
La confirmación de un registro de inflación en abril mayor en más de medio punto (8,4%, versus 7,7%) al del mes anterior deja otra lamentable certeza: el ritmo de suba de precios tiene muchas más chances de acelerarse que de bajar un cambio en los próximos meses. De hecho, fuentes del equipo económico ya anticiparon que, de acuerdo a los datos de los primeros diez días de mayo, el índice se acercaría al nuevo escalón de 9%, cada vez más cerca de los dos dígitos.
La tendencia de suba ininterrumpida desde el inicio del año expone, también, las escasas herramientas para afrontar la situación. Algunos funcionarios confesaron en las últimas horas su sensación de impotencia. “No hay mucho que se pueda hacer. Esperar a que el FMI adelante desembolsos, insistir con el swap chino, todas acciones en el margen”, admitió una fuente.
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Sin reservas, combatir la inflación se parece a una expresión de deseos. Y los instrumentos disponibles son acotados: además de los esperados fondos del FMI, en el Palacio de Hacienda apuntan a “jugar a fondo” el swap chino, insistir con alguna ayuda de Brasil, reunir más “puchitos” de otros entes multilaterales y “pisar mucho los pagos”. Coincide con este diagnóstico el economista Federico Furiase. “El dato es pésimo, realmente muy malo y no hay mucho que se pueda hacer. Mejorar el dólar soja, esperar al FMI y ver qué condiciones pide”, sostuvo el analista.

Queda a la vista: el Gobierno está desprovisto de herramientas efectivas para apaciguar los precios. Tanto la suba de la tasas de interés como la intervención en el mercado del dólar financiero apenas actúan de dique de contención para una escalada fulminante. El propio viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, admitió en un comunicado tras la difusión del IPC, que, además de los productos estacionales, el salto del dólar libre y financiero se trasladó a precios. “Percibimos también que la intranquilidad cambiaria en los mercados del dólar financiero, en la última parte del mes, impulsó subas de precios preventivas en muchos productos y servicios de nuestra economía”, sostuvo. La parte más compleja es que esa “prevención” de los fijadores de precios se reflejará principalmente en el índice de este mes.
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Pero tal vez lo más desesperante para el equipo económico es que, para paliar el impacto de la sequía en las cuentas fiscales, recurre inevitablemente a medidas que alimentan la carrera de precios. Por un lado, el imperativo ajuste de tarifas, un poco para complacer al FMI en su diatriba contra los subsidios energéticos y otro poco porque no hay con qué pagarlos. Por el otro lado, porque el Gobierno se quedó sin fuentes de financiamiento que no sean el propio Estado e incluso los organismos públicos obligados a prestarle tienen limitaciones. Así, el Banco Central termina emitiendo para asistir al Tesoro, directa e indirectamente.

Desde marzo, la autoridad monetaria emitió con esa finalidad cerca de $1 billón, entre los adelantos transitorios y los pesos creados comprar bonos de la deuda en moneda nacional, que luego se destinan a las cuentas oficiales en licitaciones para obtener financiamiento de las que los inversores privados se corren cada vez más. Se debe computar también la emisión por el dólar soja 3 y un último adelanto transitorio la semana pasada por $150.000 millones, Esos fondos, es de esperar, se aplicarán mañana en la licitación del Tesoro para renovar $371.000 millones que vencen el viernes, con lo cual además de incumplirse la única meta que seguía en pie del acuerdo con el FMI, se agrega nafta al fuego de la inflación.
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El propio ministro de Economía, Sergio Massa, destacó la semana pasada durante participación en un foro empresario que la emisión monetaria de su antecesor, Martín Guzmán, es decir, la emisión del pasado, resultó en los altos niveles de inflación actual. Que se exacerba en el contexto de caída de la demanda de dinero. Es decir, cuando nadie quiere pesos en sus bolsillos y busca cambiarlos por dólares, bienes y también servicios. Es de prever entonces que la emisión monetaria del presente resultará en altos índices de inflación futuros.
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