
La clase media es la garante del ascenso social y la democracia. Sin clase media ambas corren riesgo. Los incentivos presentes y futuros deben estar en lograr su ascenso. Si la clase media mejora su nivel socioeconómico genera empleo en volumen y derrama sobre la economía más que cualquier otra clase en la pirámide social.
En nuestro país somos fundidores seriales de Mipymes. Las ahogamos impositivamente y con caída de la economía en forma permanente desde hace una década y en forma creciente desde hace dos. No queda excepto el monotributista hoy en crisis de cierre total a quien en 1998 se le creo un régimen por UDS 100,000 y hoy con USD 28.000, 22 años después, si supera ese monto se lo destruye impositivamente para llevarlo al cierre. La pandemia sanitaria será letal pero las bases de la pandemia económica venían de antes.
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Si el Estado Argentino no actúa rápidamente para cambiar los incentivos, el futuro de las pymes es aciago. Para que haya una pequeña y mediana empresa alguien tuvo que a lo largo de al menos 5 años ser exitoso en el régimen simplicado para pasar por diferentes escalas bajas de tributación que le permitan reinvertir utilidades para hacer sostenible su negocio. Nosotros matamos la empresa antes que pueda nacer. Sin mipymes no hay pequeñas ni medianas empresas. Y la Post cuarentena dejará muchos cierres. La Post Pandemia muchos quiebres. Y la Pre Pandemia Económica en Argentina ya llevaba a este eslabón más delicado del empresariado a tener que cerrar su negocio.
La Clase media es la clase trabajadora y la más activa a nivel social y económica. Esa clase que nos encargamos de engañar para activarla por un par de años y desactivarla cuando le cobramos lo que no puede pagar y no genera con pésimos contextos macroeconómicos que se forjan en pésimas políticas públicas de todos los partidos y gobiernos.
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De acuerdo con la última información difundida por el INDEC, al segundo semestre de 2019, el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza alcanzó el 25,9%; en estos residen el 35,5% de las personas. Dentro de este conjunto se distingue un 5,7% de hogares por debajo de la línea de indigencia, que incluyen al 8,0% de las personas. Esto implica que 2,4 millones de hogares, que incluyen a casi 10 millones de personas, son pobres.

