
Las operaciones de deuda doméstica llevadas adelante por el Tesoro durante las últimas dos semanas dejaron en evidencia el escaso margen del Gobierno para obtener financiamiento genuino en el mercado local, incluso con instrumentos de largo plazo. A la baja participación de los inversores privados en el canje de bonos ofrecido hace diez días, se sumó el magro resultado de la licitación del viernes pasado, en la que si bien se logró renovar vencimientos, no permitió cubrir la necesidad de nuevos fondos prevista para el mes, en la que sólo se han recaudado unos $33.500 millones. La cifra contrasta con las necesidades que ahora se deberían cubrir en las cuatro licitaciones pendientes hasta fin de año en la que Economía debería obtener unos $384.000 millones de fondos frescos.
El objetivo luce complejo. De ahí que analistas e inversores empiezan a poner atención a las opciones disponibles sobre los escritorios del secretario de Finanzas, Eduardo Setti, y de su jefe, el ministro Sergio Massa, para cerrar el programa financiero de este año.
Desde que asumió, el titular de la cartera económica ha reducido gastos en torno a 16% en términos interanuales, con la promesa en su debut en el cargo de no recurrir a más emisión monetaria para asistir al Tesoro. Hasta ahora, el ministro mantuvo ese compromiso pero el mercado empieza a descontar que la promesa será finalmente incumplida hacia fin de diciembre.
El último bimestre, se sabe, es el más deficitario del año, con escaso margen de aplicar un ajuste mayor y de, tal como se mencionó, obtener recursos adicionales para financiar el rojo fiscal. De esta manera, la asistencia del Banco Central, bajo el mando de Miguel Pesce, vuelve a convertirse en la única fuente disponible de financiamiento, la deberá proveer casi medio billón de pesos. Esto, incluso, en el marco del cumplimiento del programa acordado con el Fondo Monetario, tanto en las metas fiscales como de emisión monetaria.
En rigor, los objetivos fiscales serán puestos a prueba a partir de la diversidad de medidas tendientes a aumentar el gasto social, tal como el aumento dispuesto ayer en la Tarjeta Alimentar que lleva el ajuste del programa a una mejora por encima de la inflación acumulada en alimentos, de 80% a octubre pasado. Se prevé que medidas similares en otros programas sociales e incluso la decisión de reforzar salarios también tengan impacto en las cuentas públicas. Con todo, el consenso de economistas y analistas del mercado considera que se alcanzarán los objetivos fiscales. Y también los monetarios, pero con la máquina de imprimir dinero otra vez encendida.

“En reiteradas oportunidades el Gobierno señaló que cumpliría con la meta nominal de déficit primario acordada con el FMI. Suponemos que se cumple ese objetivo a pesar de los mayores gastos, fundamentalmente en materia social, que se anunciaron recientemente. En ese caso, estimamos el déficit del último bimestre del año en $846.000 millones (1% del PBI)”, proyectó Quantum, la consultora que lidera el economista Daniel Marx. En su último informe “monitor semanal”, calculó las necesidades financieras ascenderán a prácticamente $2 billones y que, ante la resistencia del mercado de financiar en pesos al Tesoro, sólo podrán ser cubiertas recurriendo nuevamente a la emisión monetaria. En este sentido, el informe recordó que desde julio el BCRA no está financiando directamente al Tesoro,
En cambio, durante el primer semestre, el Banco Central había emitido para ese fin unos $300.000 millones, lo que le dejaba un margen superior a los $400.000 millones para el segundo semestre ya que el límite impuesto por el acuerdo con el FMI impuso un “tope” de emisión monetaria para asistir al Tesoro de $765.000 millones. Sin embargo, apenas asumió Massa suspendió la ayuda del Banco Central para cerrar las cuentas, pero ese aporte se vuelve ahora imprescindible.
“En el contexto de un aparente menor apetito por la deuda en pesos, lograr el financiamiento podría despertar algunas alertas respecto del cumplimiento del límite de financiamiento monetario al Tesoro acordada con el FMI. Sin embargo, de usarse la caja acumulada a lo largo del año, estimada en $346.000 millones, y acudiendo al financiamiento monetario todavía disponible dentro de ese límite, los fondos a conseguir se reducen e implican una tasa de renovación de los vencimientos de capital del 133% o del 103% de los vencimientos de capital e intereses del período”, apuntó el informe de Quantum.
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