
No sólo la caída en el ingreso de dólares se hace sentir fuerte en el mercado de cambios, en el que el Banco Central tuvo que vender ayer otros USD 150 millones y acumula USD 393 millones en apenas las primeras cinco ruedas de noviembre, sino también los pagos atrasados. No de energía, tampoco de deuda; en las cuentas del Banco Central empezó a hacerse sentir la deuda con los importadores. Fuentes oficiales explicaron a Infobae que este mes todavía impactan las autorizaciones pendientes del sistema anterior de aprobación de importaciones que rigió hasta septiembre, las denominadas SIMI, que quedaron en estado aprobado de salida. Se trata, afirmaron, de permisos de importación heredados de la gestión económica anterior. Ese sistema fue reemplazado el mes pasado por el nuevo esquema llamado SIRA (Sistema de Importaciones de la República Argentina).
Sin embargo, los cálculos oficiales indican que por la canilla de pagos de importaciones postergados se escurrirán, a lo largo del verano, más de USD 10.000 millones. La cifra coincide con la estimación privada de deuda comercial, que representa un enorme salto respecto del monto acumulado durante el primer semestre del año, que alcanzaba los USD 6.000 millones por las restricciones vigentes hasta junio. A partir de julio, esos controles se endurecieron aún más, forzando a gran parte de los importadores a conseguir financiamiento propio por 180 días, lo que incrementó el volumen de pagos postergados. La nueva estimación del Banco Central es que habrá “una demanda demanda superior a los USD 10.000 millones que irán ingresando al mercado en los próximos meses”. En otras palabras, cabe esperar que se prolongue la seguidilla de fuertes ventas por parte de la entidad monetaria durante el mes.
Típicamente, noviembre suele ser un mes deficitario en términos cambiarios y no se espera que este año sea la excepción sino que el nivel de ventas, según los funcionarios, “está dentro del rango esperado”. En 2021, ese rango marcó un saldo negativo de USD 900 millones pero, de sostenerse el ritmo actual de ventas, esa cifra quedaría superada en más de USD 500 millones.
Sin embargo, desde el equipo económico aseguraron ayer que “la posición del BCRA en el mercado de cambios es ampliamente positiva. En el acumulado del año está comprador en más de USD 5.000 millones de dólares”, con un cambio en la estacionalidad por el contexto internacional, que implicó una mayor demanda constante de divisas por la importación de energía y “una liquidación que se regularizó con el Programa de Incremento Exportador”, más conocido como el “dólar soja”.
Gracias a esta medida, que implicó una mejora transitoria del tipo de cambio para los exportadores sojeros, se sorteó una máxima cambiaria que se verifica desde 2013 según la cual el BCRA no es capaz de acumular reservas en el último cuatrimestre del año, a menos que se produzca una devaluación que mejore las condiciones de los exportadores. De hecho, en los últimos cuatro meses del año pasado, el balance cambiario del Central fue negativo en USD 2.100 millones.
Sin embargo, esa mejora, acotada, se produjo en septiembre último y el Banco Central logró acumular un colchón de reservas que ahora debe preservar para cumplir con la meta anual pactada con el Fondo Monetario. La duda que sobrevuela es si, aun con el férreo control vigente a las importaciones, ese colchón será suficiente. Particularmente, dadas las condiciones climáticas que recortarían, según proyecciones privadas, entre USD 1.600 y USD 2.000 millones el ingreso de divisas por la liquidación del agro durante los próximos meses por la menor cosecha de trigo.
Para compensar, el ministro de Economía Sergio Massa apuesta al ingreso de dólares por parte de los organismos internacionales, cuyos desembolsos calcula en unos USD 3.000 millones. De ahí que en su entorno insisten en descartar un salto brusco del tipo de cambio y remarcan, en esa línea, que quienes apostaron a una devaluación del tipo de cambio llevan anotada una pérdida de unos $90.000 millones en el mercado de futuros.
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