
En medio del aumento de precios reflejado en las últimas semanas, distintos referentes del sector cárnico pusieron en duda el valor agregado que ofrece el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA) respecto a la colocación de los productos en el exterior y advirtieron sobre el impacto de su financiamiento en los costos. Proponen que el aporte sea privado y voluntario.
Desde la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMYA), en un encuentro de la Mesa de las Carnes, abrieron el debate sobre la conveniencia de sostener la entidad bajo su actual esquema de aporte obligatorio.
“Creemos que es momento de replantear su rol y definir si realmente otorga valor al sector o si, en cambio, es necesario reformularlo para que su financiación sea privada y voluntaria. Actualmente, la promoción internacional de la carne argentina, que representa uno de los principales destinos de los fondos del IPCVA, enfrenta un problema estructural: la exportación se realiza con una moneda diferencial que, lejos de potenciar el negocio, lo limita”, aseguraron en un comunicado.
“Mientras tanto, el consumo interno—que representa una parte fundamental del mercado cárnico—ha quedado completamente relegado de los esfuerzos de promoción. La pregunta es inevitable: ¿por qué insistimos en destinar recursos a la promoción externa cuando el verdadero desafío es fortalecer toda la cadena ganadera? Hoy, el sector enfrenta problemas concretos, como la falta de recursos para temas esenciales como la trazabilidad ganadera y la implementación de caravanas. Si el Estado y los organismos competentes reconocen que no hay fondos suficientes para sostener cuestiones básicas de la producción, ¿por qué no repensar la asignación de esos recursos?”, añadieron.

En diálogo con este medio, Sergio Pedace, vicepresidente de CAMYA, contó que el financiamiento al IPCVA suma $1209 en total por animal faenado, de los cuales $375 aporta la industria y $834 el productor. “Se faenaron 14 millones de cabezas de ganado en el 2024, y tendrían que haber recaudado alrededor de USD 15 millones para promover la carne en el exterior”, precisó el directivo.
Y afirmó: “El instituto era para promover más venta de carne y antes consumíamos 60 kilos por habitante y ahora bajamos a 40. No tiene sentido seguir gastando plata en algo que no da resultado”. Remarcó que este se creó a fines del 2001, cuando “el país se estaba prendiendo fuego” e impusieron un gasto innecesario, tanto para el productor como para el frigorífico.
CAMYA también destacó que “en lugar de financiar obligatoriamente una promoción exterior con dudosos resultados, podríamos apostar a fortalecer la ganadería en su conjunto, generando un verdadero efecto derrame sobre toda la actividad. A esto se suma un punto clave: el costo de este aporte obligatorio recae sobre toda la cadena de producción y comercialización, convirtiéndose en una variable más en la formación del precio de la carne. Como sucede con cualquier otro costo en la estructura del sector, el impacto final termina absorbiéndolo el último eslabón de la cadena, que no es otro que el consumidor”.
Al respecto, en las últimas dos semanas se registró un aumento importante de la carne, con alzas de hasta 21% en algunos cortes. El kilo de asado ya cuesta $12.600 en promedio y el lomo, $16.699. Entre los factores que impulsaron los precios, se encuentran las lluvias que se sucedieron a lo largo del país, el retraso acumulado en el último año y la probabilidad de una menor oferta de hacienda este año.

En este sentido, CAMYA consideró: “Si realmente queremos una carne más accesible para los argentinos, no alcanza con eliminar costos innecesarios: es imprescindible aumentar la oferta de hacienda, lo que solo se logrará gestionando eficientemente los recursos, reduciendo impuestos y eliminando distorsiones que hoy encarecen la producción y comercialización”.
“La presión fiscal y las trabas burocráticas solo contribuyen a frenar la expansión del rodeo y reducir la competitividad del sector. Menos cargas impositivas y una estructura más eficiente permitirán producir más, exportar mejor y ofrecer carne a precios más accesibles en el mercado interno. El consumo interno, históricamente el pilar del mercado de la carne en Argentina, ha sido dejado de lado en las estrategias del IPCVA. Hace años que no recibe un impulso real por parte del Instituto, lo que pone en evidencia que su estructura actual no responde a las necesidades del sector”, agregó el comunicado.
En el sector deslizaron la posibilidad de que el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, lo cierre en el marco de una serie de medidas de “Motosierra 2.0″, a través de un megadecreto al estilo del 70/2023, que incluiría la eliminación, cierre o fusión de más de 50 cargos y organismos públicos. No obstante, desde la cartera dijeron que aún no hay detalles sobre los que se cerrarán.
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