
Aunque los modelos más baratos de casi todas las marcas tengan todavía la versión de acceso equipada con mecánica convencional, cada vez son más los fabricantes que ofrecen entre sus modelos más baratos una opción de caja automática en el mercado argentino.
En general, no se trata de una caja automática muy sofisticada, las conocidas como de “doble embrague”, sino todo lo contrario. Son las cajas CVT (Transmisión de Variador Continuo, en inglés), que aunque no lo parezca, son incluso más económicas para los fabricantes, ya que se reemplazan muchas piezas y comandos que tienen las cajas de cambios comunes -tanto internos como externos-, por un sistema que está compuesto por menos partes con un mecanismo muy simple.
Se ahorra en engranajes, en varillajes, pero también en eliminar el pedal de embrague y todo lo que implica que ya no se accione el embrague con un pie sino autónomamente. Son más económicas y, por lo tanto, más accesibles a los usuarios que diez años atrás tomaban las transmisiones automáticas como un lujo muy caro. Sin embargo, también tienen un porcentaje muy alto de rechazo por parte de los conductores, muchos de los cuales no saben cómo utilizarlas adecuadamente.

Una caja de cambios sin cambios
Una caja CVT consta esencialmente de dos conos invertiros unidos por una correa. Un cono está conectado a los giros del motor y el otro al de las ruedas. Como funciona en una bicicleta, cuando el cono del motor tiene la correa en su parte más chica (lo que sería la corona de la bici), el otro cono está en la sección más grande (el piñón más chico), y esto representa lo que en una caja común es primera y segunda marchas. A medida que sube la velocidad, la correa se desplaza hacia el medio de ambos conos, lo que serían tercera y cuarta; y cuando se llega a las velocidades altas, el cono del motor está en la sección más grande y el de las ruedas en el menor, entonces las ruedas giran más rápido que el motor.
Lo que hay que hacer para conducir correctamente este tipo de transmisiones es entender que al no haber engranajes, no hay cambios, y aunque al conducir se sientan saltos de revoluciones y en los tableros de los autos se lean esos cambios, no son reales sino simulados. Lo que hacen las computadoras de los autos con estas transmisiones es dar pequeños saltos en el recorrido de la correa a través de los dos conos para darle a los conductores la sensación de estar haciendo cambio de marchas que no existen. El sistema no tiene cambios, sino una variación continua de la relación entre la velocidad del motor y las ruedas.
Un sistema similar es el conocido como caja automática con convertidor de par, que si bien genera el mismo tipo de comportamiento, actúa internamente con un sistema de hélices internas que reemplazan al disco de embrague.

Sin respuesta en una esquina
Uno de los momentos en los cuales estas cajas entran en crisis para los conductores es cuando se dobla una esquina o se cruza una calle a muy baja velocidad. Al presiona el acelerador no hay respuesta, porque lo que se está haciendo es pedirle al motor que salga como si estuviera en segunda marcha. Pero esa marcha no existe, es el primer salto dentro del cono, que se programa en determinado lugar para quedar escalonado con los otros cambios en la simulación de marchas con cierta secuencia lógica.
El problema es que en estos sistemas, ese primer salto está muy lejos del punto de partida de los conos y, por lo tanto, si se acelera mucho el motor tendrá que ir a primera marcha, que es demasiado corta. Así se produce una “laguna” en la que el auto no reacciona a la velocidad que le pide el pie derecho en el acelerador.
Pero si se acelera suavemente, apenas un centímetro o dos del pedal derecho, el motor no saltará hacia atrás y empezará a ganar velocidad progresivamente por la propia acción del sistema. Por lo tanto, se trata solo de controlar de la ansiedad y dejar atrás la costumbre a un cambio mecánico y no electrónico.
Aunque casi todos los autos con estas transmisiones con una opción que permite colocar la palanca en posición manual para decidir cuándo hacer esas marchas simuladas, algunos modelos tienen levas al volante como un modo de facilitar ese paso manual de marchas sin tener que cambiar la palanca de posición.

La ventaja de las levas
La ventaja de las levas radica en que al ser cambios electrónicos y no mecánicos, si el conducto acciona las levas para pasar, por ejemplo, de cuarta a tercera y no vuelve a hacer otro cambio de modo manual, luego de unos 15 segundos (puede variar según la marca), el sistema restaura nuevamente el modo automático. Así, en el tablero se lee P3 y pocos segundos más tarde se vuelve a mostrar la letra D.
Si se tiene esa opción, la combinación de caja CVT o de convertidor de par con levas es mucho más amigable para el conductor, que podrá regular la conducción entre accionamientos manuales y automáticos, ahorrando notablemente en el consumo de combustible.
Hay muchos usuarios que no se acostumbran a este modo lento de hacer las marchas, pero deben saber que no es gratis tener una caja automática en un auto de acceso. En algún lado está la pérdida. Cada uno debe decidir qué prefiere, si tener un pedal de embrague o una caja de este tipo, o bien comprarse un auto más caro con una caja automática mecánica que le devolverá el placer de conducir como siempre lo hizo.
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