Presupuesto rechazado: el involuntario aporte de Máximo Kirchner a las exigencias del FMI

La falta de aprobación de la “ley de leyes” le quitó a Martín Guzmán un argumento político clave en la negociación con el organismo ya que no tiene ahora referencias respecto del recorte del déficit fiscal o la emisión monetaria. Inflación y suba de tasas, otros puntos todavía en suspenso

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El encendido discurso Máximo Kirchner que derivó en la falta de aprobación del Presupuesto para el próximo año traerá aparejadas, además de las ya palpables consecuencias políticas, complicaciones no previstas tanto en la gestión cotidiana de los recursos como en la crítica negociación con el Fondo Monetario. Ambas se harán sentir más temprano que tarde. El “problema inesperado” que el Presidente Alberto Fernández reconoció el viernes ante la titular del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva, dejó en evidencia las profundas dificultades del Gobierno para conducir un proceso que requiera la construcción de apoyos para avanzar en el “amplio consenso” que exige el FMI. A tal punto quedó expuesto que ambas partes consideraron necesario un contacto para enviar el mensaje de que las negociaciones continúan en agenda y que el traspié con el Presupuesto no tiene, a ese efecto, mayores implicancias. Eso, sin embargo, es una verdad a medias.

El primero en sufrir los coletazos de la falta de un presupuesto aprobado por el Congreso será, previsiblemente, el ministro de Economía, Martín Guzmán, cuando retome, durante el verano del año próximo, el contacto con los técnicos del FMI. Cuando eso ocurra, admiten fuentes oficiales, el funcionario se enfrentará a lo que se espera sea la ronda final de negociaciones con una herramienta menos para fortalecer su posición. Es que, al no contar con el Presupuesto aprobado, el Gobierno no quedó comprometido a ninguna de las variables vertidas en el proyecto y que el FMI cuestiona. Por ende, la página está en blanco y todo es posible. Guzmán tiene ahora un argumento menos a la hora de contraponer condicionamientos de la política en el tire y afloje con el organismo. “Como no tenemos Presupuesto, ahora no hay un número consolidado de déficit fiscal”, explicó una alta fuente involucrada en la negociación quien consideró que eso los deja en una situación de mayor debilidad. Eso porque el punto de partida desde el cual los negociadores argentinos deben zanjar las diferencias pierden nitidez y su postura se vuelve más endeble.

Como suele ser habitual, la pauta de déficit fiscal es la principal diferencia entre el Gobierno y el Fondo, de la que deriva el resto de las disidencias. La proyección oficial oficial del frustrado proyecto de Presupuesto indicaba un desequilibrio de 3,3%, inaceptable para el FMI, que exige esa variable por debajo de 2,5% del PBI. Al equipo que lidera Julie Kozack, la subdirectora en el departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, le preocupa no sólo el nivel de desequilibrio sino, sobre todo, su mecanismo de financiamiento. Y es ahí donde los argentinos se topan con la más fuerte resistencia. Aún cuando el ministro plantea un freno al financiamiento vía emisión monetaria al pasar de 3,1% del PBI a 1,8% en 2022, en el organismo consideran insostenible ese nivel de asistencia por parte del Banco Central.

El planteo del FMI conduce a un punto de fricción dentro del propio equipo negociador ya que en el Banco Central reprochan a Guzmán que no profundice la estrategia de financiamiento a través de títulos con CER, ofreciendo al mercado variantes de más corto plazo que las de vencimientos a 6 meses que viene colocando. Esa modificación, consideran, quitaría presión a la autoridad monetaria ya que se convertiría en una opción atractiva para los depósitos a plazo fijo corporativos que todo este año prefirieron quedarse en tasa negativa en el banco antes que apostar a los títulos del Tesoro.

La definición sobre otras dos variables clave quedaron, por ahora, en suspenso. La primera, trascendental, la proyección de inflación. La segunda, el nivel de tasas de referencia. El FMI hizo pública su exigencia de tasas reales positivas, es decir, por encima de la inflación, Y, aunque desde el BCRA admitieron estar de acuerdo con una suba de tasas, en el Gobierno pasan un mensaje en clave: “Nosotros no somos gente de poner la tasa en 70%”, afirmó un funcionario que, por las dudas, aclaró: “Tampoco vamos a tomar la proyección de inflación del REM (arriba de 50% para 2022)”. Huelga decir que también la previsión de 33% de Guzmán está, desde un principio, fuera de la discusión.

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