
La alta inflación y el cepo cambiario generan más distorsiones e incentivos al consumo en detrimento de la producción de bienes durables, lo que redunda en un crecimiento económico más débil.
Así lo advirtió un informe de la consultora de Ricardo Delgado, que indicó que “faltan dólares para producir, no para consumir”.
El reporte indica que la salida de Roberto Feletti de Comercio Interior, “consolida la idea de una única dirección en la política de precios. Esta unificación de criterios es una condición necesaria para que comience algún intento más consistente para coordinar expectativas, pero no es suficiente”.
En este sentido, los economistas que dirige Claudio Caprarulo indicaron que “sin garantizar un flujo de dólares que alimente las reservas del Banco Central, no habrá estrategia de desinflación posible; en el frente cambiario, además, la política es contradictoria”. “Mientras aumenta el número de sectores productivos con problemas para importar insumos, la compra de bienes de consumo en el exterior está en niveles récord”.

De este modo, “la participación de los bienes de consumo importados en el consumo total se encuentra en máximos históricos, y un 20% por encima de lo que se correspondería a la actual estructura de precios relativos e ingresos reales”. Desde el segundo trimestre del 2020 comenzó a crecer, “hasta alcanzar un pico y aumentar 6,6% el primer trimestre de este año”.
“Esta dinámica del consumo importado responde a una lógica diferente a la del mercado interno. Por caso, las ventas en centros de compra a precios constantes a un están 23% por debajo de 2018, a pesar de la recuperación que marcan los datos del Indec de esta semana”, se señaló. En el primer trimestre del año “el consumo en centros de compras creció 26,8% interanual y la venta de electrodomésticos un 12,4 por ciento”, señaló el informe.
“La combinación de brecha cambiaria, elevada inflación e incertidumbre política generan incentivos para estos comportamientos en las empresas y familias, sesgando las decisiones a la adquisición de bienes transables. En palabras simples, lo que tiene olor a dólar, se compra”, agregó.
“El cepo alienta la idea de que adquirir bienes de consumo importados es una oportunidad, en especial teniendo en cuenta las expectativas de cambio de régimen macroeconómico y/o devaluación de shock”, advirtió Analytica.
En tanto, “la alta inflación transforma cualquier bien no perecedero en un instrumento para trasladar riqueza en el tiempo. Además, la plata quema; mejor usarla”.
“Es interesante que este fenómeno convive con el hecho de que el BCRA viene contrayendo los agregados monetarios amplios -el M2 privado transaccional deflactado y sin estacionalidad cayó 1,5% en abril y viene ajustando desde fin de 2021″. De este modo, “la demanda de dinero no se estabiliza. En consecuencia, los excesos de liquidez se canalizan hacia los bienes importados, incluso a pesar de que los plazos fijos CER están disponibles para los inversores minoristas”.

“Las empresas, al mismo tiempo, pudiendo optar por los fondos comunes de inversión “T+1″ con ajuste en línea con la inflación, prefieren dolarizar sus instalaciones, adquiriendo bienes de capital de forma incluso desajustada a sus niveles de producción”, expresó.
“La demanda, especialmente la inversión, se mueve a gran velocidad y responde casi tan rápido como la oferta; en 2021 no hubo acumulación de inventarios, un hecho anómalo incluso en momentos con fuertes controles de capitales como el período 2011-2015. Habitualmente, cuando la oferta crece a tasas elevadas, la demanda se rezaga y se acumulan inventarios. Este comportamiento podría ser deseable si la industria respondiera en forma similar al consumo”, aclaró.
“La falta de acumulación de inventarios sugiere que la inversión se mueve muy rápido. ¿Vemos esto en la dinámica de la industria? No: se observa que sectores clave como el automotriz y la metalmecánica aún están lejos de sus máximos de producción”, indicó Analytica.
“La incertidumbre y las distorsiones asociadas a los controles de capitales y la alta inflación no redundan en un buen desempeño de la producción de bienes transables con elevada productividad sino sólo en su consumo (entre otros bienes importados”, admitió el informe.
“Ya sea debido al comportamiento de la inversión, y la consecuente baja acumulación de inventarios, o del consumo importado, es evidente que se está en presencia de los grandes efectos distorsivos que tienen la brecha cambiaria y la inflación sobre la economía real, afectando tanto la composición de la demanda como de la oferta agregada y disminuyendo la capacidad de acumular dólares del Banco Central”.
Al respecto, Analytica subrayó que “en el primer cuatrimestre el saldo comercial cayó un 29%, con los términos del intercambio más altos desde 2012. Si se busca evitar una solución de shock, hay que empezar a preparar los mecanismos de contención para cuando disminuya fuertemente la liquidación de divisas del agro a partir de agosto”. De acuerdo a esta mirada, el segundo semestre no traerá ninguna noticia alentadora, a menos que el rumbo de la política económica cambie en forma radical.
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