
Con más de USD 757 millones vendidos hasta el día 9 (último dato oficial), septiembre apunta a ser el mes de mayor sangría de divisas para el Banco Central desde que volvió el cepo cambiario. Las continuas y elevadas ventas oficiales tampoco están logrando calmar a los “otros” tipos de cambio: el contado con liquidación subió ayer más de 2% hasta rozar los $ 130, mientras que el informal trepó hasta $ 132.
El panorama sigue cargado de incertidumbre. En este escenario lo más lógico para cualquier ahorrista es seguir aprovechando la posibilidad de comprar los USD 200 mientras dure, a un tipo de cambio que es casi 30% inferior al del dólar financiero. El Gobierno busca dar nuevas opciones para invertir en pesos, por ejemplo a través de un plazo fijo atado al tipo de cambio oficial (“dollar linked”). Es difícil, sin embargo, que los pequeños ahorristas se vean tentados por esta opción.
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En cuanto a los plazos fijos tradicionales, la tasa de interés de 33% tampoco luce interesante como inversión, por debajo de la inflación proyectada. Una de las especulaciones de los analistas es que tarde o temprano el Central deberá incentivar a los bancos a que paguen más rendimiento a los ahorristas que se quieran quedar en pesos. Se habla de por lo menos el 40% anual.

Martín Guzmán insistió el fin de semana en que no piensa en ponerle más restricciones al cepo. Es decir mantendría el permiso de compra de USD 200, aunque cada día le resta más reservas liquidas al Central. En el equipo económico temen que más trabas puedan generar un salto mayor del “blue”, lo que llevaría a un deterioro todavía mayor de las expectativas. Algunos especulan que podrían volver los permisos previos de AFIP para la compra de dólar “solidario”, tal como existió entre 2012 a 2015. Pero todo sigue en el terreno de las especulaciones, aunque todo apunta a que habrá cada vez más controles para limitar el acceso al dólar oficial.
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El titular del BCRA, Miguel Pesce, está sumamente complicado. Como tantas otras veces en la Argentina, debe lidiar con una verdadera “manta corta”. Esto significa que no hay disponibles soluciones óptimas. Si cierra la ventana de los USD 200, la brecha cambiaria podría seguir en aumento.
Si se decide por un desdoblamiento del tipo de cambio, el golpe para las empresas sería durísimo. La razón es que los exportadores ingresarían divisas al tipo de cambio oficial, pero tendrían que pagar las deudas al tipo de cambio financiero, es decir un 80% más caro.
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La tercera opción, que parece la más factible en el cortísimo plazo, es salir a vender bonos para bajar las paridades, consiguiendo una disminución del dólar Bolsa y del contado con liquidación. El objetivo es volver a niveles de $ 115 o incluso menos. Es decir dar vuelta las expectativas negativas para que se suavice la presión cambiaria. Pero esto se haría a costa de un aumento del riesgo país a pocas semanas de haber concluido el canje. No suena muy lógico deprimir la paridad de los nuevos bonos cuando recién acaba de concluír la reestructuración de la deuda. Pero sería a esta altura el mal menor.
Por lo pronto, en lo que sí parecen todos de acuerdo dentro del Gobierno es en evitar por todos los medios una devaluación brusca. La idea es seguir “llevando” el tipo de cambio oficial al mismo ritmo de la inflación. Sostienen que el tipo de cambio no está atrasado y por lo tanto no habría razones para que pegue un salto brusco.
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Pero está claro que no todos en el mercado lo creen igual. Cómo en otras épocas, aumentó en forma significativa la compra de dólar futuro por parte de bancos y empresas. Buscan cubrirse a tasas baratas de una eventual devaluación, a contramano de lo que pregona el equipo económico.
El ministro de Economía busca “estabilizar” el tipo de cambio, según él mismo declaró. Pero no le alcanzó con haber conseguido 99% de aceptación del canje. En los primeros días de negociación los nuevos títulos tuvieron baja demanda y cayeron de precio. Eso también se reflejó en un salto del dólar financiero en el arranque de la semana.
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Ahora Guzmán se juega otra parada para tratar de disminuir la desconfianza de los mercados. Hoy presentará los lineamientos del Presupuesto 2021 en el Congreso y se buscará dar una señal tranquilizadora.
Sin embargo, el déficit fiscal proyectado de 4,5% no cayó bien entre los inversores. Significa el peligro de más emisión monetaria por delante, con la presión que podría generar sobre el dólar y también sobre la inflación. Su tarea será convencer a los mercados de que es posible financiar con colocación de bonos por parte del Tesoro, reduciendo la dependencia del Central. Pero se trata de señales demasiado endebles para una economía que viene a los tumbos y que recibió un durísimo golpe con la pandemia.
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