
La economía argentina fue en 2024 la quinta economía más cerrada del mundo, según un ranking internacional elaborado en función del porcentaje que las importaciones tienen en el Producto Bruto Interno (PBI) de cada país.
Si se lee ese ranking desde abajo (es decir, desde aquellos estados que menos importan en relación al tamaño de su PBI) la Argentina aparece quinta, detrás de Sudán, Venezuela, Turkmenistán y Etiopía. El Top 10 se completa, entre otros, con Venezuela, Estados Unidos y China, economías que, por distintos motivos, muestran una baja participación de las compras externas en relación con su PBI.
En casos como los de China y EEUU pesa mucho el tamaño de la economía, del mismo modo que las economías más “abiertas” del mundo son en general pequeñas y organizadas de un modo que hace que el volumen económico de las importaciones supere el 100% del PBI.
El relevamiento toma como indicador central las importaciones como porcentaje del PBI, una variable utilizada de manera habitual para analizar el grado de apertura o cierre de una economía. Según el criterio metodológico del ranking, “el peso de las importaciones en relación con el PBI permite comparar cuánto dependen los países de bienes y servicios producidos en el exterior”, una definición que resume el enfoque del trabajo difundido por Visual Capitalist, medio especializado en visualizar datos económicos y financieros, que elaboró el informe a partir de estadísticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
Argentina y las economías más cerradas
En ese contexto, Argentina aparece en el puesto número cinco entre las diez economías más cerradas del planeta, con importaciones equivalentes al 13% del PBI. Por encima se ubican Sudán, con apenas 1%; Venezuela, con 9%; Turkmenistán, con 11%; y Etiopía, con 12%. Por debajo de Argentina figuran Estados Unidos (14%), Bangladés (16%), Pakistán (17%), China (17%) y Chad (18%).
El ranking pone de relieve que la condición de “economía cerrada” no responde a una única causa ni a un mismo perfil productivo. En algunos casos, se trata de países con fuertes restricciones comerciales, conflictos internos o limitaciones estructurales. En otros, como Estados Unidos o China, el bajo peso relativo de las importaciones está vinculado al tamaño de sus mercados internos y a la amplitud de su estructura productiva, que reduce la necesidad de abastecerse en el exterior en proporción al PBI.
La inclusión de Argentina en este grupo responde a una combinación de factores. El bajo nivel de importaciones en relación con el producto refleja tanto restricciones macroeconómicas como limitaciones de acceso al mercado de cambios, además de una estructura productiva con dificultades para integrarse de manera sostenida al comercio internacional. El indicador no mide flujos comerciales en términos absolutos, sino su peso relativo dentro de la economía, lo que explica por qué países con grandes volúmenes de importaciones pueden aparecer como “cerrados” si su PBI es aún mayor.
El contraste con las economías más abiertas del mundo
El contraste se vuelve más evidente al observar el otro extremo del ranking. Entre las diez economías más abiertas del mundo, el peso de las importaciones supera ampliamente el 100% del PBI en varios casos. Hong Kong lidera el listado con importaciones equivalentes al 178% del PBI, seguido por Luxemburgo (160%), San Marino (155%) y Singapur (144%). Completan el top ten Yibuti (115%), Nauru (111%), Seychelles (103%), Kiribati (102%), Irlanda (102%) y Malta (100%).
En estos países, la elevada participación de las importaciones suele estar asociada a su rol como centros logísticos, financieros o comerciales, a economías pequeñas y altamente integradas al comercio global, o a modelos productivos basados en la reexportación. En varios casos, las importaciones superan al PBI porque los bienes ingresan al país para luego ser procesados o reenviados a otros destinos.
El informe destaca que “las economías pequeñas tienden a depender más del comercio exterior, ya que no cuentan con mercados internos amplios ni con una base productiva diversificada”, una característica que explica por qué los primeros puestos del ranking de economías más abiertas están ocupados por territorios con baja población y alto grado de integración internacional.
La comparación entre ambos extremos permite dimensionar la posición relativa de Argentina en el mapa global del comercio. Mientras los países más abiertos muestran una fuerte interdependencia con el mercado mundial, las economías más cerradas presentan un menor intercambio de bienes y servicios con el exterior en relación con su nivel de actividad. En el caso argentino, el 13% de importaciones sobre el PBI la coloca muy por debajo del promedio de las economías desarrolladas y emergentes con mayor inserción internacional.
El ranking no evalúa políticas comerciales específicas ni emite juicios de valor sobre los modelos económicos, sino que se limita a ordenar a los países según un indicador cuantitativo. Aun así, el resultado ofrece una referencia clara sobre el grado de integración comercial de cada economía y permite comparar realidades muy distintas bajo un mismo criterio estadístico.
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