Monte Quemado es una pequeña localidad ubicada al norte de Santiago del Estero. Sus más de 12 mil habitantes conviven en un microclima en el cual las motos parecieran superar en número a los autos y las mujeres a los varones. Son ellas las que llevan a sus hijos al colegio, cocinan, lavan la ropa, hacen las compras y realizan los trámites.

También son protagonistas de una estadística que resulta alarmante en el norte del país. Según el informe Estadísticas de los hechos vitales de la población adolescente en la Argentina, elaborado por el ministerio de Salud de la Nación, Santiago del Estero se ubica entre las cuatro provincias con mayor índice de maternidad adolescente.

El podio lo conforman Formosa, Chaco y Misiones. La provincia santiagueña limita con las dos primeras. Comparte los dramas y los flagelos. Las asemeja una realidad que sacude, conmueve, interpela, cuestiona y sólo en pocos lugares ofrece una digna calidad de vida. En Santiago del Estero más del 20% de sus mujeres fueron madres antes de los 18 años. En la ciudad de Buenos Aires, para trazar un paralelo, ese número apenas supera el 5%.

Urutaú es un pequeño paraje rural ubicado al norte de Santiago del Estero
Urutaú es un pequeño paraje rural ubicado al norte de Santiago del Estero

Infobae recorrió durante dos días dos parajes rurales en donde las estadísticas son estremecedoras. En Los Tigres (161 habitantes) y Urutaú (137 habitantes) trabaja Haciendo Camino, una asociación civil sin fines de lucro que atiende desde 2006 a casi 3.000 familias que acuden a centros de contención y acompañamiento en donde aprenden a nutrir a sus hijos, se informan sobre los cuidados sexuales, estudian y aprenden oficios laborales.

En estas regiones, la ONG mencionada encuestó a 119 madres de la región. El 72% tuvieron su primer hijo en la adolescencia. Dentro de ese grupo, 11 mujeres fueron embarazadas entre los 12 y 14 años. En relación a sus conocimientos sobre anticoncepción, 1 de cada 2 madres adolescentes no
contaba con información.

En relación al entorno social de las madres, se analizó la incidencia del embarazo adolescente dentro de su grupo familiar (madre y hermana/s) y entrono de amigos, el 53% de las mujeres declararon que su propia madre también fue mamá durante la adolescencia. El 90% de las encuestadas afirmó tener -al menos- una amiga o hermana que fue madre antes de los 18 años.

Allí viven 45 familias y menos de 140 habitantes
Allí viven 45 familias y menos de 140 habitantes

"El año pasado acompañamos a casi 800 embarazadas. Eran analfabetas en su mayoría o no habían terminado la primaria. Y algunas con retraso madurativo. Pero sí vemos que el porcentaje más grande es de adolescentes. Trabajamos mucho en el tema de la anticoncepción. Los talleres de salud son muy importantes. Nosotros vemos que la mujer es acompañada en el embarazo llega a los nueve meses con otro con recurso. En este lugar no cuentan con toda la información y llegan a nosotros embarazadas de 8 meses sin un control", relató Caren Plencovich, coordinadora de Haciendo Camino.

Infobae recolectó cinco testimonios de mujeres que estuvieron embarazadas o fueron madres durante la adolescencia. A todas, además de unirlas la provincia en la que viven y las condiciones sociales con las que lidian, las unen un deseo en común: que a sus hijos e hijas no les vuelva a pasar lo mismo.

Magalí Mendoza
Los Tigres.
18 años. Fue madre a los 17. 

"Primero no lo aceptaba, después sí. Mi mamá se puso mal. Terminé cuarto año y me faltó el último. Tuve que dejar el colegio. El año que viene, si puedo, terminaré quinto año".

Magalí Mendoza
Magalí Mendoza

El embarazo de Magalí la distanció con su madre. "Me dijo que la había decepcionado. Ella me decía que me cuidara, pero a por ser rebelde me pasó eso. Ahora me doy cuenta de todo lo que pasé. A mi hermanita de 15 le cuento lo que me pasó a mí. No me gustaría que viviera que lo mismo".

En los 10 minutos que duró la entrevista quiso estar con su bebé en brazos. "Ahora estoy bien con él. Mi mamá me dijo que estuve mal pero que me iba a apoyar. ¿El papá? No vive conmigo. Me apoya pero no estamos juntos", contó. También que perdió a sus amigas y que si no hubiese sido por su madre, "no sé que habría pasado".

Yamila Gómez
Urutaú.
21 años. Fue madre a los 16.

Yamila señala una pequeña construcción detrás de una casita de ladrillos. En la puerta cuelga una toalla. Gonzalo, de 4, y Nayra, de dos meses, permanecen junto a ella. Quedó embarazada de un hombre 20 años mayor que ella. "Una relación consentida", aclaró, de la cual su padre nunca estuvo de acuerdo y a la que su madre debió apoyar.

