
El impacto en el agro del nuevo esquema de derechos de exportación se hará notar con mayor intensidad en la próxima campaña 2020/2021, con una caída de la intención de siembra y una menor inversión en tecnología, a lo que debe sumarse la posible pérdida de una porción del mercado brasileño si el presidente Jair Bolsonaro avanza con su política de apertura económica y la disminución, consensuada o unilateral, del Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur.
Economistas especializados en el sector agrícola y el comercio exterior reconocieron a Infobae que en el caso del trigo “la cosecha está jugada”, aunque admitieron que podría tener alguna incidencia en maíz y soja de segunda, por lo que la preocupación se centra en la campaña venidera.
En ese sentido se expresó Esteban Copati, economista de la Bolsa de Cereales, para quien “en términos de área no va a tener grandes complicaciones” en la presente campaña, pero que “habrá que ver su impacto en la inversión en tecnología”, con una menor utilización de insumos y fertilizantes.
“Hay que esperar una cosecha menor para el año que viene y la intención de siembra va a depender de cómo queden los números”, señaló Matías Lestani, economista de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), que se valió de una experiencia reciente para poner de manifiesto el impacto de las retenciones en la producción de trigo: “En la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner aumentaron las retenciones y se cayó a la peor intención de siembra en cien años. Cuando las sacaron, hubo cosecha récord”.

Como asesor económico de una de las cuatro entidades que componen la Mesa de Enlace, Lestani precisó que el aporte fiscal del sector agrícola con el nuevo esquema de retenciones será de aproximadamente US$ 1.400 millones, pero que en el mediano y largo plazo el efecto podría ser contraproducente, ya que la combinación de las retenciones con las restricciones cambiarias y una probable apreciación del peso repercutirá en una menor intención de siembra y un “reacomodamiento” del paquete tecnológico, lo que afectaría de lleno a toda las actividades conexas, como logística, combustibles, almacenamiento y otras.
Para el economista y consultor en comercio exterior Marcelo Elizondo, “las retenciones te dejan fuera del mercado cuando tus costos se ponen muy altos en relación a los precios. El exportador cobra menos en pesos y naturalmente quiere subir el precio, pero no puede porque pierde competitividad”.
Elizondo advirtió que el impacto de las retenciones no puede ser analizado sin tener en cuenta que Brasil “abrió una cuota para terceros mercados sin arancel que podrían ampliarse. Si se diera la hipótesis de que Brasil abriera más aun su economía, con las retenciones claramente podemos perder una porción del mercado. No todo -admitió-, porque la Argentina tiene la ventaja de la proximidad geográfica y una logística más sencilla”.
Juan Manuel Garzón, de la Fundación Mediterránea, coincidió con Lestani en que los posibles perjuicios se verán en el mediano plazo, ya que “la Argentina tiene un saldo exportable de trigo muy importante para abastecer la demanda brasileña”, al tiempo que, como Elizondo, recomendó prestar atención a “otros elementos en el escenario”, entre los que mencionó en primer lugar “si Bolsonaro libera mucho las importaciones. Ahí vamos a competir mano a mano con otros productores importantes y la cosa se va a empezar a complicar”, pronosticó.
De todos modos, consideró una posibilidad “remota” que la Argentina pierde en el corto plazo presencia en el mercado brasileño con sus exportaciones agrícolas, aunque alertó que “están en riesgo los mercados de países de Asia y de África, a donde llegamos con buenos volúmenes”.
“Habrá que ver cómo estará el panorama en junio, aunque lamentablemente la economía argentina no te permite proyectar a seis meses”, acotó.
Elizondo insistió en analizar en forma conjunta el aumento de las retenciones con la política aperturista de Brasil. "Que Bolsonaro recurra a la baja del arancel externo común es muy probable, pero no una medida aislada sino parte de una política integral que incluye lo fiscal, lo laboral y lo previsional”, remarcó, al tiempo que distinguió dos posibles modalidades de parte del mandatario del país vecino a la hora de reducir el AEC.
“Hay riesgos de que ocurra individualmente, que es diferente a que lo haga unilateralmente. En el primer caso, sería de manera consensuada con el resto de los países del Mercosur, que accederían a que Brasil bajara el AEC. En ese caso, sería un problema comercial pero no político. Si lo hace unilateralmente, es decir sin consultar al resto del bloque, el problema será político”, indicó.
El ex titular de la Fundación Exportar consideró que “tarde o temprano, Brasil va a bajar el arancel. Se podrá negociar que lo haga más tarde, pero no que no lo haga, con consenso o de manera unilateral. Lo más probable es que no haya ruptura pero que Brasil se salga con la suya”, finalizó.
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