
En un contexto de tasas reales fuertemente negativas, los depósitos a plazo fijo a 30 días tradicionales son una opción de ahorro de última instancia para empresas y particulares que prefieren colocar dinero a corto plazo para que arroje alguna clase de rendimiento que compense a la inflación aunque no llegue siquiera a empatarle: la tasa de referencia de la política es negativa en 13 puntos. En el sistema sin embargo, existe una alternativa que garantiza conservar el valor de los ahorros sin importar cuánto se disparen los precios, pero los bancos no tienen incentivos para impulsarlos.
Se trata de los plazos fijos UVA (Unidad de Valor Adquisitivo), la contracara de los préstamos hipotecarios ajustados por esa unidad indexada por inflación que supieron ser el foco de una polémica por la aceleración del ritmo de avance de los precios que afectó a las cuotas de quienes se endeudaron para comprar sus casas.
Esos depósitos consisten en una inversión que ajusta el capital constituido a la variación del CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia). El depósito inicial se expresa en UVA de ese momento. Al vencimiento, el monto de UVA se convierte en pesos al valor del índice correspondiente para dicha fecha. Su peor característica: se colocan a plazos de no menos de 90 días, si es que se quiere percibir en pleno el efecto de la inflación.
Puesto de otra manera, un depósito de $ 100.000 constituido el 31 de diciembre de 2020, cuando un UVA valía $64,32, equivalía a 1.554,72 unidades indexadas. Casi once meses más tarde, un UVA vale $90,54 según los datos diarios que publica el Banco Central. Así, el capital al día de hoy subió a $140.764,92.
Por sobre el capital expresado en UVA, además, se aplica la tasa que ofrece cada banco y que en la actualidad suele ir del 0,5% al 1% entre las entidades más grandes. El resultado, en caso de una tasa del 1%, llegaría hasta la actualidad a $141.614,37.
Estos rendimientos, que garantizan ganarle aunque sea por poco al avance de la inflación, comparan con tasas de plazos fijos a 30 días que rinden 3% mensual frente a un índice de precios al consumidor que en septiembre subió 3,5%.
Sin embargo, a pesar de que el plazo fijo es una apuesta perdedora de antemano, la alternativa ajustada por UVA todavía tiene un rol marginal en el mercado bancario local.
Al 18 de octubre, último dato oficial, todo el valor en pesos colocado en plazos fijos ajustados por UVA no alcanzaba el 4,57% del stock de plazos fijos tradicionales a tasa preacordada. Eran $151.594 millones los colocados ese día en depósitos indexados, frente a $3,16 billones en plazos fijos tradicionales.
Empleados encargados de la estrategia de fondeo de bancos admitieron que hoy no es atractivo para los bancos tomar depósitos que ajusten por la inflación en forma masiva. Y el congelamiento de las cuotas de los créditos UVA tiene que ver con ello. Tomar depósitos UVA implica prestar con ajuste UVA, sino no tiene sentido pagar el costo. Los clientes, explican, evitan endeudarse a través de un mecanismo indexado por inflación ante perspectivas de precios pesimistas. Y, aún si lo aceptaran, siempre está el riesgo de una nueva regulación que impida a los bancos cobrar los créditos en forma íntegra.
Pero aunque los préstamos indexados estén lejos de un boom, los bancos sí tienen la opción de colocar los depósitos indexados en letras y bonos ajustadas por CER. Sin embargo, el principal emisor de esos papeles es el Estado nacional y cada tesorería de banco decide qué tanto está dispuesta a exponerse a bonos públicos.
El otro obstáculo que traba el crecimiento de los depósitos UVA es su plazo mínimo de 90 días. Son colocaciones demasiado largas para un sistema que está orientado al plazo tradicional de un mes.
Para enfrentar la poca predisposición de los ahorristas a colocar depósitos a tres meses, a mediados del año pasado el Banco Central creó los depósitos UVA precancelables. Se trata de depósitos a tres meses que, a partir del día 30, pueden ser cancelados. Eso sí, al hacerlo no se percibe la variación de UVA sino una tasa predeterminada que tiende a ser menor aún que la de un plazo fijo tradicional. Sin embargo, por ahora no encuentra un gran eco.
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