El dato de inflación de marzo que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) –un 6,7% y un acumulado de 55,1% en los últimos 12 meses- se anotó entre los más elevados de los últimos 20 años y trajo a la memoria los peores momentos de la economía del país, que convive con el castigo de este problema estructural desde hace varias décadas sin hallar soluciones. Si bien el escenario, tanto local como internacional, tiene diferencias claras en cada momento histórico, el repaso lleva a recordar las ocasiones en que se espiralizó la suba de precios hasta llegar a la hiperinflación de fines de los ‘80.
Con el correr de los años, la Argentina se acostumbró a tener índices inflacionarios que no se registran en otros países del mundo. Desde 1944 hasta hoy, de 27 presidencias analizadas solo cinco registraron variaciones de precios menores a los dos dígitos, mientras que en el extremo opuesto, seis presidentes tuvieron inflaciones anuales de tres dígitos. Las tasas de inflación anualizadas más altas se presentaron en los gobiernos de Reynaldo Bignone (401%) y Raúl Alfonsín (398%), con el pico máximo registrado en 1989, con un 3079% y una devaluación histórica, según un informe de la Unidad de Estudios y Proyectos Especiales de la Cámara Argentina de Comercio (CAC).
Desde el primer dato oficial de precios al consumidor en enero de 1943 hasta la muerte de Perón, en julio de 1974, la argentina tuvo 14 presidentes (constitucionales y de facto). La mayor variación interanual de precios durante este período se registró a mediados de 1959 bajo la presidencia de Arturo Frondizi, con una tasa de inflación que superó el 120%. Sin embargo, el presidente que experimentó una mayor tasa de inflación promedio durante su período de gobierno fue el presidente de facto Alejandro Lanusse, con un 63,4% de inflación anualizada en sus poco más de dos años en el poder.

Durante el gobierno de Isabel Perón, el ministro Celestino Rodrigo impulsó un plan de mega-ajuste: se duplicó el tipo de cambio, se licuaron los salarios, hubo suba de tarifas y combustible que impulsaron la inflación hasta el 182% en 1975.
En 1989 se alcanzó la máxima tasa de inflación del país, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín. La variación de precios promedio de ese año fue de 3079%, registrándose también una devaluación sideral del peso: el tipo de cambio registró un aumento de 4771% anual con respecto al dólar.
La pérdida de valor de la moneda fue tan importante que durante este período se realizaron dos cambios de símbolo monetario: en 1983 se reemplazó el Peso Ley por el Peso Argentino. Este último, a su vez, que en 1985 fue sustituido por el austral.
A partir de la Ley de Convertibilidad de 1991 —que fijó la paridad del peso con el dólar— comenzó en la Argentina un período de drástica reducción de la inflación y posterior estabilización del nivel de precios, incluso con años de deflación.
Sin embargo, la inflación promedio durante la presidencia de Carlos Menem fue significativamente elevada (69,7% anual), como consecuencia de la variación de precios registrada durante los primeros años de su gobierno. La inflación fue muy alta en su primer mandato (147,5% anual) y nula en el segundo (0% anual).
El beneficio de esa baja inflación durante la convertibilidad estuvo acompañado de los perjuicios de carecer de política monetaria. Junto con una fuerte recesión la deflación se extendió también durante los dos años de la presidencia de Fernando de la Rúa, con una tasa anualizada de -1,1%. La devaluación de 2002 impactó en el nivel de precios durante la presidencia de Eduardo Duhalde que tuvo una inflación anualizada de 29,3%.

Tras un período de estabilidad de precios, la inflación volvió a ser un tema de preocupación nacional desde 2007, cuando la tasa anual superó el 20%. Estos niveles de inflación —no reflejados en los indicadores oficiales de precios— caracterizaron a la mayor parte de los años de gobierno de Cristina Kirchner.
La administración de Mauricio Macri, enfrentada a los efectos inflacionarios de la unificación cambiaria y la actualización de las tarifas de los servicios públicos, que habían estado virtualmente congeladas durante más de una década, no consiguió reducir estos guarismos. Por el contrario, llegó a registrar un pico inflacionario en 2019, con un alza de 53,8%, cuando un año atrás había alcanzado el 47,6 por ciento.
Durante el primer año de la gestión de Alberto Fernández, a la par de la recesión que trajo la pandemia, la inflación se redujo a 36,1% mientras que en 2021 alcanzó el 50,9%, a pesar del congelamiento de tarifas y el atraso cambiario.
A partir de allí la inflación se aceleró al punto tal de convertirse en la principal preocupación de los hogares. Este año arrancó con una fuerte suba de precios: en enero fue de 3,9%; en febrero creció a 4,7%, mientras que en marzo registró un 6,7%, el dato más alto en 20 años.
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