
Los bonos soberanos en dólares estuvieron lejos de ser una de las opciones favoritas de los inversores locales en lo que va de la presidencia de Alberto Fernández.
El duramente conseguido canje de deuda logró despejar vencimientos para buena parte del período presidencial, pero una vez salidos al mercado los nuevos títulos surgidos de la operación nunca lograron cotizar a un precio saludable o a un rendimiento que permitiera al Estado planificar refinanciaciones de futuros vencimientos a tasas razonables. Pero la segunda mitad del año volvió a dirigir las miradas en dirección a estos papeles que, en el pasado, supieron ser las estrellas del mercado local.
La deuda soberana en moneda extranjera sigue cotizando en niveles de stress. Para verlo sólo hace falta pasar una mirada por sobre el riesgo país, el índice Embi+ de JP Morgan que mide el diferencial de tasa entre bonos estadounidenses y papeles similares de otros países. Mientras que el riesgo país argentino sigue encima de 2.100 unidades -esto es, si quisiera emitir deuda el Estado debería pagar 20 puntos porcentuales más de tasa anual que los EEUU-, el de Brasil transita en torno a los 260 puntos, Colombia fluctúa alrededor de los 380 y el de Perú cerca de los 160 puntos.
Incluso el Embi+ de Ecuador, país que tuvo que reestructurar su deuda en 2020 como la Argentina, está en torno a los 1.400 puntos.
Pero ese estado calamitoso de los precios de la deuda argentina no quita que, sobre todo desde el segundo semestre de 2022, los inversores más arriesgados empezaron a mirar con interés a los bonos.
Aunque con diferencias según la emisión, desde julio los papeles de deuda en dólares treparon un 45% en el mercado. Eso no quita que, de todas formas, terminen el año en rojo. Pero lo más interesante parece estar en lo que viene. Siempre y cuando, claro, se esté dispuesto a transitar un 2023 electoral plagado de riesgos políticos que sin dudas van a sacudir los precios.
“A pesar de haber registrado un considerable rebote en los últimos meses, llegando a subir en algunos casos más de un 45% en dólares desde sus mínimos registrados en julio, lo cierto es que finalizarán el año con un rendimiento negativo del 20% en promedio. Sí bien no hubo noticias macroeconómicas ni cambios concretos en las perspectivas hacia adelante que pudiesen haber motivado el rebote registrado en el segundo semestre, desde el equipo de Research de IOL Invertironline entendemos que el armado de posiciones se dio en un contexto donde las paridades se encontraban en valores históricamente bajos”, dijo Maximiliano Donzelli, head of research de Invertir Online IOL.
“Por lo tanto, entendemos que este aumento en la demanda (reflejado en los precios) fue causado por actores que comenzaron a posicionarse ya pensando en 2023 sumado a un contexto favorable de lo que es renta fija de emergentes”, agregó el especialista.
Siempre reservados para ahorristas e inversores con mucho apetito por el riesgo -no se trata para nada de una apuesta segura ni de nada que se le parezca- el repunte y la cercanía de las elecciones hace que más analistas y operadores se atrevan a hacer sus apuestas. Sobre todo porque todavía está fresco el recuerdo del 2015 y las fuertes subas de los activos financieros locales en el año electoral que llevó a Mauricio Macri a la presidencia.
“Aunque los mejores desempeño del año se las llevaron claramente las acciones, los bonos soberanos han exhibido en los últimos meses una fuerte recuperación del orden del 40%, la cual llegó de la mano de apuestas tácticas luego de castigadas paridades con mínimos inferiores al 20%”, dijo el analista Gustavo Ber.

“Ya en niveles de paridades promedio más cercanas al 30%, aquellos inversores con perfil más estratégico y positivos sobre el cambio de ciclo hacia el año próximo -a partir de mejores expectativas por las elecciones- podrían seguir encontrando espacio para la mejora en las cotizaciones, ya que los compromisos aún resultan manejables y los cupones vienen en ascenso lo cual mejora la current yield (N. de la R.: el rendimiento esperado del bono)”, agregó Ber.
Para Mariano Marcó del Pont, de Silvercloud Advisors, el mal año de los bonos no se puede achacar completamente a factores idiosincráticos. De hecho, los papeles argentinos se movieron de manera similar al de otros países comparables. Y, a medida que mejoren las condiciones externas, las cosas están dadas para que puedan dar alegrías a quienes opten por ellos.
“Mirando un poco mas en profundidad lo que fue la macro mundial, el desempeño de los bonos argentinos fue bastante en línea con los emergentes. La fuerte suba de tasas por parte de la Fed ocasionó el peor registro de la historia en la renta fija y Argentina no fue la excepción”, dijo el operador de renta fija.
“Dicho esto el 2023 puede ser un buen año para los bonos Argentinos. Las elecciones en el país, más una inflación que empieza a desacelerarse en el mundo, podrían ser un gran viento de cola, sin contar que por la estructura de los bonos el cupón corriente que pagan ya alcanza los dos dígitos”, agregó Marcó del Pont.
“Como decimos siempre tomar deuda no es malo sino incumplir sus contratos y Argentina es campeón mundial de defaultear sus obligaciones, no por nada los bonos corporativos rinden 10% y Argentina 40%. Si el próximo gobierno quiere abrirse al mundo deberá generar confianza y acomodar sus finanzas. Toda la deuda argentina a valores actuales no llega ni a los USD 30.000 millones. Aún con una posible reestructuración, paridades en USD 25 a USD 30 por cada USD 100 de valor nominal son niveles más que atractivos donde el riesgo-beneficio luce muy apetitoso”, concluyó Mariano Marcó del Pont.
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