
El mundo de la música latinoamericana despidió este fin de semana a una de sus figuras más queridas y respetadas: Luis Alejandro González Cárpena, conocido popularmente como Lucho González, el maestro de la guitarra criolla. La noticia de su muerte, a los 79 años, fue anunciada por el Instituto Nacional de la Música (INAMU) y rápidamente generó una ola de mensajes, homenajes y recuerdos por parte de colegas, alumnos y amigos que encontraron en Lucho no solo a un músico talentoso, sino a un verdadero puente entre culturas, géneros y generaciones.
Nacido en Lima el 25 de noviembre de 1946, González llegó a Buenos Aires a los pocos meses de vida. Creció en un entorno atravesado por la música: su padre, Javier González, integraba Los Trovadores del Perú, y fue en ese clima familiar donde Lucho comenzó a tocar la guitarra desde muy chico, desarrollando su talento de manera empírica y mostrando desde temprano un interés especial por la composición y los arreglos. A lo largo de su extensa trayectoria, participó en proyectos y grabaciones junto a artistas de distintos países y estilos. Fue guitarrista y arreglador de Mercedes Sosa, Eva Ayllón, Pedro Aznar, Fito Páez, Tania Libertad, Vicentico, Sandra Mihanovich y Juan Carlos Baglietto, entre otros. Integró el trío Vitale-Baraj-González, así como otras formaciones históricas como Nebbia-Baraj-González, y participó en el proyecto Los Hijos del Sol, grabado en Los Ángeles junto a músicos de toda Latinoamérica.
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Como solista, grabó dos discos clave: “Esta parte del camino” y “Chabuca de cámara”. Además, desarrolló una labor docente que lo llevó a diferentes puntos del país y de la región, con su sistema de enseñanza “siembra musical”, dejando huella en la Universidad Nacional de Villa María y en distintos conservatorios y universidades de América Latina. También realizó capacitaciones de armonía estructural para el INAMU. Su trabajo supo articular elementos del folclore peruano, argentino y brasileño, logrando una síntesis original y profundamente emotiva.
La noticia de su partida conmovió particularmente a aquellos músicos que compartieron escenarios, grabaciones y amistad con él. Uno de los primeros en despedirlo fue Fito Páez, quien escribió en Instagram: “Lucho González fue uno de los amores de mi vida. Una persona entrañable, artista apasionado y maestro del bien dotado con el don de la música. Fue uno de mis referentes totales y un faro de luz dentro de la música peruana”. Fito recordó la influencia de Chabuca Granda, la curiosidad inagotable de Lucho y su capacidad para rearmonizar e improvisar sobre cualquier música. “Tuve la suerte de verlo en acción. De tocar con él y verlo inventar los riffs ininteligibles de ‘Detrás del muro de los lamentos’ y ‘Tu sonrisa inolvidable’. Lleno de amor, conocedor de los arrabales del mundo y las esferas celestes. Te voy a extrañar mucho, Lucho de mi alma”.
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Vitale también dedicó un emotivo posteo: “Gracias Lucho por todo lo que nos enseñaste, por todo lo que nos reímos y por tu música que seguirá viva por siempre”. El tributo de Vitale se llenó de respuestas de colegas como Diego Torres, quien expresó: “Se fue el gran Lucho González y con él tantos viajes y giras que compartimos. ¡Gracias Lucho por todo!”. Por otro lado, Patricia Sosa escribió: “Qué tristeza tan grande. Todo mi amor a tu memoria. Qué lindo grabamos con Lito y Ariel. Me enseñaste a bailar el vals peruano. Que Jesús te reciba en sus brazos”. Y por último, Sandra Mihanovich escribió: “Ay ay ay. Te quiero Lito. Te abrazo. Amo a Lucho. Qué dolor”.
Pedro Aznar optó por un homenaje musical: compartió la canción “María Lando”, grabada junto a Mercedes Sosa y el propio Lucho González, con un simple pero sentido “¡Lucho!” como mensaje. Julia Zenko, por su parte, posteó una imagen en blanco y negro del guitarrista y escribió: “Buen viaje querido @luchogonzalezoficial. Que descanses en paz”, acompañando el posteo con el tema “Amarraditos”.
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Alejandro Lerner sumó su voz al homenaje colectivo: “Se nos fue el Maestro Lucho González, un amigazo de lo más talentoso que hemos tenido. Peruano y con corazón argentino, compusimos canciones bellísimas. Te lloramos y te vamos a extrañar siempre. Por tu música, por tu ángel, un groso como pocos. Y como dice otro maestro, Luis Salinas, cuando tocas siempre tenés razón. Te amamos. Mis respetos a la familia y amigos”.
El legado de Lucho González no solo está en los discos, los arreglos y los escenarios que pisó, sino también en la memoria de quienes compartieron la vida y la música con él. Su guitarra, su sonrisa y su generosidad siguen presentes en cada melodía, en cada alumno y en cada colega que tuvo el privilegio de aprender a su lado. Hijo pródigo de Chabuca Granda, arreglador de Mercedes Sosa, compañero de ruta de Páez, Vitale y tantos otros, el guitarrista deja una huella imborrable en la historia de la música popular argentina y latinoamericana.
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