
Dentro de algunos años, la industria automotriz podría tener una plataforma de vehículo eléctrico genérica sobre la cual montar cualquier tipo de carrocería. Al menos esa es la idea que tienen los fabricantes de los teléfonos celulares más famosos del mundo, los IPhone, que si bien son propiedad intelectual de Apple, se elaboran por parte de la compañía Foxconn en Taiwan, el país que además tiene el privilegio de ser la primera potencia mundial en producción de microchips.
El concepto de los taiwaneses es tan simple como el aplicado por Microsoft en las computadoras que funcionan con Windows, o en los teléfonos con sistema operativo Android: cualquiera sea el fabricante de “la carrocería”, la base tecnológica de funcionamiento es la misma, lo que permite bajar considerablemente los costos de producción y facilitar de ese modo el surgimiento de nuevas marcas.
La base sobre la que funciona un auto eléctrico es tan simple como una batería que se enchufa a la red para obtener carga y un motor que funciona a partir del impulso eléctrico que esta le proporciona. La diferencia es abismal respecto a los autos actuales con motores de combustión interna, en los que hay una numerosa cantidad de piezas mecánicas que se mueven a partir de explosiones provocadas por una chispa que inicia la combustión de la mezcla de aire y gasolina.

Por esa razón también el auto eléctrico puede adoptar formas diversas y no atadas a ciertas limitaciones que imponen la tecnología con la que funcionan. El extremo ideal de un vehículo a baterías es un piso plano donde se aloja la batería, un motor de flujo axial (extrachato) en el interior de cada rueda y una instalación de conexiones que trasladen la corriente eléctrica de un sitio a otro. El resto simplemente queda librado a la imaginación de un proyectista.
Foxconn ya tiene diseñada y construida esa plataforma eléctrica base, que lleva el nombre de “Mobility in Harmoni”, y la intención de sus ejecutivos es que con ella se produzca un ecosistema que permita a cualquiera, decir “quiero hacer un automóvil”, y pueda elaborarlo desde ese punto de partida.

Pero no solo se trata de una idea o un anhelo, la compañía taiwanesa espera tener el 5% del mercado mundial de vehículos eléctricos y sus componentes ya para el año 2025, cuyo volumen de negocio está estimado en unos 33.000 millones de dólares. En la suposición de alcanzar la meta de llegar a que el 20% de la producción mundial de autos sea de unidades eléctricas en dos años, el volumen de Foxconn sería de unos 900.000 vehículos anuales. Sin embargo, el objetivo de largo plazo de los ejecutivos taiwaneses es llegar a fabricar casi la mitad de todos los coches eléctricos del mundo en algún momento.
El concepto está anclado también en la proyección de fabricación de autos eléctricos por subcontratación, la que según los expertos de Goldman Sachs, alcanzará las 800.000 unidades para 2025. Y siendo que Foxconn es precisamente una compañía que provee soluciones de producción para terceros como “eje de su negocio”, las estimaciones son de alcanzar un volumen de 3,2 millones de autos producidos bajo este sistema para 2030.

Este es el mismo modo en que funcionan las dos compañías que fabrican autos en Europa para marcas externas como Valmet en Finlandia o Magna-Steyr en Austria. Ambas empresas son las responsables de la producción completa de vehículos como los Mercedes-AMG, Mercedes-Benz Clase G, el Jaguar I-Pace eléctrico, y algunas versiones del BMW Serie 5.
De todos modos, Foxconn no solo será proveedor de tecnología o plataformas completas para otros fabricantes, ya que han presentado a fin de año pasado su primer vehículo 100% eléctrico llamado Foxtron Model B, un SUV compacto que comenzará a comercializarse como primera etapa en Taiwan y China.
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