
La principal candidata a diputada por la provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz, sugirió que la estructura impositiva debería ejercer una “presión más fuerte sobre las grandes empresas” y alarmó a especialistas y empresas que, advierten, no hay más margen para aumentar impuestos. La candidata oficialista aclaró más tarde que sus dichos se referían a medidas que ya tomaron el gobierno de Alberto Fernández y la bancada oficialista, como el aumento de la alícuota del Impuesto a las Ganancias para las grandes sociedades.
Sin embargo, los dichos de la que por su ubicación en el tope de la lista prácticamente tiene garantizada una banca en la Cámara de Diputados llamaron la atención de especialistas que, señalan, el margen para aumentar impuestos a las empresas ya se agotó hace tiempo.
“Un informe estadístico del Banco Mundial que compara cargas impositiva para distintos países registró que en la Argentina para que una empresa se lleven $100 de utilidades, previamente tienen que pagar a los Estados nacional, provincial y municipal $106. O sea, se paga en impuestos el equivalente al 106% de lo que se gana. En esa escala el país está en penúltimo lugar en términos de mejor lugar para hacer negocios. El promedio en la OCDE es 45% y en Brasil el 65%, por dar algunos ejemplos”, dijo César Litvin de Lisicki, Litvin & Asociados.
“La Argentina está catalogada como uno de los países en los que más impuestos pagan las empresas.- Y si seguimos aumentando nos caemos del mundo, porque va a contramano de lo que están haciendo otros países y de lo que necesita Argentina que es seducir inversiones. El mundo adecúa su sistema tributario para atraer inversiones y compite por ese lado”, comentó el tributarista.
Para Sebastián Domínguez de SDC Asesores Tributarios, en lo que va del actual período del Gobierno la mayor presión impositiva sobre empresas ya se hizo realidad. De hecho, sostiene, es difícil generar mejoras en el esquema tributario que no sean reducir la evasión, porque el aumento de impuestos ya es una realidad.
“La reforma más relevante que hizo el Gobierno en el último año es aumentar la alícuota del Impuesto a las Ganancias para quien tenga ganancia neta superior a 50 millones. No específicamente a grandes empresas, sino a empresas que facturan más que esa cifra. Una vez superado ese monto empiezan a pagar la alícuota más alta de Ganancias, un 35% al que se le suma un 7% más si distribuye dividendos, lo que lleva la alícuota efectiva casi al 40%”, dijo el especialista.
“La presión impositiva sobre grandes empresas no termina ahí. No tienen beneficios como la posibilidad de computar el Impuesto a los Débitos y Créditos como pago a cuenta de otro tributo, no pueden ingresar el IVA en forma diferida. Y al ser más fáciles de fiscalizar tienden a tener operaciones completamente formales que sienten la carga impositiva en pleno”, agregó Domínguez.
“Pero además pesan otros tantos impuestos como Ingresos Brutos, distorsivo y que puede llegar al 5%, pusieron un tope al mínimo no imponible para contribuciones patronales y también hubo un aumento de las retenciones”, señaló.
“Lo que tendría que hacer el Estado es luchar contra la evasión. Los principios de progresividad están muy bien, pero no se puede subir la carga impositiva al infinito”, concluyó Domínguez.
Por último, para Nadín Argañaraz del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la discusión no es sobre aumentar o bajar la carga impositiva sino buscar cuál es ese nivel de recaudación que es compatible con el desarrollo económico.
“Un sistema progresivo es un sistema que no tiene distorsiones y, en ese sentido, estás trabajando desde el punto de vista de la equidad. El que más tiene, más paga. Pero el punto no es ese, sino qué nivel de carga tributaria elegimos. Porque yo puedo lograr un esquema progresivo aumentando la carga, bajándola o tratando de ser neutro. La discusión que nos debemos es cuál es la carga tributaria que impulsa el desarrollo económico”, comentó.
“Y la segunda cuestión tiene que ver con el tema de qué tipo de impuesto queremos. Porque tenemos impuestos directos e indirectos, es decir, no es lo mismo definir quién lleva el cheque a la AFIP o quién paga. Por ejemplo, el pago de IVA a la AFIP lo hacen empresas, pero en realidad al costo lo está pagando el consumidor. Lo mismo con ingresos brutos. Son impuestos distorsivos que se cargan sobre el consumidor, más allá de que lo pague el cheque a la AFIP se lo de el que lo vende”, dijo Argañaraz.
“Un esquema realmente progresivo tiene que depender cada vez más de impuestos directos en lugar de indirectos”, concluyó.
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