
Hace algunos meses, un argentino llamado Ricardo Clarke, quien vive hace 40 años en Noruega y ha sido elegido concejal de su ciudad Bodø, capital de la provincia de Nordland, fue convocado por el gobierno de ese estado del norte del país escandinavo, para ser la cara visible de una campaña publicitaria por la cual se invita a los ciudadanos a utilizar el transporte público bajo el lema “dejá tu auto en casa, usá buses eléctricos”.
El sábado pasado, Clarke izó la bandera argentina en la puerta de su casa como hace cada año en la semana de mayo para festejar a la distancia con su añorado país, donde las cosas son completamente distintas en casi todos los aspectos, especialmente los económicos, y por supuesto también en relación con la movilidad personal y el transporte público. A tal punto ha llegado esa diferencia que hoy, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es más barato ir y volver del trabajo en auto que hacerlo usando la red de subterráneos.
Por supuesto que la comparación con Noruega es caprichosa y circunstancial, y sólo obedece a que un argentino es protagonista de un movimiento por el cual se pretende fomentar el uso de los colectivos eléctricos. En la Argentina no sólo no existe una Ley de electromovilidad y no se fabrican autos eléctricos de marcas generalistas, sino que los modelos que llegan desde otros continentes pagan muchos impuestos como el 35% de arancel de importación, el 17,5% de impuesto PAIS y el 20 o 35% de impuesto interno según el segmento al que pertenezcan. De modo tal que esa tecnología es casi inviable para la mayoría de los ciudadanos.

Aquí las opciones son sólo dos: viajar en medios de transporte público o en un vehículo particular, sea propio o no, sea auto o moto. Y es justamente en ese punto donde han cambiado las condiciones en los últimos tiempos. Cualquier tipo de medio de transporte público estaba fuertemente subsidiado hasta hace algunos meses, lo que permitía tener costos de viajes individuales a precios realmente bajos, tanto si fuera en colectivo, tren o subterráneo. Usar automóvil no era una opción conveniente salvo para distancias más largas de lo común por cuestiones de tiempo o para múltiples pasajeros por vehículo. Por eso el “Boom de las motos de 110cm3″, ya que ofrecen viajes económicos con una inversión accesible, pero el auto no era negocio.
Sin embargo, con los últimos aumentos de tarifas, algunos precios han subido tanto que el costo puro dejó de ser conveniente. El ejemplo extremo es el del subterráneo. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el subte pasó a costar $574 para los primeros 20 viajes, $459,20 para quién hace hasta 30 viajes mensuales y $401,80 para los que llegan a los 40 viajes por mes, lo que podría usarse como referencia de un trabajador que usa el servicio de lunes a viernes para ir y regresar del trabajo a su casa. En el caso de la tarifa más alta, el viaje de ida y vuelta costaría $1.148 por día, con la tarifa intermedia $918 cada jornada, y con la más accesible de las tres, cada persona gastaría $803,6 por día. Ayer, la Justicia ordenó poner un freno a estos incrementos.
En el caso del ferrocarril urbano y suburbano, los precios son ahora de $200 para la sección 1 (hasta 12 km de distancia), $260 la sección 2 (de 12 a 24km), y $300 la sección 3 (más de 24km). Aquí, el viaje de ida y vuelta sería de $400 para la primera sección, $520 para la segunda y $600 para la tercera. Mientras que el boleto de colectivo urbano está en $270 hasta 3 km, $300 hasta 6 km, $324 hasta 12 kilómetros.

Con estas nuevas tarifas, la comparación con el costo de moverse en auto es sorprendentemente mucho más lógica ya que un auto mediano consume, en promedio, un litro cada 12 kilómetros en tránsito suburbano y un litro cada 10 kilómetros en plena ciudad. Con el precio del litro de combustible Súper, que en provincia de Buenos Aires se acerca a los $970 pero en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires está en $910, la relación entre el costo de moverse en transporte público o en un automóvil, más allá de la inversión que implica comprar un vehículo y mantenerlo, ha cambiado completamente a partir del ajuste tarifario metropolitano.
Hacer 12 kilómetros en auto cuesta $910 pesos en CABA y ese mismo recorrido en subte cuesta $574 para un viaje ocasional pero $401 para uno frecuente. Sin embargo, si la distancia a recorrer para llegar de casa al trabajo fuera la mitad, con el mismo litro de combustible se podría ir y volver, pero en subte el costo pasaría a duplicarse y sería de $1.148 para un viaje ocasional y de $802 para uno cotidiano. En colectivo, haciendo dos tramos de hasta 6 kilómetros cada uno, el costo diario es de $600 por persona y en tren, siempre en la misma distancia, $400 por persona por día.
Si bien el auto es más caro que todas las alternativas posibles dentro de la ciudad de Buenos Aires, salvo la de un subte con la tarifa sin descuentos por cantidad de viajes, el costo sería el mismo si viajan dos, tres o cuatro personas en el mismo vehículo, mientras que en el transporte público se multiplica por la cantidad de personas que viajan. Así, si el auto es parte del patrimonio familiar y no se cuentan los costos generales como el seguro, la patente y los servicios periódicos amortizados por kilómetro, llevar a los chicos al colegio, es más barato en auto que en subte, colectivo e incluso tren.
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