguera con frases como "El tango es un pensamiento triste que se baila" y
"El tango es una posibilidad infinita" a un baño destinado exclusivamente a Shakespeare en donde se lee "No hay mejor teatro que el culo".

El Salón Carlos Gardel (Agustín Marcarian)
El Salón Carlos Gardel (Agustín Marcarian)

Carlos Gardel se apropia de la escena. Se exponen sus versos más emblemáticos, su vestimenta, sus cuadros, sus fotos y hasta un cheque con su firma. El laberinto continúa. La noción del espacio se pierde, pero por instinto se arriba a una cocina pensada para homenajear a Doña Petrona. "Y a todas las grandes cocineras que le siguieron", agrega Larrauiri. Subir las escaleras y llegar al Patio Francia, otra de sus paradas obligatorias donde el ambiente se descongestiona.

Los Ángeles  fueron una de las grandes obsesiones de Bergara Leumann (Agustín Marcarian)
Los Ángeles  fueron una de las grandes obsesiones de Bergara Leumann (Agustín Marcarian)

Bergara, ya con su salud maltrecha, murió en 2008, pero hasta el último día de su vida continuó con aportes a la Botica. Dedicó su tiempo y dinero a una creación indefinible y, a la vez, majestuosa. "Era un gran armonizador de la artes y no le importaba cuánto tenía que gastar. No tenia noción de la plata", comenta su ex asistente.

El espacio destinado a Eva Duarte de Perón (Agustín Marcarian)
El espacio destinado a Eva Duarte de Perón (Agustín Marcarian)

En su testamento, legó la Botica del Ángel a la Universidad de Salvador, confiado de que la institución pudiera cuidar y solventar los gastos de mantenimiento. Solo de mantenimiento porque en su museo no se admite ninguna pieza nueva. "Cambiar un cuadro de la Botica es como hacerle una raya a una pintura de Picasso. Esta es la obra de Bergara Leumann". Su gran obra personal y colectiva.

La Botica, la gran obra de Bergara Leumann (Agustín Marcarian)
La Botica, la gran obra de Bergara Leumann (Agustín Marcarian)

Información adicional

La Botica del Ángel retomará sus actividades en abril

Página web: Botica del Ángel

Teléfono: 011 4384-9396

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