
Una delegación de funcionarios del Ministerio de Economía partió anoche desde Buenos Aires con destino a Washington para involucrarse de manera presencial en el tramo final de las negociaciones técnicas con el Fondo Monetario, y que terminará por definir cómo será el esquema de desembolsos en lo que resta del año y las nuevas metas condicionales, entre ellas la del déficit fiscal y la de acumulación de reservas, que marcarán los límites en los que se deberá mover la política económica durante la campaña electoral.
Luego de varias semanas de trascendidos y versiones del inicio del cara a cara entre el Gobierno y el FMI en la capital norteamericana, el calendario cada vez más estrecho para el pago de vencimientos y el inicio del receso de verano en el organismo aceleró los tiempos sobre el final. Un equipo del Palacio de Hacienda se mantendrá en Washington durante toda la semana para darle forma final a la nueva etapa del programa Extended Fund Facility (EFF). No se descarta, incluso, la llegada de Sergio Massa a los Estados Unidos para el apretón de manos definitivo.
El equipo que se subió al avión en Buenos Aires estuvo integrado por los tres principales interlocutores ante el Fondo Monetario e integrantes de la mesa chica de Massa: el jefe de asesores Leonardo Madcur, el viceministro de Economía Gabriel Rubinstein, el vicepresidente del Banco Central Lisandro Cleri y uno de sus directores, Jorge Carrera. También forma parte de la comitiva el secretario de Hacienda Raúl Rigo, quien se sumará hoy.
La discusión presencial en los Estados Unidos arrancará a pocos días de que pesen sobre la hoja de ruta algunas fechas decisivas: en primer lugar, el 31 de julio tendrán lugar dos hecho relevantes. Para esa fecha el Ministerio de Economía decidió postergar los tres pagos de deuda al organismo que estaban distribuidos a lo largo de julio. Son poco más de USD 2.660 millones. Ese día, también, comienza el receso de verano norteamericano que clausura durante algunos días la actividad del FMI.
No habrá, entonces, sesiones del directorio -el que tiene que dar la aprobación final del acuerdo técnico al que se arribe con el staff- hasta el 11 de agosto. Antes, el 1° de agosto, operará otro vencimiento con el Fondo Monetario, en este caso de intereses, por unos USD 830 millones.

La pregunta que sobrevuela es cómo hará el Palacio de Hacienda para poder afrontar esas obligaciones de pago si no contara antes con desembolsos. En junio ya acudió a la ingeniería de combinar Derechos Especiales de Giro (DEG) remanentes con el uso de yuanes del swap de monedas con China para saldar USD 2.700 millones. Para este mes solo cuenta con renminbí.
Massa y su equipo también deberán dejar definidos en los próximos días otros elementos clave del programa renovado. Entre ellos, cómo quedarán determinadas las metas trimestrales en lo que resta del año. Las que habían sido planteadas en su versión original quedaron vetustas por el impacto que tuvo la sequía en las cuentas públicas, que hizo imposible alcanzar las cifras condicionales de acumulación de reservas.
La partitura del acuerdo también incluiría, de manera central, dos recalibraciones: la del ritmo de desembolsos que estaría dispuesto a girar el Fondo Monetario -es decir, si habrá y en qué medida anticipos o se ceñirá al cronograma original- y si habrá algún alivio en el calendario de devolución del préstamos Stand By de 2018. El espíritu del Extended Fund Facility fue que los desembolsos estuvieran “calzados” en su mayor medida con los vencimientos.
En números: mientras hay pendientes de envío desde el organismo al Banco Central USD 10.800 millones, los pagos previstos son de poco más de USD 8.770 millones. Podría parecer a simple vista que existe un saldo “a favor” del Poder Ejecutivo, pero sucede que hubo USD 2.700 millones en junio que fueron cancelados sin desembolso previo, es decir con las escasas reservas en el BCRA.
Con todo, los próximos días de negociación en la capital norteamericana terminará por darle forma final a una nueva etapa del programa financiero con el FMI, en una orfebrería que cumplió esta semana tres meses desde su inicio. El ritmo de ajuste fiscal, las exigencias en términos de atraso cambiario y los límites al financiamiento a través de la emisión de pesos que se resuelvan en Washington terminará por marcar los bordes de la política económica en los próximos meses en que el oficialismo se jugará la chance de seguir en la Casa Rosada.
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