
Del mismo modo que los ajustes de tarifas fueron uno de los principales motores de la inflación entre 2016 hasta mediados de 2019 cuando se volvieron a congelar, desde el año pasado ese rol parecen cumplirlo los alimentos. Esta categoría no sólo acumula una suba mayor a la de la inflación general durante el primer semestre, sino que además registró el aumento más elevado de los últimos 5 años para ese período.
A pesar de la multiplicidad de programas de control o acuerdo de precios e impulsados particularmente por los precios de la carne, pero también de los lácteos y las harinas, los alimentos subieron 26,4% durante los primeros seis meses del año. Ese registro se ubicó 1,1 punto por encima del nivel general de inflación, con una tasa media mensual de 4%. Ese mismo cálculo, para el primer semestre de 2020, arroja un resultado de 3%, cuando la suba de alimentos acumulaba 17,2% de incremento, 3,6 puntos por encima de la inflación general.
En tanto, de acuerdo a los datos de la Fundación Mediterránea, en los cuatro años anteriores, la tasa media mensual de la inflación de los alimentos durante el primer semestre osciló entre 1,6% - la más bajo en 2017- y 3,8% en 2019, cuando los precios de ese rubro acusaban el pleno impacto de la fuerte suba del dólar de esos meses.

Ese escenario es diametralmente opuesto al actual, en el que el valor dólar oficial ajusta muy por debajo de la inflación. Sin embargo, otros factores contribuyeron a la aceleración de precios de los alimentos.
En primer lugar, el aumento del precio de la carne, que acusó subas promedio de 8% en los últimos dos meses y acumuló 47% en el semestre, causada debido en gran medida a la mala praxis del Gobierno con el cierre de las exportaciones. Se trata de un rubro con alta ponderación que impulsa el índice hacia arriba. Pero no fue lo único que anotó incrementos de 20 puntos por encima de la inflación: también los lácteos y hasta el pan, subieron 47% y 59% respectivamente.
El dato contrasta con la proliferación de planes de la secretaría de Comercio para mantener a raya la suba de precios e indica, particularmente, lo ineficaz del control de Precios Máximos, que se comenzó a desmantelar lentamente en los últimos meses. Relevamientos privados, incluso, remarcaron el efecto contraproducente de estos planes. En el caso de Precios Cuidados, por ejemplo, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino detectó que aquellas categorías que contaban con un producto específico dentro del programa, registraban aumentos por encima de la inflación general, con un desvío promedio de 8 puntos.
A partir de ahora, la incógnita a develar es cómo evolucionarán los precios de los alimentos durante el segundo semestre, especialmente con la aproximación de los meses electoralmente críticos. En este sentido, muchos de los factores que tuvieron alta incidencia en el avance durante el primer semestre ya no tendrán tanto peso en los próximos meses. Sin embargo, reaparecerían otros que durante la primera parte del año tuvieron una influencia acotada.
Entre los primeros, aseguró el economista Camilo Tiscornia, se puede considerar el alza de los precios internacionales de las commodities, que tras alcanzar precios récord, parece haberse quedado sin combustible. Y también el dólar, que si bien refleja desde enero un ritmo de suba por debajo de la inflación, esa diferencia se acentuó en los últimos meses, lo que podría contribuir a una desaceleración. Del otro lado, el propio gasto electoral y la reapertura de las paritarias que impactarán de lleno a partir del mes próximo, podrían fogonear incrementos que se mantengan más cerca del 3% mensual y más alejados del 2% que el gobierno espera como inflación mensual promedio.
“En julio, se frenó un poco la suba de alimentos, especialmente de la carne. Para los próximos meses, influyen dos cosas: el ancla del dólar se va a hacer sentir un poco más y los precios internacionales ya se estabilizaron, incluso bajan por momentos. Eso podría ayudar a contener la presión sobre los alimentos”, dijo Tiscornia, quien a la vez advirtió los elementos que operarán en sentido inverso, esencialmente, la inyección de dinero por parte del Gobierno. “El Gobierno está poniendo mucha plata en la calle, aumento de sueldos a empleados públicos, bono a jubilados, planes. Habrá que ver qué termina pesando más, en el corto plazo, me inclino a pensar a que la inflación puede perder algo de impulso para recuperarlo hacia fin de año”, concluyó el economista.
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