
Víctor Valle asumió este miércoles como nuevo presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), entidad empresaria que reúne a ejecutivos y empresarios vinculados con la doctrina social de la Iglesia. El ex CEO de Google Argentina, donde trabajó durante 20 años y ocupó la máxima conducción local durante los últimos cinco, reemplazó a Silvia Bulla y dirigirá la institución por los próximos tres años. En este contexto, el dirigente sostuvo que el país enfrenta una etapa de transformación económica que requerirá “coraje”, capacidad de adaptación y consensos políticos de largo plazo.
En una entrevista exclusiva con Infobae, Valle afirmó que la Argentina atraviesa “las mejores condiciones” para desarrollarse desde que él nació, aunque aclaró que el proceso demandará tiempo y perseverancia. “Quizás haya sectores que tengan que reconvertirse. Pero es la única salida para la Argentina”, señaló. También defendió la estabilidad macroeconómica, el superávit fiscal y la necesidad de generar previsibilidad para atraer inversiones.
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El nuevo titular de ACDE, quien liderará la entidad por los próximos tres años, planteó además que el empresariado debe recuperar un rol central en la construcción del bien común y sostuvo que la inteligencia artificial abre una oportunidad para las empresas argentinas, especialmente para las medianas y pequeñas. Actualmente lidera Pieper AI, una consultora enfocada en procesos de adopción de inteligencia artificial dentro de compañías.
—¿Qué impronta le va a dar a ACDE durante su gestión?
—Queremos un ACDE que sea faro, que lidere y fomente la agenda relacionada con los valores en los cuales creemos. También queremos que sea un lugar de encuentro para los socios y para actores sociales con los cuales podamos unir esfuerzos para impactar mejor en el mundo empresario.
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Tenemos previsto formar grupos de referencia e insistir mucho en la formación de socios. El año pasado hubo 93 eventos de formación en áreas muy distintas: tecnología, ética, recursos humanos, sustentabilidad. Además, va a haber mucho foco en seguir desarrollando ACDE Federación, que es el trabajo en las provincias. Ya somos más de mil socios en todo el país y la idea es seguir creciendo. También queremos trabajar mucho con los jóvenes, porque estamos viviendo cambios profundos impulsados por la tecnología y ellos esperan respuestas. Y otro eje será difundir la figura de Enrique Shaw, que creemos que es un empresario referente y un ejemplo de cómo vivir los valores cristianos dentro del ámbito empresarial.
—¿Cómo ve hoy a la sociedad argentina y qué rol puede cumplir el empresariado en este contexto?
—El rol del empresario es esencial. El empresario lanza empresas para producir bienes y servicios que beneficien a la sociedad y tiendan al bien común. Esa es su responsabilidad específica. Creemos en una economía donde el crecimiento sea liderado por la inversión privada y donde se pueda vivir la Doctrina Social de la Iglesia dentro de las empresas. Eso implica respetar la dignidad de toda persona, promover trabajo digno, salarios dignos y herramientas para crecer. También implica ver la empresa no solamente como una entidad que busca rentabilidad, sino como una comunidad de personas que impacta positivamente en la sociedad. Si cada actor social hiciera su parte —el Gobierno, las empresas, las familias, las iglesias— el país andaría mejor.
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—¿Cómo analiza el actual contexto económico?
—Creo que después de muchos años la Argentina tiene un horizonte concreto de prosperidad. Tenemos industrias que podrían darnos estabilidad en pocos años. Pero no hay progreso sin estabilidad macroeconómica y previsibilidad. La Argentina fue distinta de los países vecinos justamente porque no tuvo esa previsibilidad. Y eso generó décadas de incertidumbre. Hoy hay algunos consensos que muchos actores sociales entienden como necesarios: cuidar el superávit fiscal, generar estabilidad y crear condiciones para que haya inversión privada. A los empresarios hay que seducirlos, no se los puede obligar a invertir. También es importante la libertad de empresa. Que el empresario pueda hacer lo que mejor sabe hacer.
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—Pero hay sectores industriales que no ven el panorama con tanto optimismo.
