
Aunque todavía el resultado de las elecciones legislativas está fresco y falta para que arranque el 2026, el equipo económico empieza a dar pistas concretas sobre cómo piensa encarar el año próximo: se mantienen las bandas cambiarias, pero al mismo tiempo avanzando en la remoción total del cepo.
El objetivo final es retomar el crecimiento, luego de muchos meses de estancamiento, y la tendencia de descenso de la inflación, que también había entrado en pausa en los últimos meses.
Luis Caputo reafirmó lo que ya venía sosteniendo incluso antes de las elecciones: no hay planes para abandonar las bandas cambiarias. El ministro de Economía considera que dejar flotar al dólar puede funcionar, pero “no vale la pena correr el riesgo”. Y dejó una frase para justificar el mantenimiento del actual esquema cambiario: “Queremos que los argentinos puedan dormir tranquilos, sabiendo cuál es el valor del dólar al otro día”.
La frase remite a otro concepto que Caputo utilizó mucho cuando estaba al frente de su consultora Anker, previo a ser convocado por Javier Milei. En ese momento rechazaba la posibilidad de una flotación cambiaria: “No digo que no pueda funcionar, pero existe una chance de que no funcione”.
Ni Caputo ni el presidente parecen muy convencidos de los beneficios que una flotación cambiaria le otorgaría a la Argentina. Y está claro que prefieren mantener el esquema de bandas para dar una mayor certidumbre sobre la cotización del dólar. Previo a las elecciones fue necesaria la intervención del Tesoro norteamericano para que no se supere el techo de la banda, pero ahora se ubica más de 5% debajo del techo, que es de alrededor de $1.500.
Los que prefieren ir hacia una flotación libre sostienen como uno de los principales argumentos que le permitiría al Banco Central un margen de maniobra mucho más grande para acumular reservas. Lo que lleva implícito este razonamiento es que las compras necesarias para aumentar el stock de reservas llevaría al tipo de cambio a un nivel bastante más alto que el techo actual.
Otra de las discusiones es si el ajuste mensual debiera mantenerse en 1% o podría elevarse 1,5% por mes, teniendo en cuenta que la inflación se mantiene por ahora arriba del 2%. Aunque le atribuyeron esa posibilidad a un comentario de Caputo en Nueva York, desde el ministerio de Economía lo niegan.
El vicepresidente del Central, Vladimir Werning, adelantó durante una presentación en el Argentina Fintech Forum, que la idea de la administración es avanzar hacia una remoción de las restricciones cambiarias que pesan sobre las empresas. En otras palabras, dejó trascender que se apunta a remover lo que queda del cepo para el año que viene, tras haber liberado la compra de dólares solo para personas en abril de este año.

Si bien no dio fechas concretas para avanzar en esa dirección, la lógica indica que sería más cerca del segundo trimestre del año próximo, cuando ingresa el grueso de los dólares de la cosecha gruesa.
Una liberalización cambiaria plena permitiría a su vez un mayor ingreso de capitales del exterior. Y al mismo tiempo dejaría a la Argentina muy cerca de convertirse nuevamente en “mercado emergente”, lo que implica que un importante volumen de fondos internacionales pasarían a comprar acciones argentinas solo para copiar al índice MSCI.
La última vez que ocurrió esto fue en 2019, sobre el final del gobierno de Mauricio Macri, pero se trató de algo efímero porque a los pocos meses se reimplantaron los controles cambiarios. Desde entonces el mercado local quedó sin una categoría específica, como “stand alone”.
Salir definitivamente del cepo apunta a consolidar la recuperación económica, mientras que mantener las bandas cambiarias ayudaría a acelerar la baja de la inflación. De acuerdo al último Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA, este año finalizaría con un índice apenas por debajo del 30% para bajar a menos de 21% el próximo. Pero para para que esto sea una realidad es imprescindible que el tipo de cambio se mantenga lo más estable posible y que las subas -en caso de producirse- sean graduales.
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