
Con la incorporación de los nuevos bonos del canje al riesgo país, quedó marcado ayer en los 1104 puntos básicos el mojón a partir del cual el país deberá lograr una disminución del índice EMBI+ que elabora el JP Morgan. En ese derrotero influyen factores de cortísimo plazo, como el reacomodamiento de carteras de los inversores involucrados en el proceso de reestructuración de la deuda, como las señales del rumbo económico en el mediano plazo. Pero al menú ahora se suma un nuevo componente: el ruido político. Los analistas más optimistas de Wall Street aseguran que el “riesgo político” que el mercado le atribuye a la nueva deuda argentina “está sobredimensionado” mientras que los más pesimistas no dudan en afirmar que con la renegociación el país sólo obtuvo algunos años más de oxígeno pero que, cuando tenga que volver a pagar a partir de 2025, la Argentina se enfrentará a las mismas dificultades que el reciente canje estaba destinado a resolver.
Por caso, mientras las calificadoras Standard & Poor´s y Fitch mejoraron la nota de la deuda soberana, a la que coincidieron en ubicar en lo más bajo de la escala (CCC) pero ya fuera de la zona de default, Moody´s no prevé por el momento modificaciones. “Nosotros no tenemos ´selective default´ en nuestra escala,y pensamos que el riesgo de que Argentina vuelva a tener que reestructurar en unos años, incluso defaultear, es alto”, respondieron desde la agencia de rating crediticio.
Desde esa perspectiva, la reducción de la prima de riesgo no sería rápida ni sencilla, sino un “paso a paso” para el equipo económico que conduce Martín Guzmán. En primer lugar, porque será difícil de contrarrestar en las próximas semanas el impacto en la cotización de los flamantes títulos de las ventas por parte de los grandes fondos de inversión que, tras la reestructuración, aún mantienen tenencias de bonos argentinos por encima de lo que consideran ideal. Esa descarga inicial en el mercado, que presiona hacia abajo los precios y confirma rendimientos por encima de 11%, es un efecto que los bancos asesores del Gobierno para el canje, Lazard y Bank of America, habían anticipado.
La expectativa, sin embargo, es que con el correr de los días, las señales de política económica por parte de la administración de Alberto Fernández contribuyan a una convergencia de tasas a niveles similares a los que pagan países de la región. Es que, para un país que no tiene vencimientos que pagar en los próximos años, muchos consideran que el riesgo por encima de 800 puntos es demasiado elevado. Incluso superior a otros países que presentan hoy muchas más dificultades. Lo explicó del siguiente modo Alberto Bernal, jefe de estrategas en mercados emergentes de XP Securities. “Si la deuda de un país como Jamaica rinde 4,5%, la de Argentina no puede pagar 12%. A lo sumo 8%, pero claro, para eso hay muchos puntos a despejar”.
En ese sentido, el analista considera que los mercados mantienen una visión exagerada de los riesgos políticos a la vez que “sub-dimensionan” la capacidad de recuperación de la economía argentina. Esto siempre y cuando se alcance en tiempos razonables un acuerdo con el Fondo Monetario y, sobre todo, se avance en la reapertura total de las actividades económicas, a las que atribuyó la creciente conflictividad social. “Está pasando en todos los países emergentes, que precisamente por eso empezaron a liberar las economías. La Argentina también tiene que hacerlo ya, no es Suecia, ni Noruega ni Alemania”, opinó Bernal.

El primer indicio concreto respecto del rumbo económico se espera para el próximo martes, cuando se conozcan los lineamientos del proyecto oficial de Presupuesto 2021, en el que se encontrará el detalle del plan para lograr una reducción del déficit fiscal a 4,5% el próximo año. “Lo que se viene ahora es atraer inversiones, mostrarse cerca del mundo con reglas claras. Es el principal desafío en la pospandemia, al que se tiene que llegar reducción del déficit fiscal y generando dólares genuinos”, apuntó Pablo Castagna, director de Balanz, con quien coincide prácticamente todo Wall Street, tanto los pesimistas como los optimistas
“El sendero fiscal convergente respaldado desde la política es un elemento que no puede faltar en la receta. En lo posible, acompañado de un programa monetario”, aportó Sebastián Vargas, estratega del banco de inversión Barclays. “La recuperación de la economía sumada a la consolidación fiscal en un país que ha limpiado sus vencimientos de deuda para los próximos años no es consistente con un riesgo país tan elevado. En el mapa de los países emergentes, ese lugar se encuentra reservado para los países con mayor proximidad al default”, dijo Vargas.
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