
El lunes negro que hizo desplomar a todos los índices bursátiles del mundo no se apiadó con los activos argentinos. Los bonos soberanos argentinos en dólares sufrieron bajas generalizadas en un rango que fue del 5% al 7%, un golpe que vino a sumarse a las ya castigadas valuaciones de esos papeles. El riesgo, señalan en el mercado, es que cuanto más bajo es el valor de un título de deuda más atractivo se vuelve para que fondos buitre empiecen a comprar con la idea de cobrara ya no el resultado de una reestructuración sino en el largo plazo, a través de una batalla legal.
En medio del derrumbe de los precios de bonos y acciones de todo el mundo los títulos argentinos se encontraron en una situación de debilidad particular. Al cotizar cerca de valores asociados a un default inminente, lo que para papeles de otros países significó un duro retroceso para las emisiones de deuda de la Argentina implicó un empujón justo cuando caminaban cerca del borde. Lo que operadores y analistas miraron con algo de preocupación fue que las paridades de los bonos argentinos cayeron a niveles mínimos.
“Mirando la curva en dólares, las bajas acá fueron de entre 5/12% con paridades que retrocedieron a un rango de 37/39%, por debajo de los niveles mínimos que veníamos viendo en los últimos meses de entre 42/44%”, señaló un informe de Portfolio Personal Inversiones.
Precios de liquidación
Cuando los inversores tienen en la mano deuda que está en problemas, como en el caso argentino que está en camino a un intento de reestructuración, las operaciones diarias dejan de guiarse por los precios. Lo que pasa a tomar como principal referencia es otro valor, conocido como paridad. La paridad se refiere a qué parte del valor técnico de un bono está cubierta por el precio de mercado. El valor técnico, por otro lado, es el capital más los intereses de un bono en un momento dado.
Dicho más sencillo: el valor técnico de un bono a 10 años un año después de ser emitido equivale al capital más los intereses de ese único año. A los dos años, capital más intereses de dos años y, así, se puede precisar ese valor para cualquier día de la vida del papel.

¿Por qué se miran las paridades? Porque en el momento de una reestructuración de deuda el foco deja de estar en cuánto va a rendir en el futuro prestarle a un Gobierno para pasar a concentrarse en cuánto vale un bono hoy. Así, por ejemplo, si el Bono Global a 2022 cerró anoche a una paridad del 37%, o sea a USD 37 por cada USD 100 de valor técnico, un fondo que compre hoy y entre a la reestructuración a un valor técnico de USD 60 por cada USD 100 va a estar realizando una buena ganancia. Aún cuando el canje supuso una quita importante.
Y cuanto más baja es la paridad, mayor es el atractivo que genera un bono para inversores problemáticos. Porque cuanto menor es el precio, mayor es el incentivo para seguir estrategias de negociación arriesgadas.
Cadena alimenticia
“El riesgo que corre un fondo buitre se minimiza cuanto más bajo sea el valor de entrada, teniendo en cuenta que hay un proceso de reestructuración en marcha y que no se sabe si va a tener éxito. Si la reestructuración tiene aceptación y se activan las Cláusulas de Acción Colectiva (CAC) -que fuerzan a los inversores minoritarios a aceptar los cambios apoyados por la mayoría-, lo que habrán comprado con el ánimo de obtener 100%, en realidad les va a pagar 50%, 55% o lo que quede”, explicó Gustavo Neffa de Research for Traders.
“No hay un número exacto al que empiezan a comprar los fondos buitre. Hoy un fondo buitre puede estar perfectamente comprando si piensa que la deuda va al default, depende de la codicia que tenga para hacer una ganancia. En general, los buitres entran cuando huelen sangre o cuando el proceso ya fracasó. Ahí no tenés una regla, son estrategias individuales. Yo creo que ahora no tienen un precio que sea para entrar, aunque ellos actúan silenciosamente y lo sabés después. Y a que entre 30 y 37 dólares había entrado Elliot en el default anterior, en el que terminó ganando el juicio”, agregó.
Santiago López Alfaro de Delphos Investment dice que los fondos de inversión se pueden estratificar fácilmente, de acuerdo a su especialidad, como a la fauna por su alimentación. “Arriba de todo tenés los fondos de pensiones, esos no tocan a un país como Argentina. Demasiado riesgo, no invierten acá. El siguiente escalón son los real money, un ejemplo es Blackrock, que se meten algo en emergentes y se animan a algo más de riesgo. Ahí no hay abogados, son todos inversores. En el medio, están los hedge funds, que buscan inversiones más de riesgo. Y, abajo del todo, están los fondos distressed y, por último, los buitres”, explicó.
“Las paridades de los bonos argentinos hoy están en zona de distressed y hedge funds. No es bueno eso, porque son fondos que pueden encontrarle el sentido a quedarse afuera de una oferta de reestructuración y complicar el proceso, aunque al final del día lo que necesitan es cerrar una ganancia rápida, pagar USD 35, llevarse USD 60. Para hacer una estrategia buitre, la que perdió la Argentina duró 16 años sin ningún pago de intereses y con gastos, tenés que entrar a precios muy baratos. A grandes rasgos, cuanto más cerca de paridades de USD 30, más chances hay de que entren buitres”, dijo López Alfaro.
Con todo, señalan analistas y operadores, todavía no se conocen movimientos agresivos de fondos que estén en tren de compras. Ayer se conoció, si, una demanda de Aurelius por cupones PBI, que no entran dentro de la reestructuración. Pero el dato de que fondos como Greylock, Pimco, Blackrock y otros estén en la mesa de negociaciones y en conversación con el Gobierno indica que todavía no vendieron sus tenencias y, eso, puede hacer más difícil que otros jugadores puedan hacerse de cantidades relevantes de bonos argentinos.
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