
En la frenética semana del anuncio del nuevo equipo económico encabezado por Sergio Massa y la reestructuración del gabinete, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, y la ministra saliente, Silvina Batakis, dejaron el legado de una fuerte suba de las tasas de interés para la conducción que llega. Tanto la licitación de deuda en pesos como la decisión del BCRA para la tasa de referencia torcieron el rumbo y elevaron sin titubeos el rendimiento del dinero, urgidos por la elevada inflación de julio que los analistas ubican por encima del 7 por ciento.
Subir las tasas siempre resulta incómodo en términos políticos, sobre todo para un Gobierno (y un Banco Central) que siempre criticaron las altas tasas de la administración anterior. Pero lo cierto es que mientras el mundo económico se sacudía con rumores y renuncias, se fijaron nuevas tasas que allanarán una parte del camino para quitar de la plaza la gran cantidad de pesos y, a la vez, encarecerán el escaso crédito que hay en la economía argentina.
Esta semana todas las tasas subieron con fuerza. En su licitación de deuda en pesos, la secretaría de Finanzas consiguió $515.000 millones, muy por encima de los $300.000 millones que vencían. Para eso, convalidó rendimientos de hasta el 90% anual en términos efectivos. Gran parte de esa deuda, además, ajusta por inflación.
El jueves, el Directorio del Banco Central elevó la tasa de referencia del 52% al 60%. Ese salto de 800 puntos básicos es el más fuerte desde los críticos días post-PASO de agosto de 2019, cuando habían subido 1.100 puntos. Así, la tasa clave quedó a solo 3 puntos porcentuales del 63% anual que tenía el gobierno anterior al dejar el poder, en diciembre de ese año.
La decisión del BCRA empujó un encarecimiento del crédito en distintos niveles. La tasa máxima para financiar resúmenes de tarjeta de crédito en pesos hasta $200.000 se elevó del 57% al 62% nominal anual. También subió el costo de la “Línea de Financiamiento Productivo para mipyme”, un sistema de crédito subsidiado muy utilizado por las pequeñas empresas. Hasta ahora, la línea tenía una tasa de 42,5% anual para financiar capital de trabajo y del 50% anual para proyectos de inversión. El BCRA las subió al 50% y el 58% anual, respectivamente. Más temprano que tarde, una suba de ese calibre llegará a todos los préstamos.
Sobre este incremento de los tipos de interés, los analistas destacan dos cuestiones: 1) las tasas siguen siendo negativas, es decir, por ahora siguen sin superar la inflación. Un plazo fijo minorista, por caso, mejorará su rendimiento del 4,4% al 5,1% por mes, pero quedará lejos de superar la variación del Índice de Precios al Consumidor; 2) se trata de un mensaje en el sentido correcto para reordenar el sistema monetario después de la fortísima emisión de los últimos dos meses.
“En junio se emitió un punto del PBI, que era la meta acordada con el FMI para todo el año. Y el Central también emitió otro 1,3% para comprar bonos del Tesoro. Todo eso es combustible para el dólar y los precios. Subir tanto las tasas es un mensaje para decirle al mercado que Massa tendrá apoyo político para que no haya tantas inconsistencias”, explicaron a Infobae en un banco líder.

En otra entidad explican cómo es la mecánica de tener que elegir entre los bonos de la deuda y las Leliq del Banco Central. “Todos los bancos estamos iguales: tenemos una gerencia de riesgos que nos sugiere apostar al BCRA que es lo más seguro y una gerencia de finanzas que sugiere apostar a los bonos del Tesoro, que rinden más porque ajustan por inflación”, explica la fuente. En ambos bancos no dudan en pronosticar una inflación cercana a los 3 dígitos para 2022.
“Un punto a destacar de la última licitación es el incremento de la tasa de interés de las Letras del Tesoro. Las Ledes con vencimiento en octubre 2022 se emitieron a una TNA de 70% (TEA 90%), 650 puntos básicos por encima de la tasa de la anterior licitación. Finalmente, el Gobierno parece estar decidido a tener una tasa de interés real positiva. La parte negativa es que continúa siendo elevado el porcentaje de deuda indexada: el 70% de las colocaciones fueron en instrumentos con ajuste por CER o dólar oficial”, destacó un informe de PxQ, la consultora de Emmanuel Alvarez Agis.
Para la consultora del ex viceministro de Economía, “los rumores acerca de posibles cambios en el gabinete nacional no ayudaron a estabilizar la economía. Más que medidas puntuales, continúa faltando una política fiscal y monetaria consistente. La llegada de Sergio Massa a un Ministerio de Economía integrado podría ser la respuesta (tardía) por parte del gobierno.”
Al mismo tiempo, otra advertencia que circula en el mercado es que así como no se puede “devaluar sin plan”, es decir, incrementar el tipo de cambio sin otras medidas adicionales, tampoco se puede subir tanto las tasas sin que haya cierta moderación en lo fiscal, donde ítems como las transferencias a provincias requerirán más de la política que de la economía. Silvina Batakis lo sabe bien: llegó al Palacio de Hacienda con la experiencia de haber sido ministra bonaerense y secretaria de Provincias sumado a un discurso de equilibrio fiscal. Los gobernadores le retacearon su apoyo y se inclinaron por acelerar “el plan Massa”.

En ese plano, lo cambiario y lo monetario toman igual relevancia. “Una devaluación sin anclas puede inaugurar una ‘etapa superior’ de la espiral de precios, dólar y salarios, por lo que es clave que la política fiscal sea suficientemente potente para que, a su vez, la política monetaria recupere el rol de regenerar la demanda de pesos, objetivo que no se puede lograr si la emisión está subordinada al financiamiento directo e indirecto del Tesoro. Sin esas anclas, las eventuales políticas de ingresos que puedan intentarse tendrían vida corta”, analizó con crudeza un informe del Ieral de Fundación Mediterránea.

“Con la suba de tasas de las Leliq y de los bonos del Tesoro, hay un mayor incentivo para el inversor, en un contexto en que la demanda de dinero es muy baja. De todas maneras, estas tasas siguen siendo negativas en términos reales, no llegan a equiparar la inflación. Lo que el mercado espera es una señal en materia fiscal porque considera que eso es imprescindible para mejorar los indicadores de deterioro”, explicó Lucas Yatche, Head of Strategy and Investments de Liebre Capital.
Además, el desordenado esquema de tasas dejó muchas opciones de financiamiento accesible para los exportadores, lo que atrasa la llegada de divisas, aún cuando el BCRA haga el intento del “dólar soja” para acelerarlas. “El exportador no tiene incentivos para liquidar su cosecha porque tiene tasas de financiamiento muy por debajo del crawling peg. Eso va a impactar negativamente en el objetivo de acumulación de reservas”, concluyó Yatche.
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