
El reinado del Bonar 2030, más conocido en el mercado como AL30, parece agotado y está dejando lugar a otros bonos dolarizados, que lucen más atractivos para los inversores. En las últimas semanas se multiplicaron las recomendaciones del nuevo título, que además tuvo un aumento significativo de su cotización. Fue, de hecho, muy notorio el flujo de fondos del mercado local y también del exterior que aprovechó lo que para muchos analistas es una muy buena oportunidad.
El título en cuestión es el Bopreal 26, que en el mercado se puede comprar como BPY6D. El atractivo que despertó fue tal que solo en agosto achicó su rendimiento desde 25% a “solo” 18% anual en dólares. O sea para los que “la vieron” ya contabilizan una ganancia en dólares del 11,5% en el último mes.
La contracara de esta mejora de los títulos dolarizados es que el riesgo país tuvo un significativo retroceso el mes pasado, ya que descendió desde 1.600 puntos básicos a niveles cercanos a 1.400. Pero el equipo económico precisa que vaya debajo de 1.000 puntos para recuperar algún grado de financiamiento en los mercados internacionales. Así se descartaría la posibilidad de una reestructuración de la deuda, que sigue siendo una suerte de espada de Damocles para la Argentina.
Las distintas series de Bopreal fueron emitidas durante los primeros meses del año. Los recibieron los importadores como pago por los dólares que en su momento no pudo entregar el Banco Central, especialmente entre 2022 y 2023. Fueron casi USD 10.000 millones, distribuidos en tres grandes “paquetes”, cada uno con sus características. Vencen en 2025, 2026 y 2027.
¿Por qué este título generó casi repentinamente un fuerte atractivo para los inversores que decidieron aumentar su participación en activos argentinos? Hay varias respuestas. Una de ellas es que se trata de un bono más corto, pero que sobre todo vence durante el actual mandato. Por lo tanto, habrá un especial interés de parte del Gobierno por honrar este pago de deuda.
Los Bopreal fueron emitidos por el Banco Central, que al menos en teoría tendría una capacidad mayor de pago de deuda en dólares que la del Tesoro. En la historia de los default de la Argentina, quien habitualmente no pudo cumplir con sus compromisos es justamente el Gobierno, no así el BCRA.
Aunque el hecho de tener reservas en su activo daría cierta garantía, está claro que en caso de una crisis también podría tener problemas para honrar ese compromiso. Más allá de esto, está claro que el mercado pondera mejor una deuda en cabeza del BCRA que del Tesoro.
Esta serie de Bopreal 2026 empieza a devolver intereses de manera trimestral en noviembre del 2024, es decir en un par de meses y tiene una tasa fija de 3% anual (obviamente el rendimiento es mucho mayor al comprarlo debajo de la paridad).
El capital se empieza a pagar en noviembre del año próximo en tres cuotas trimestrales, con vencimiento en mayo de 2026.
Esto implica que se trata de un título muy corto, cuya duración es de apenas 1,5 años, pero que financieramente todavía es más corto ya que se va pagando intereses y capital antes del vencimiento.
Al tratarse de un bono corto, que está por pagar intereses y que justo después de las elecciones legislativas empezará con la amortización de capital, se vuelve doblemente atractivo para inversores más conservadores.
El dato clave es que los bonos en dólares que emite el Gobierno como también la deuda provincial y las Obligaciones Negociables de empresas son instrumentos elegibles para aquellos que entran al blanqueo.
Por lo tanto, es probable que en las próximas semanas al menos una porción de lo que vaya ingresando al sistema para regularización de activos termine en estos instrumentos. Es posible que la suba tanto de los Bopreales como en una escala inferior de los Bonares (que son los que surgieron de la renegociación de la deuda en 2020) esté relacionada en parte con este aspecto.
De hecho los depósitos en dólares del sector privado vienen creciendo y seguramente se acelerarán en septiembre, teniendo en cuenta que a fin de mes vence la opción para blanquear dinero en efectivo. Para los montos de hasta USD 100.000 la regularización no tiene costo, mientras que cifras superiores podrán destinarse a un menú de inversiones, entre ellas títulos dolarizados.
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