Yamila Gómez
Yamila Gómez

"Tuve que dejar el colegio en tercer año. No quería dejar, pero tuve que hacerlo. Tenía que cuidar a mi hijo. Cuando quedé embarazada estaba 'juntada' y ahí quedé embarazada de él. Cuando Gonzalo tenía un año y medio nos separamos. Me fui por muchas situaciones de pareja. Nos peleábamos mucho. Mi mamá estaba tranquila pero mi papá no quería que saliera con un hombre que me llevaba 20 años", recordó.

"No me gustaría que mi hija fuese mamá durante la adolescencia. Que no pase lo que yo he pasado. Que estudie, que termine la secundaria. Estoy orgullosa de mi hijo, pero mi deseo era terminar el colegio. Y no pude. Cuando te quedás embarazada tenés que cambiar. Me gustaría volver el tiempo atrás y hacer las cosas diferente. Se fueron mis amigos. Cambió todo", dijo a Infobae.

Ramona Ruiz
Monte Quemado.
18 años. Quedó embarazada a los 17 y lleva 7 meses de gestación.

"Recibí la noticia asustada porque no sabía cómo iba a reaccionar mi mamá. Pero reaccionó bien, me acompañó en los controles. Está chocha porque es el segundo nieto varón. El papá me dijo que se iba a hacer cargo del bebé, pero nada más. Viene a verme, deja algunas cosas y se va", explicó Ramona.

Ramona Ruiz
Ramona Ruiz

En su casa de Monte Quemado viven sus padres, su tío y dos de sus seis hermanas. "Las otras cuatro también son madres y todas tienen un hijo. Cuando quedé embarazada no sabía qué hacer. Me enteré a los tres meses. En mi casa nadie sabía, se enteraron a los cinco", reveló.

"Me faltó mucha información, mi mamá nos enseñaba y vi cómo criaron a mis sobrinos pero faltó información. En cuanto al futuro se que ya no voy a poder salir. Las juntadas con amigas voy a poder, pero llevándolo a él", sostuvo Ramona.

Y completó: "Lo tomé bien porque es mi responsabilidad. Es mi hijo. Aquí en Monte Quemado hay muchísimas chicas embarazadas. Y falta mucha información. Cómo cuidarse, qué tomar. Muchas chicas no saben. No tienen ese apoyo, no tienen la posibilidad de ir al médico. Y uno no puede decir 'voy a un hospital', porque no hay".

Marisa Ramona Morales
Monte Quemado.
42 años. Madre de siete hijas. Su primer embarazo fue a los 14.

Marisa cebaba mates mientras escuchaba a su hija con atención. En el fondo estaba su marido, quien bajó del monte para descansar algunos días y regresar al trabajo. Eran las 8 de la mañana y, sonriente, contemplaba la panza de su hija.

Ramona junto a su madre, Marisa Morales
Ramona junto a su madre, Marisa Morales

"Estoy feliz por todo lo que tengo de mis hijos y mis nietitos", indicó la mujer, quien confesó haber sido madre a los 14 años. "Yo soy la mayor de mis hermanos. Crié a todos ellos y fui mamá los 14. La última hija la tuve a los 31. Mis hijas siguen estudiando, para mí eso es lo más importante, lo que trato de inculcarles. La mayor se va a recibir de maestra de grado. Todas con sacrificio. Respecto a Ramona, bueno, ella está soltera. Pero tiene que salir adelante", manifestó.

Fátima Frías
Urutaú
24 años. Fue madre a los 15.

Fátima tiene tres hijas. Soledad de 9, Celeste de 7 y Verónica de 10 meses. Todas son hijas de padres diferentes. "Cuando quedé embarazada a los 14 me sorprendí, pero tuve que enfrentarlo. Después tuve que tomar decisiones, ver cómo criarlas y sacarlas adelante. Yo estudiaba cuando quedé embarazada y dejaba a Soledad con mi mamá. No tenía pareja. Él padre no quería saber nada conmigo", señaló.

Fátima Frías junto a sus tres hijas
Fátima Frías junto a sus tres hijas

"Cuando nació ella dejé muchas cosas. Dejé de jugar. No sabía cómo cuidarme. Nadie me ha enseñado. No sabía de los anticonceptivos. No sabía. Y muchas amigas pasaron por la misma situación, que no sabían y nadie les enseñaba", contó Fátima, quien aseguró que hubiese necesitado que su adolescencia haya sido transitada de otra forma. Por otros caminos.

—¿Sufriste?

—Sí —responde entre lágrimas.

—¿En qué situaciones?

—No me quiero acordar de lo de antes.

—¿Y ahora cómo estás?

—Gracias a Dios estoy bien.

—¿Pensás en que a tus hijas no les suceda lo mismo?

—Sí. Yo quisiera que no les pasara lo mismo. Poder hablarles y enseñarles lo que a mí no me han enseñado.

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