
Mientras todos los países empiezan a sentir las consecuencias económicas de las medidas para paliar la crisis de la pandemia, Argentina mantiene su rumbo a contramano de la región y demás mercados emergentes. No sólo en términos de acceso al mercado financiero el país quedó al margen de la ola de liquidez internacional, que ofrece condiciones excepcionales para quienes buscan fondos frescos. También en la evolución de las variables clave a las que prestan atención los inversores, particularmente la inflación, la Argentina queda cada vez más lejos de sus vecinos.
Aunque muchas de las medidas que tomó el Gobierno para hacer frente al desafío económico que impuso el coronavirus fueron similares a las adoptadas en gran parte del mundo, como una inusitada expansión del gasto público y el financiamiento vía emisión monetaria, el impacto de estas políticas amenaza con hacer estragos en la macroeconomía argentina pero no en el resto de los países emergentes. Esa es la primera conclusión que se desprende de un reciente informe elaborado por Ashmore Group, un fondo de inversión londinense enfocado en mercados emergentes que formó parte del comité de acreedores más duros en la negociación de la deuda del año pasado y que también tuvo una participación decisiva en la reciente reestructuración de vencimientos de YPF.
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Mientras en la Argentina el debate es cuál el margen de error en las proyección de 30% de inflación del ministro Martín Guzmán, si será de 10 o de 20 puntos, llevando esa tasa a 50% en el peor de los casos, el avance de los precios no es un problema para la mayoría de los mercados emergentes. Mucho menos, según Ashmore, lo es el precio de los alimentos, “siempre motivo de especial preocupación en estos mercados”. En cambio, una mayor presión inflacionaria sí podría verificarse en los países desarrollados.
“Las rápidas expansiones fiscales y monetarias en los mercados desarrollados en 2020 y hasta ahora en 2021 también están generando preocupaciones crecientes sobre la estabilidad de precios con varios indicadores que apuntan a un aumento de la inflación durante los próximos trimestres”, dice el informe de Ashmore, titulado “Sin señales hasta ahora de una suba de la inflación en los mercados emergentes”, en el que se pregunta cuál es el impacto en esos países de esas mismas políticas.
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“Hasta ahora, no hay signos de inflación generalizada en los mercados emergentes” establece el reporte. En enero, la tasa promedio de inflación interanual de los países emergentes incluidos en el Indice EMBI de JP Morgan se mantuvo estable en 2,3%, prácticamente sin cambios por cuarto mes consecutivo. Ashmore destaca un ligero incremento en el rendimiento de los bonos en monedas locales que elevaron “el rendimiento del índice real en los mercados emergentes a 1,95% en enero de 2021 desde el 1,91% del mes anterior”.
En ambos casos, con una tasa interanual de inflación del 38% y un rendimiento de 17% de sus bonos, la comparación con las cifras que exhibe la Argentina es shockeante. Pero todo empeora si, encima, se hace foco en el principal dolor de cabeza que tienen hoy el presidente Alberto Fernández y su ministro Guzmán: cuánto cuestan los alimentos.
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Dice Ashmore que “también es digno de mención que no hay evidencia de una presión inflacionaria generalizada en los precios de los alimentos en los países emergentes. La inflación de los alimentos siempre es motivo de especial preocupación, ya que amenaza la estabilidad social al aumentar desigualdad y, dependiendo del entorno macroeconómico, también puede provocar una inflación de traspaso al sector servicios, lo que obliga a los bancos centrales a reaccionar. La buena noticia es que la inflación de los precios de los alimentos en los mercados emergentes en realidad disminuyó a una tasa interanual del 4,6% en enero de 2021 desde el 5,4% en marzo de 2020”. Triste ironía del destino, los precios de los alimentos en la Argentina subieron sólo en enero lo mismo que subieron en promedio en todos los emergentes en los últimos doce meses.
El panorama, de acuerdo al informe del fondo de inversión, no tiene perspectivas de mejorar: “Tras subir retenciones y elevar impuestos sobre la parte más rica de la población, el Gobierno dijo que recortaría los impuestos sobre la renta para 1,2 millones de trabajadores en el sector formal. También se reunió con empresas y sindicatos para acordar un tope de precios y salarios en un intento por controlar la inflación. Es probable que estas medidas aumenten las distorsiones económicas y que no tengan un efecto permanente en las tasas de inflación”, sentenció.
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