
El final de junio es siempre un momento crítico para la disponibilidad de dinero en efectivo, por la estacionalidad que impone el pago del aguinaldo. Los bancos demandan más billetes para llenar sus cajeros automáticos. Con algunos contratiempos, el Banco Central podrá sobrellevar ese pico de pedidos de efectivo en parte gracias a la llegada del papel de 10.000 pesos. El nuevo billete comenzó a llenar las bóvedas de los bancos y a ser distribuidos en la línea de cajas, pero su llegada a los cajeros automáticos y a las máquinas de autoservicio apenas arrancó.
El Banco Central ya distribuyó 211,6 millones de billetes de $10.000, un 27% de la partida total de 770 millones de unidades que el Gobierno le compró a China Banknote Printing and Minting Corporation (CBPM), el equivalente a la Casa de la Moneda de ese país. En el comienzo de junio, en algunos bancos hubo quejas por pedidos de billetes incumplidos por parte del BCRA, pero en los últimos días la situación se subsanó y no se esperan problemas de abastecimiento de dinero.
No obstante, los billetes de $10.000 casi no se encuentran los cajeros automáticos, según admiten en las entidades. En la mayoría de los casos se distribuyen a través de las cajas físicas, con lo que trajo cierto alivio a comercios y empresas que hacen pagos en efectivo y ya no tienen que mover los billetes en valijas, como ocurre si usan billetes de $1.000. Un billete de $10.000, desde luego, reduce el volumen a trasladar a la décima parte.
El problema es que cada banco debe asumir el costoso operativo de calibrar o actualizar cada uno de los 19.000 cajeros que funcionan en la Argentina. Y esa tarea implica inversión y, sobre todo, tiempo. A su vez, una vez adaptados, los cajeros con billetes de $10.000 requerirán menos recargas, lo que implica un ahorro para los bancos. Pero mientras tanto, salvo excepciones, los cajeros siguen llenándose con billetes de $1.000 y $2.000, lo que reduce su capacidad y su vida útil. En el pico de demanda por el pago de aguinaldos, incluso, muchos bancos usan billetes de 500 pesos para completar sus cajeros automáticos.
Algo similar todavía ocurre con el billete de $1.000 con la imagen de José de San Martín, que salió a la calle en julio del año pasado. Muchos bancos aún no lo utilizan en sus cajeros y terminales de autoservicio, justamente por la falta de calibración de los dispositivos. Prefirieron advertir a sus clientes que esos billetes no pueden depositarse en sus máquinas.
Diversas fuentes del sector bancario aseguran que la demora va a persistir. Las redes de cajeros, Banelco y Red Link, ya hicieron su parte y ahora cada banco debe iniciar la tarea, sucursal por sucursal y equipo por equipo. Y no todos los bancos lo harán a la misma velocidad. La cantidad de billetes distribuida no es tan abundante, algo que tampoco ayuda a acelerar el operativo, en especial en el interior del país.
Por otra parte, los bancos saben que en diciembre deberán encarar una operativo similar. Para entonces, anticipó el BCRA, llegará el billete de $20.000. El plan que implementó el BCRA apuntó a que la aparición de los dos billetes nuevos que lleguen en 2024 coincidan con los dos picos de demanda de efectivo: el actual, con el pago del aguinaldo de junio, y el más relevante, el de la segunda quincena de diciembre. Allí se sumará el pago del segundo aguinaldo y otros extra salariales al movimiento comercial de las fiestas y el turismo. Para ese entonces, el Central prometió empezar a poner en la calle el nuevo papel de $20.000.

Aún con el vertiginoso crecimiento de los medios digitales de pago, que combina a varias herramientas cada vez más aceptadas por los usuarios (transferencias, tarjetas, pagos con QR, billeteras de bancos, billeteras fintech, etc), en la Argentina los billetes siempre están al borde de la escasez. La situación de la Casa de la Moneda contribuye al escenario de incertidumbre: su capacidad de producción es muy limitada, por lo que el BCRA se obligado a seguir acudiendo a la importación de billetes terminados.
Por supuesto, todo el esquema del dinero en efectivo está atado a la evolución de la inflación y al poder adquisitivo que puedan tener esos papeles en el bolsillo. Al valor actual del dólar libre, el nuevo billete de $10.000 vale 7,70 dólares. Si estuviera en la calle hoy, el de $20.000 valdría 15,40 dólares. Para operaciones de cierto volumen, la cantidad de billetes necesaria seguirá siendo enorme.
La inflación dejó atrás a los billetes de 200 pesos o menos. Desde el año pasado, o incluso antes, esos papeles dejaron de imprimirse y su cantidad en la calle es cada vez menor, ya que cuando se deterioran son retirados de circulación, y no se reponen. La cantidad de billetes de $500 y $1.000 en circulación creció este año apenas un 15% y un 8%, respectivamente. Todos los cañones apuntaron a los billetes de $2.000, cuya circulación creció un 280% en 2024.
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