
La papa es un alimento típico de la cocina argentina, tanto por su amplio uso, como así también, por la larga historia que tiene en nuestro país. Con una distribución productiva en varias regiones del territorio nacional, se come en preparados caseros o industrializada en forma de papas fritas, y su carácter semi perecedero y precio generalmente económico, la hicieron un recurrente producto de consumo familiar, como así también en los restaurantes.
Sin embargo, en estos últimos años, en especial durante la pandemia de coronavirus, su consumo aumentó de una manera significativa superando los 50 kilos por habitante al año y ubicándose por encima de la carne vacuna en el podio de los alimentos más consumidos por los argentinos.
Así lo demuestra un informe de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Según un trabajo a cargo de los ingenieros agrónomos Ricardo Bergonzi y Sergio Constantino, el consumo de papa (fresca o industrializada) alcanzó los 52 kilogramos por habitante por año, un 18% por encima de la anterior medición que realizó la universidad marplatense en 2016.
Este total no solo significa un considerable crecimiento respecto a los índices de hace cuatro años, sino que también superó a otro alimento emblema de los argentinos, como la carne vacuna, que se ubicó en diciembre pasado en 49,7 kilos por habitante al año, según mediciones de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra).
Durante el 2020, año signado por el inicio de la pandemia de coronavirus, se produjeron en el país 2.844.000 toneladas de papa. De ese total, 1.909.000 llegaron al mercado como producto fresco, mientras que 663.500 toneladas se procesaron como bastón prefrito congelado, 181.500 toneladas como chips y a 90.000 toneladas se le dio otro uso.
De las casi 2,85 millones de toneladas, 2.297.500 toneladas tuvieron como destino el mercado interno, de las cuales 1.794.500 toneladas fueron como producto fresco y 503.000 toneladas de papas industrializadas. Si se toma en cuenta el consumo de cada uno, en 2020 se consumieron 40,8 kilos por habitante al año de papa sin procesar, mientras que las que sí tuvieron un tratamiento, el consumo fue de 11,4 kilos por habitante.
En diálogo con Infobae, uno de los autores del informe, Sergio Costantino, indicó que “la producción de papa tiene una importancia bastante directa en nuestro país, porque somos altos consumidores, está presente en la mesa de los argentinos y, como es históricamente un producto económico, eso permite no solo que esté en la mesa por gusto sino también por económica”.
Según explicó el especialista, “el salto en el consumo interno empieza con el gobierno de Mauricio Macri, donde se priorizó todo lo que era exportación y se vio afectada la producción de papa a nivel nacional. Se siguió produciendo y los precios empezaron a caer y, a partir de eso, empezó a aumentar el consumo y tuvo el mayor pico durante el primer año de pandemia. Durante ese año, todos nos tuvimos que quedar más tiempo encerrados y tuvimos la posibilidad de cocinar y eso permitió que aumente el consumo en mayores proporciones”.

“Si bien en los 70 y principios de los 80 se llegó a 70 kilos por persona, también por una cuestión de que era un producto barato, empezó a caer por diferentes causas, como sustitutos y modas y lentamente llegó a los 40 kilos en 2014. Después empezó a aumentar hasta los 52 kilos en detrimento de la carne. El consumo ahora está siguiendo el mismo patrón del año pasado, con un consumo impresionante, y creo que va a terminar el 2021 con un mayor consumo”, finalizó.
Producción nacional
Si bien la producción de papas a nivel nacional está focalizada en ciertas áreas, éstas se encuentran dispersas a lo largo y ancho del territorio nacional y tiene la particularidad de poder abastecer al mercado en casi todo el año, ya que cuando el proceso productivo culmina en un sector comienza en otro y así sucesivamente. Durante el año pasado, la superficie total implantada en todo el país alcanzó las 79.900 hectáreas y se obtuvo un rendimiento de 36 toneladas por hectárea.
El grueso de la producción se concentró en Buenos Aires, más puntualmente en el sudeste de la provincia, con una producción de 1.565.000 toneladas, de las cuales 800.000 toneladas fueron destinadas al mercado como producto fresco, mientras que 765.000 toneladas fueron industrializadas.
En segundo lugar se ubicó la ciudad cordobesa de Villa Dolores y la provincia de San Luis, con 481.000 toneladas, seguida por la zona de Córdoba Capital, con 340.000 toneladas, Tucumán, con 221.000, Mendoza, con 153.000, Jujuy y Salta, con 49.000 y Rosario, con una producción cercana a las 35.000 toneladas.
En este sentido, Costantino remarcó que durante los últimos años, la producción de papa en Argentina tuvo un fuerte impacto positivo gracias al mejoramiento de los rendimientos, mientras que en lo que respecta a superficie, la misma se mantuvo constante. “Con la aparición poco a poco de la industria y su tecnología anexa, y el mejoramiento de la semilla, repercutió en el rendimiento”, el cual consideró que se mejoró entre un 15% o 20%.
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