—Sin duda. Yo no hablo desde un optimismo ingenuo. Digo que tenemos que ir para adelante porque no hacerlo sería muy costoso para nuestros hijos y nuestros nietos. Claramente algunos la ven mejor y otros peor. Quizás haya sectores que tengan que reconvertirse. Pero es la única salida para la Argentina, porque ya tenemos otros países que lo hicieron y vecinos que también lo hicieron. Entonces, ¿por qué nosotros no podemos hacerlo? El otro día leía sobre una empresa francesa que durante 150 años cambió tres veces de actividad con éxito. Arrancó con caña de azúcar, después produjo ron, luego tuvo supermercados y ahora brinda servicios petroleros.
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—¿El empresario argentino está preparado para reconvertirse?
—El tema es que si hay estabilidad macroeconómica sustentable y te podés financiar a una tasa competitiva y tenés un plan de negocio concreto, la plata se consigue. Pero el financiamiento tiene mucho que ver con la confiabilidad de la economía, y eso lleva tiempo. Cuando tenés décadas de no respetar contratos, alta inflación y volantazos, hay una memoria. Por lo menos, hace falta una década de portarnos bien, de ser consecuentes. Y quizás una década difícil.
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En el pasado vivimos momentos donde el país salía rápidamente creciendo y todos nos entusiasmábamos, pero eso hacía que las cosas de base no se hicieran. Ahora quizás nos tocó algo que va en el sentido correcto pero requiere más perseverancia y va a ser difícil. Pero creo que vale la pena. Estamos sobreestimando los costos de corto plazo y subestimando la ganancia de largo plazo.
—¿Cómo avizora el 2026?
—Creo que la macroeconomía está yendo hacia el cuadrante correcto. El problema está más en la micro. Hay sectores empujando, una inflación que tenderá a bajar y una economía que se está desregulando. Pero esto requiere perseverancia. Si una empresa analiza invertir millones de dólares y teme que en pocos años vuelva un esquema de cierre económico o de incumplimiento de contratos, naturalmente será prudente. Hay sectores que hoy reciben mucha inversión, como minería, agro y energía. Y espero que más adelante eso se extienda a otros sectores también.
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—El Gobierno reafirma que quiere bajar impuestos pero no tiene margen fiscal. ¿Cómo se puede competir en igualdad de condiciones con una apertura total del mercado?
—A todos nos gustaría que todo estuviera resuelto rápidamente, pero no es sencillo. Creo que el empresario mira sobre todo la dirección. Hacia dónde va el país y qué garantías existen de que ese rumbo se sostenga. Está claro que el Gobierno quiere bajar impuestos, pero hoy la prioridad es la estabilidad macroeconómica y no hay mucho margen fiscal.
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—Trabajó 20 años en Google, fue el primer empleado de la compañía en la Argentina y CEO durante los últimos cinco, ¿por qué decidió irse?
—Estoy construyendo una consultora llamada Pieper AI. Lo que hacemos es ayudar a otras empresas a adoptar inteligencia artificial. Queremos tener como diferencial el criterio en las decisiones, el foco en impacto concreto y un enfoque humanista. Hoy muchas empresas tienen una enorme oportunidad para transformar sus negocios con IA y no saben por dónde arrancar. Nosotros trabajamos con el CEO y los equipos directivos para entender el negocio, detectar oportunidades y acompañar el proceso de adopción.
—¿Qué tan preparado está el empresariado argentino para incorporar inteligencia artificial?
—El avance es exponencial. Cada pocos meses aparece un salto importante en capacidad tecnológica. Pero creo que esto representa una oportunidad para las empresas argentinas. A las compañías más grandes muchas veces les cuesta más cambiar porque ya tienen procesos y culturas muy arraigadas. En cambio, las empresas medianas suelen ser más ágiles para adoptar nuevas tecnologías.
El costo de acceso hoy es relativamente bajo comparado con otras revoluciones tecnológicas. Por eso creo que es principalmente una cuestión de tiempo y formación. Para mí, la clave es formar al empresario y formar a los empleados con sentido de urgencia. Creo que la discusión tiene que darse de manera profunda. Si una persona utiliza IA solamente para resolver tareas automáticamente, probablemente aprenda menos. Pero si usa pensamiento crítico, creatividad y curiosidad, la IA potencia muchísimo sus capacidades.
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