
El Gobierno soltó un puñado de anuncios en medio de la fuerte escalada cambiaria de los dólares paralelos con el doble objetivo de intentar sumar algún ingreso de divisas al circuito oficial y de descomprimir la llegada de importaciones de insumos que estaban ya en camino hacia el país. Mientras el dólar blue marca todos los días nuevos máximos, en el Poder Ejecutivo relativizan el impacto de ese salto diario y aseguran que la situación de las reservas en el Banco Central no justifican un movimiento de salida del peso de esa magnitud.
Casi todos los funcionarios del equipo económico se reunieron ayer por espacio de tres horas en el Palacio de Hacienda. Entre cafés, tés y algún almuerzo temprano que entraron y salieron del salón Scalabrini Ortiz del quinto piso del Ministerio de Economía, los funcionarios analizaron los próximos pasos que tomará el Gobierno en medio de un contexto díficil, atrapado en una agenda que no escapa de los dólares paralelos, la inflación que nuevamente está en aceleración y la presión sobre el aire que tienen las cuentas fiscales.
El diagnóstico que más preocupa al Gobierno no es el de la coyuntura más caliente y las pantallas que marcan cómo sube hora a hora el dólar blue, al que consideran un mercado marginal que puede ser manipulado con montos mínimos de compraventa, sino una dinámica que marcará la suerte de las reservas en el Banco Central en los próximos meses.
Una estimación que circula en los despachos oficiales refleja que en lo que va del mes el Estado ya gastó USD 1.500 millones para importar energía. Hacia fin de mes esa cuenta se extenderá al menos a USD 2.000 millones. No hay manera, reconocen en el oficialismo, de que la tensión cambiaria y la presión sobre las reservas termine hasta tanto amaine la demanda que todos los meses implica las compras energéticas al exterior.
Entre los funcionarios prenden velas para que agosto, al menos, ayude desde el punto de vista climático y, con una temperatura un poco mayor, implique un monto de importaciones menor. El impacto de la energía en la balanza comercial y en la disponibilidad de divisas es tal que en junio el país tuvo déficit comercial mensual por primera vez en un año y medio.
Recién en septiembre en el oficialismo creen que podría plantearse la posibilidad de flexibilizar los controles cambiarios, ya cuando los meses más fríos hayan quedado atrás. De hecho, sin ir más lejos, las últimas restricciones al pago al contado de las importaciones tienen como fecha de finalización -preliminar- fines de septiembre.
De todas formas, esos poco más de dos meses es un puente que aparece como demasiado extenso para transitar. Por esa razón, de alguna manera, el Gobierno intentó instalar, de manera tímida, la posibilidad de nuevos anuncios económicos, aunque todavía se mantenían en estudio. Este miércoles por la noche el ministro de Turismo Matías Lammens tuvo una reunión con la ministra de Economía Silvina Batakis, para avanzar con un tipo de cambio nuevo para el turismo receptivo.
Fue una medida que en otros despachos oficiales cayó como una sorpresa. Incluso ya conocida en público la medida con sus precisiones, todavía había funcionarios, ligados a la administración de las reservas, que expresaban por lo bajo sus reparos, principalmente por la efectividad o alcance de una medida de esta naturaleza. Las principales dudas tienen que ver sobre que incluye solo operaciones en efectivo, lo que ya de por sí implica cuestiones de seguridad para los turistas. Como ejemplo: un visitante del extranjero que llegue a una casa de cambio con 500 dólares para cambiar a dólar “Bolsa” se retirará con más de 161.000 pesos en la mano.
También habrá una suerte de “riesgo cambiario” que deberán afrontar casas de cambio y bancos que participen de este tipo de transacciones: tendrán dos días para realizar la operatoria de dólar “Bolsa” en el mercado una vez que reciban los dólares del turista. En esos dos días hábiles un desplome de la cotización de los bonos que se usan para hacer MEP podría perjudicar a las entidades.
Hay otra cuenta que hacen en escritorios oficiales, y que por ahora no implicó ninguna medida: los dólares del campo de la cosecha que todavía no fueron liquidados en el mercado oficial de cambios. Según estiman en el BCRA, en algún momento del año esas divisas deberían alimentar el flaco colchón de reservas de la autoridad monetaria.
No hay muchas opciones en el menú oficial para intentar incentivar la liquidación de divisas. Una pista la puede llegar a dar la presencia del presidente del Banco Nación Eduardo Hecker en la reunión con Batakis. La entidad pública ofrece actualmente plazos fijos especiales para firmas y personas con actividad agrícola y que tiene como particularidad que ofrece rendimientos ligados al precio del tipo de cambio y a los valores internacionales de granos.
Es un instrumento que el Gobierno planteó para intentar cambiar uno de los incentivos que tiene el campo para demorar su liquidación: esperar una devaluación para obtener más ingresos por sus activos en dólares.
En las últimas horas corrieron versiones de que el Gobierno podría desdoblar el tipo de cambio para que las exportaciones tengan una cotización más alta que el dólar mayorista, pero fueron desmentidas por fuentes oficiales, que atribuyeron esos transcendidos a “una especulación tendiente a forzar el mercado de cambio restringiendo la oferta de divisas”. “No se evalúa ninguna medida que implique mejorar ese tipo de cambio para el agro”, concluyeron.
“Hay una sensación de que al Gobierno se le acabaron los dólares y eso no es así”, insistía una fuente oficial luego de la reunión de gabinete. Los números, de todas formas, muestran que existe un deterioro: desde que el último día de junio el Banco Central cumplió la meta de acumulación de reservas con el FMI -USD 3.400 millones netos-, a lo largo de julio perdió USD 981 millones solo en concepto de intervención en el mercado cambiario, sin contar el pago de energía acumulado en lo que va del mes, de USD 1.500 millones más.
La parte que quedó más ausente en los anuncios de ayer, que podrían continuar en los próximos días, tiene que ver con la parte fiscal. Aparece como una cuestión urgente, al menos como una señal al mercado y al FMI de que las metas de reducción del déficit se cumplirán. El segundo trimestre, de acuerdo con estimaciones del Ministerio de Economía, finalizó con un nivel de rojo primario que está en línea con el objetivo planteado en el acuerdo con el organismo.
De todas maneras, el fuerte incremento en términos reales del gasto público (que según estimaciones privadas fue del 10% en el primer semestre del año) forzará al Poder Ejecutivo a un freno en la ejecución de partidas para tener aire fiscal suficiente y alcanzar el 2,5% del PBI de déficit al que se comprometió el Gobierno con el Fondo.
Reservas en baja, cuentas públicas en tensión e inflación nuevamente en alza, aparecen en esa combinación que terminaron de desanclar expectativas. La incertidumbre hizo en las últimas horas al equipo económico apurar una nueva tanda de anuncios, que por el momento solo se limitaron a un tipo de cambio más alto para turistas extranjeros y una agilización del pago de importaciones prioritarias.
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