En ese segundo tramo de 2019, una familia necesitó $36.575 mensuales para no caer en la pobreza. Esos ingresos quedaron aproximadamente 15% desactualizados al primer semestre de este año, al ritmo de la suba de los precios minoristas. Si esto se combina con la fuerte caída del ingreso personal a partir de las suspensiones laborales, las pérdidas de empleo y la prohibición (al menos temporal) del desarrollo de ciertas actividades comerciales y profesionales, se anticipa un significativo deterioro de la economía familiar, con importantes subas en la tasa de pobreza e indigencia. Los paquetes de ayuda gubernamental llegan con lentitud, son limitados y están sesgados a los sectores más vulnerables.
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En este contexto, nos preguntamos ¿cuál es el impacto de la crisis económica sobre la clase media y cuáles son las alternativas para surfear estos meses y recomponer su posición financiera post cuarentena? ¿Cuál es el riesgo de extinción de este segmento socio-económico al ritmo de la suerte que corren las MiPymes?
Tomando una canasta de consumo para una familia de clase media típica (dos adultos y dos menores), no propietarios, los gastos habituales hubieran ascendido a $100 mil. Sin embargo, suponiendo la pérdida parcial de ingresos (experimentada por la mayoría de la población), donde la mujer dejó de percibir los $25 mil mensuales por su trabajo independiente y el hombre vio recortado su salario bruto un 25% por acuerdo de suspensión, los números ya no cierran. La situación económica de este hogar podría incluso estar más comprometida si dependiera de un pequeño comercio no esencial, por ejemplo.
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Con un ingreso reducido a casi la mitad (unos $50 mil mensuales), deben ajustar sustancialmente sus gastos e, incluso así, endeudarse para cubrir aquellos considerados básicos para una familia del estrato socio-económico medio.
Canasta
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Veamos el detalle. Entre alimentos y bebidas, productos de cuidado personal y limpieza del hogar contabilizan un gasto de $22.700. Si a ello le sumamos, aproximadamente $15.000 de alquiler, $5.500 del pago de expensas y otros $6.500 entre impuestos y servicios del hogar (luz, agua, gas); los gastos básicos rozarían casi los $50 mil. La salud, el trasporte urbano y la comunicación también son considerados básicos para una familia de clase media que, al menos en los primeros meses, intentará mantenerlos aún a costa de reducir ahorros o endeudarse. Estos últimos gastos sumarían $22 mil.
Probablemente esta familia arrastra ciertos gastos en la tarjeta de crédito. Suponiendo una cuota mensual pendiente de la tarjeta de crédito, este hogar con ingresos reducidos a $50 mil mensuales, limita sus gastos inicialmente a casi $80 mil, lo que implica unos $30 mil de erogaciones mensuales sin cobertura.
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Si bien el aislamiento social, preventivo y obligatorio restringió erogaciones como las asociadas en esparcimiento (restaurantes, cines, teatros), serían de todas maneras servicios prohibitivos en la situación actual para muchas familias. Otros no permitidos de la clase media en el actual contexto son indumentaria y calzado, medicamentos, pago de seguros, educación privada y compra de útiles escolares, mantenimiento y equipamiento del hogar, etc.
¿Cómo financian este exceso de gastos? Pueden recurrir a ahorros propios, préstamos de amigos/familiares, financiamiento bancario (préstamos personales o tarjetas de crédito) y/o financiamiento no bancario. Las dos primeras opciones pueden funcionar un par de meses, pero luego se debe recurrir a fuentes alternativas. En lo que refiere a los préstamos bancarios, tanto las financiaciones con tarjeta de crédito como los personales mostraron contracciones en mayo, situación atípica para estas líneas en los últimos años. En particular, las tarjetas de crédito registraron una caída de 0,3% en el quinto mes del año. Por su parte, los créditos personales también mostraron una caída en igual mes (0,9%).
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Familia con suerte
Supongamos que esta es una familia con suerte que logra recurrir al financiamiento mediante el uso de la tarjeta de crédito a 12 cuotas. Según lo dispuesto por el BCRA, los saldos impagos de las tarjetas de crédito se refinancian automáticamente por el plazo mínimo de 12 meses con 3 meses de gracia y con topes en las tasas de interés compensatorias. Aun frente a estas disposiciones de la autoridad monetaria, estamos hablando de una tasa de interés del 43% nominal anual. Y esto lleva a un costo financiero total no menor al 50% nominal anual.
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Si hablamos de las tarjetas de crédito emitidas por entidades financieras no bancarias la tasa de refinanciación sería sustancialmente mayor. Suponiendo que la familia financia su brecha de ingresos mensualmente con la tarjeta de crédito a 12 cuotas, llega a septiembre con un financiamiento a través de este medio cercano a los $100 mil. La deuda originada en cuotas vencidas impagas deberá comenzar a abonarse a partir del noveno mes del año llevando los pagos mensuales, de mínima, a unos $15.000 entre capital refinanciado, intereses compensatorios y las cuotas que corresponden a ese mes.
Expectativas
De acuerdo a una encuesta efectuada por la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires entre el 7 y el 11 de mayo, 46% de los encuestados que se perciben de clase media-baja estima que su hogar dejará de percibir ingresos o que éstos disminuirán sustancialmente en los próximos meses. Ese porcentaje se reduce al 31% cuando se consideran a aquellos que se perciben de clase media-típica. 7 de cada 10 encuestados de estos estratos socio-económicos proyectan que los ingresos del hogar se verán alterados negativamente.

La perspectiva tan desfavorable que se recaba en la población respecto del futuro de sus ingresos podría condicionar más aún los gastos de las familias de clase media, algo que ya se percibe en las moras de pago de los alquileres, por ejemplo. En parte esto podría compensarse con la percepción que los mismos tienen respecto de sus bajos niveles de endeudamiento. De acuerdo a la misma encuesta, más del 70% de los encuestados respondió que, o bien no tienen deudas, o bien están poco endeudados con el sistema financiero. Para la clase media baja percibida ese porcentaje es de 66%, en tanto que para la media típica, alcanza al 80%.

La baja percepción de endeudamiento, la certeza de una reducción del ingreso del hogar para los próximos meses y la previsión de tratarse de una situación transitoria, podría motivar a un mayor endeudamiento de las familias de clase media, deteriorando la situación patrimonial de este segmento socio-económico pero limitando, al menos parcialmente, la caída del consumo.
Si se alterase esta ecuación, digamos a partir de la sensación de un mayor plazo de recuperación, menor estabilidad de las fuentes de ingresos y/o deterioro de las condiciones de acceso al financiamiento, el consumo podría hundirse aún más, retroalimentando el circuito. Sin duda todos saldremos de esta crisis en una situación patrimonial desmejorada, aunque cabe preguntarse si habrá espacio para que, aquellos que alguna vez supieron integrar la clase media argentina, volverán algún día a auto percibirse dentro de la misma.
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